sábado, marzo 21, 2015

a cara perro


domingo, marzo 15, 2015

comentario de texto (14)


Y vamos con otra reflexión más sobre el repertorio de Los Borregos, en esta ocasión sobre la letra de la cuarteta inédita del cuarto personaje de la granja (tras el perro-policía, el pastor-político o el matarife-banquero) que no desfiló por el escenario durante el popurrí, en esta ocasión, en torno a la figura del veterinario-sacerdote, que decía lo siguiente:

Arrodillarse, por dios,
que viene el veterinario
con su matelín llenito
de cruces y escapularios.
Antibióticos del alma,
hormonas de crecimiento ,
y un clembuterol muy antiguo
que sabemos que es un cuento.
Él regula nuestros miedos,
Él engorda nuestra fe
y nos seda y nos vacuna
pa que obedezcamos bien.
Él nos inyecta el sedante
de otro prado celestial
cuando el camión de la muerte
nos lleva a sacrificar.
¿Tú qué sabes de nosotros,
tu qué sabes de lo nuestro?
¡Si en la vida que vivimos
no hacen falta sacramentos!
Déjame de medicinas
que mi corazón no es tierno,
porque yo ya he conocido, maldito,
¡el infierno!

Pero me gustaría que este texto nos sirva hoy, sobre todo, para plantear una reflexión sobre el compromiso social en las letras de carnaval. Bien saben ustedes que servidor gusta de las letras con contenido crítico y que afronten las cuestiones políticas y sociales que nos rodean, y ese ha sido siempre un punto innegociable para mí como autor. Es cierto que, hoy por hoy, una posición "neutral" es imposible de sostener, en el arte (incluido el carnaval) y en la vida. La no-acción (o la no-crítica) es una forma perfecta de contribuición al sostenimiento y perpetuación del orden injusto de las cosas tanto como la acción (o la crítica) lo es para la posibilidad de transformación. No tomar partido es ya una manera de tomar partido, aunque sea por que nada cambie. Así que no es posible, aunque se desee, una postura "blanca" o "inmune" a lo social. Nadie puede pasar con impunidad o neutralidad por un foro con tanta repercursión (especialmente entre la gente joven) como es el escenario del Teatro Falla y no querer decir nada (por los motivos que sean, desde el narcisismo ególatra hasta el miedo a perder puntos o a jugártela).
A mí como aficionado no me interesan mucho (o nada) los "repertorios blancos", y me suelen aburrir y desencantar, aunque a veces, lo que viene a ser casi peor, se disfracen con pseudo-crítica, que a mí esos trucos ya no me los cuelan (como ha ocurrido con algunos repertorios, por ejemplo, este año y además con un exagerado éxito de público y crítica). La responsabilidad cívica de un autor de carnaval (y máxime de una agrupación que sea seguida masivamente) escapa a su propia voluntad de neutralidad, imparcialidad o abstención. Y todo eso lo explico por no invocar directamente a la larguísima tradición contestataria que las coplas de carnaval gaditano y la propia fiesta por esencia antropológica, es decir, por su origen, sentido y vocación subversiva.
Sin embargo, he observado con preocupación a una buena parte de la afición que sólo valora y celebra una copla en la medida en que exclusivamente se compromete, realiza críticas descarnadas o plantea conflictos sociales o políticos, desechando todas las otras letras que se salgan de esa dimensión crítica, ideológica o cuestionadora. Y me temo que eso, sinceramente, es otro gran error. La finalidad principal de una copla de carnaval no es la política, sino la estética. Es cierto que algunos repertorios son tan inofensivos, tan correctitos y tan blanquitos que rayan lo vacuo, lo ridículo o, lo que es peor, lo obsceno... pero hacer que el discurso político sea la exclusiva columna vertebral de un repertorio produce a menudo un efecto desnaturalizador de las coplas que acaba siendo refractado de forma intuitiva por el público. Como siempre, en el justo equilibrio está la clave de todo.
Hablaba de esto precisamente el otro día con un gran amigo y compañero carnavalero, Miguel Brun, en torno al repertorio de nuestra chirigota ilegal, "La escopeta nacional", que como ustedes saben (o no), se caracteriza por un fuerte componente critico y satírico. Hay una linea peligrosa y resbaladiza, que, pensábamos, la chirigota equilibraba bien, separando lo crítico de lo panfletario y la copla con contenido social, del discurso puramente político. Y traspasar esa línea es siempre un paso peligroso. Ocurre en carnaval y ocurre con el arte en general. He leído estos días a Victor Lenore en su libro "Crónica de una dominación cultural (indies, hipster y gafapastas)" la siguiente cita:

