lunes, septiembre 29, 2014

los restos de la suma


lunes, septiembre 22, 2014

relectura

sábado, septiembre 20, 2014

exacto, belleza


sábado, septiembre 13, 2014

400.000


miércoles, septiembre 10, 2014

comentario de texto (5)


Si no existiera el dinero es hoy por hoy quizás la comparsa más especial para mí de todas cuantas he escrito, pues me supuso el aprendizaje más fértil a la vez que el experimento más libre. Cierto es que como repertorio competitivo era claramente deficitario, ingenuo y hasta pretencioso, pero como aventura literaria (y política) ha sido, y lo sigo pensando a pesar del tiempo transcurrido, la comparsa en la que más me reconozco a mí mismo.
Tratar de reunir en un puñado de coplas de carnaval un alegato contra la llamada sociedad del bienestar y el capitalismo ultra-consumista supuso para mí un fascinante reto, toda vez que en el año anterior habíamos tratado de hacer un repertorio de hondo lirismo gaditano y narcisista que, sorprendentemente, pareció no interesar demasiado al respetable (y en esto nos detendremos cuando hablemos de Los Ruinas). Así que con Si no existiera el dinero no era yo muy proclive a muchas concesiones: tenía ganas de escribir una comparsa que dijera cosas que no estuvieran demasiado dichas. Y que salga el sol por donde quiera salir. Y así fue.
El nombre de la comparsa, de todas formas, no era este, sino El dueño del mundo, aunque yo siempre fui partidario desde el principio de llamarla simplemente Dinero, en línea con los cómics de Miguel Brieva o la poesía de Pablo García Casado, que en aquel tiempo rondaba mi mesita de noche. El grupo se negó a un nombre tan escueto y se optó entonces por El dueño del mundo. Finalmente, el sagaz servicio de archivística del Patronato nos echó para atrás el nombre al inscribirnos porque casi coincidía con otra agrupación más antigua y de un día para otro hubo que improvisar un nombre nuevo. Decidimos llamarla con el verso que abría la presentación y fue así  como quedó el desconcertante nombre final de Si no existiera el dinero que, la vedad, quedó un poco friki.
Repetíamos el grupo casi de Los Ruinas, con la incorporación de gente estupenda: Juanma Gámez y Javi Canario (dos gargantas prilegiadas), que completaban las voces altas, además del gran Guille de Puerto Real a la segunda. No recuerdo bien qué ocurrió, pero recuerdo que a pocas semanas del estreno tuvimos que incorporar con urgencia a otro guitarra y así fue como el gran Juanlu Sambruno, quizás la púa más poderosa de Cádiz, se hizo cargo de los brillantes punteos.
La comparsa, como ya venía siendo habitual, tuvo una actuación excelente en el pase de preliminares y, aunque aún guardaba lo mejor de su repertorio para las fases siguientes, fue perdiendo interés por parte del público y, ya en semifinales, evidenció lo que en cierto modo yo ya veía venir: nos había salido una comparsa demasiado a contra-corriente que no iba para nada con las modas y el tipo de letras y temáticas que en esos años arrasaban en la modalidad (fue el año del triunfo de Los Santos o de Medio siglo y, no olvidemos, el del injusto "fracaso" de una contundente comparsa como El G15).
El trabajo musical de Nene fue, como de costumbre, exquisito y ambos tuvimos algunos momentos de intensa conjunción creativa que aún recuerdo con fruición (escuchen con atención este popurrí y díganme) aunque sigo pensando (como entonces repetí a Nene y a Lali) que esta comparsa hubiera necesitado un pasodoble con más nervio y menos dulzura. Aun así, el grupo sonó de categoría y trabajó duro en el montaje del repertorio. Hoko y Berenguer también hicieron un estupendo trabajo en lo escénico, desarrollando con atractiva estética (y no era sencillo) la compleja metáfora que trataba de proponer el repertorio. Aún conservo con cariño aquel disfraz en el ropero.
Las cartas durante el concurso no las jugamos ni bien ni mal, porque, aunque se quedaron en el tintero algunos pasodobles interesantes, creo que el resultado no hubiera sido muy diferente si hubiéramos llevado al Falla letras como, por ejemplo, éstas que no sonaron en el teatro y que ahora les comparto.
Este primer pasodoble, muy en línea con los planteamientos del repertorio, era una nota de alerta y de indignación al comprobar cómo la pasión hacia el futbol hacía (y hace) que los héroes de la ciudadanía (y lo que es más preocupante, de la juventud y hasta de la infancia) sean los futbolistas de élite y los valores que, directa o indirectamente, esas figuras encarnan. Decía así:


Cuidado con tanta afición.
Cuidado con tanta pasión
por los colores de tu equipo
que es el negocio del balón
un ajedrez manipulado por los ricos.
Liga de estrellas en tu hogar,
televisiones encendidas bajo pago,
que si derechos, si fichajes, si contratos
los galácticos, las élites, la mierda
de un negocio sin moral.
Y es que esos ídolos tan multitudinarios
hoy defienden tus colores
sólo por los talonarios
¡Tú cobra y vete!
¡Porque hasta el césped es del color de los billetes!
Ese gran futbolista al que le rindes honores
sabe más bien poquito
de colores o equipos,
sólo sabe de millones.
Ni clubes ni aficiones valen para él
más que las luminarias
de sus cuentas bancarias
¡Es sólo un cabrón millonario!
¡No es un artista ni un héroe!
¡Tan sólo es un mercenario!

 Aquí pueden ustedes oírla:




Igualmente quedó fuera este otro pasodoble, que trataba de plantear una denuncia directa a los indecentes modos de ciertos promotores de vivienda (o quizás de uno concreto) que entonces hacían el agosto especulando con el casco antiguo de esta ciudad. Esta letra ni se llegó a aprender y no está ni en el cd, por ciertos motivos internos que prefiero no recordar, jejeje.


En un despacho frente al mar
con un enorme ventanal
el hombre se siente seguro,
en un despacho frente al mar,
donde se cierran los negocios más oscuros.
El corazón de esta ciudad,
el casco antiguo y sus casitas en un plano:
Ésta la compro, ésta la arreglo, ésta la cambio.
Una finca, una vivienda, un palacete,
unos bloques y un solar.
Y en esta casa viven unos viejecitos,
Don Enrique: no es problema:
yo de en medio me los quito
¡Cago en la leche!
Si no yo busco a algún gorila que los eche.
¿Qué será de esos viejos?
De eso yo ya no respondo:
Llevo mucho aguantando
que me estén estorbando
este negocio redondo.
Yo soy un empresario, no una ONG
Y aquí dice el poeta
que se acaba esta letra.
¡Dinero, maldito dinero!
En un despacho hay un hombre
que ojalá vaya al infierno.

Y para finalizar, a modo de coda, esta otra letra que no se cantó en el teatro pero sí quedó registrada en el cd.




empezando de cero todos los días


martes, septiembre 09, 2014

democratic beauty

Bella democracia, siempre jugando a elegir entre papá o mamá..