"Cuando se escriben canciones, películas o novelas como instrumento político, suelen salir panfletos infumables que no son buenos ni para el arte ni para la política".

Me pregunto hoy sinceramente cuántos centímetros de más con respecto a esa línea roja ha cruzado (o no) el repertorio de Los Borregos. Y, por supuesto, hay que decirlo claro y alto: larga vida a las coplas con contenido, con crítica y con compromiso... pero larga vida también a la alegría, al costumbrismo, a la emoción o, por supuesto, al piropo. La aleación equilibrada entre todos esos factores es, lo sabemos, la que marca la solidez y la riqueza de un buen repertorio. Centrar el valor de este arte exclusivamente en el factor político, por defecto o por exceso, no es una fórmula ni justa ni eficaz.
Es algo que los autores de carnaval nunca deberíamos olvidar. No, al menos, yo.

jueves, marzo 05, 2015

comentario de texto (13)


Esta letra que ahora les comparto creo que es una estupenda alegoría de todo el recorrido que ha vivido la comparsa este año desde que comenzó a construirse. Se trata de un pasodoble en cuya escritura y planteamiento trabajé mucho: quería hablar sobre las escalofriante cifras de la desnutrición infantil en nuestro país, tema que no deja de disparar alarmas en las noticias de actualidad pero del que, creo, se habla poco. Sí, vale, es un tema un pelín melodramático, pero precisamente por eso quise hacerlo, tratando de alternar con elegancia y equilibrio la crítica, la poesía, la cotidianidad y la denuncia. No era fácil, pero al acabarlo me encontraba yo francamente satisfecho. Para más inri, cuando lo presenté al grupo, gustó muchísimo. Y la cosa no quedó ahí, sino que la gente que nos visitaba a los ensayos, al oírlo, lo celebraba y se emocionaba de una manera realmente sincera. Parecía, pues, una carta de competición indudable y una aportación literaria interesante en el repertorio.
Finalmente, ese pasodoble, no sé por qué, a un par de semanas de arrancar el concurso comenzó a hacerse pesado, a cantarse con desgana, a vaciarse de nervio... y al final ni llegó a barajarse para cantarse en el teatro. Yo veía este extraño giro con asombro y misterio, y no lograba saber qué demonios le había pasado a una letra tan prometedora para torcerse tanto y, ni de lejos, podía imaginar que eso, precisamente, era lo que iba a acabar ocurriéndole a toda la comparsa completa: pasar del entusiasmo previo al concurso a la apuesta fallida que ha resultado ser al final.
Y es que ninguno de nosotros podía aventurarse a imaginar que "Los borregos" iba a gustar a tan poca gente como ha gustado. Ha sido el año que más se ha trabajado todo, más se ha pensado y repensado cada detalle, incluso la fracasada apuesta por un disfraz naif y satírico, lejos del chaqueteo de 3/4 y hombreras masculinoides en las que se anda moviendo el canon de la modalidad, nos parecía que iba a ser bien entendido y recibido. Y del repertorio, ¿qué deciros? Estábamos super-seguros con propuesta y su aparente redondez: la presentación pegadiza, rítmica y con contenido, los pasodobles (de los que estamos hablando con más profundidad en estos comentarios) pretendidamente originales, con muchas vitaminas y diciendo cosas importantes, unos cuplés joviales con algún puntito canalla, el popurrí ágil, llamativo, sorprendente y lleno de desenfado, dinamismo y crítica, en fin... que creíamos ingenuamente que nos salíamos del pellejo, jajajaja... y, para más inri, las críticas de quienes pasaban por los ensayos (que en las semanas previas fueron muchos los que diariamente pasaban a oírnos las coplas) eran unánimes: teníamos entre manos una comparsa grande y, además, distinta. Hoy recordar aquella intensa ilusión previa al estreno me hace tener sensaciones encontradas. Por un lado me da un poquito de ridícula vergüenza, por otro me da una visión honda y serena sobre todo lo que ha pasado.
Porque la realidad que nos esperaba a la vuelta de la esquina era muy distinta a lo que soñábamos, pues igual que pasó con el pasodoble que hoy nos ocupa, así ocurrió con todo, y la historia la conocen bien ustedes: la comparsa se hundió en el primer pase, derrotada por K.O. en el primer asalto y, aunque logró arrastrar su cuerpo maltrecho hasta semifinal, la realidad era innegable: "Los Borregos", como proyecto ambicioso, como broche final a la trilogía que cerrábamos, había fracasado sin paliativos. Esa primera noche tardé unas horas en poder (o querer) verlo, pero lo vi: la cruda verdad estaba ahí, innegable, y la comparsa no gustaba. El resultado de tanto trabajo no funcionaba. La formula era errónea. Nos habíamos equivocado.
A pesar de los errores, confieso que el trabajo bien hecho, la ilusión y el aprendizaje durante estos meses de entrega le hacen a uno sentirse ciertamente satisfecho aún con lo que se ha propuesto, es verdad, aunque hubo que aceptar el resultado del juego sin reprochar nada a nadie. Y así se hizo. Quien no entienda esto es que no sabe jugar. A veces se mete el penalti y a veces se falla. Tomarlo con deportividad fue la primera reacción. Al menos, por mi parte.
Por eso hoy me resulta tan triste como enternecedor compartir con vuestras mercedes esta letra, tan amada primero como despreciada después, sobre un niño que camina hacia el colegio mirando hacia el suelo. Ese niño, quizás, amigos y amigas, este año hemos sido todos.

El niño-nube, el niño-aire,
el niño-viento, el niño-hambre.
El niño-sombra camina al colegio mirando al suelo
con su barriguita fría y sus ojos de cordero.
Niños que no desayunan
más que el tetra brik del beso más sencillo
de una madre que está haciendo 

hasta malabares para un bocadillo.
Un niño que en su mochila arrastra la desgracia
de todas las miserias negras de su casa.
Niño-alambre, niño-viento, que a diario veo
recorriendo el patio de cualquier recreo.
Mira a tu alrededor y no mires para otro lado,
que hay niños que comen frío
si está en el colegio el comedor cerrado.
Y no es el tercer mundo, porque es en nuestro país
y a quien no quiera verlo, que lo parta un rayo.
Es el pequeño horror, y es la escasez, y es el dolor
del hambre y la desnutrición
que crece y crece por nuestras ciudades.
Mira a ese niño que se acuesta sin cenar...
¡y dime qué está pasando!
Pequeño niño-hambre ¿quién te está matando?
Gobierno miserable ¿ a qué coño estáis jugando?




Y UN AVISO PARA NAVEGANTES: Con respecto a la reciente noticia de la brusca "disolución" de la comparsa, tengo que decir, para evitar ya más comentarios incordiosos, que servidor fue informado pero no consultado en la toma de esa drástica decisión y que no soy responsable ni del fondo ni, menos aún, de la forma, ni,  por supuestísimo, de su sensacionalista difusión por los medios de comunicación (creo que estos son asuntos internos de familia que nunca han debido trascender por respeto a todos los implicados).
Así que, por favor, ruego a vuestras mercedes que a partir de este momento se abstengan de preguntarme nada más, comentarme más chismorreos absurdos o hacerme más injustos reproches. Fin de la cita.

martes, marzo 03, 2015

lo que el amor era

"Le amo en los precipicios, sobre los precipicios y debajo de ellos. Él ha hecho del amor lo que el amor ya era antes de que los bárbaros le robaran el nombre".

Isabel García Mellado