viernes, agosto 08, 2014

comentario de texto (4)

Del carnaval de 2011 conservo los recuerdos más confusos de toda nuestra trayectoria. Emociones intensas y, a la vez, tristonas siento aún al recordar una comparsa malhadada, errada y fracasada en su desenlace. Estoy hablando, claro, de Los pobres diablos.
La idea de partida era muy excitante: un diablo gaditano de cuernecillos y rabo, (in) feliz con su caña de pescar, su gorrilla en la cabeza, su camiseta a rayas marineras y sus gargajillos, es decir, un pobre diablo que no tenía claro si vivía en el cielo o en el infierno. Una alegoría que me parecía excitante de escribir en torno a la misteriosa (o ridícula) ambivalencia de esta ciudad: ¿Es Cádiz el sitio perfecto donde vivir o la ciudad de donde huir en cuanto se pueda? ¿Cádiz es para comérsela o para vomitarla? ¿El paraíso en la tierra o el decadente culo del mundo? ¿Cielo o infierno?
En torno a esta contradicción se basaba todo el repertorio y la idea principal sobre la que articular la comparsa. Un punto de partida que me ponía como una moto. Fue un año que se afrontó con un especial optimismo. Las cosas, sin embargo, se terminarían torciendo y no iban a ser, ni con mucho, lo esperado. No sólo en el resultado artístico, sino tambien en el personal.
La base del grupo era la misma del año anterior, aunque había algunas incorporaciones nuevas, como un jovencísimo y debutante Suso a la guitarra (que finalmente no llegó al teatro, creo recordar que por los estudios). Se incorporó el gran Añoño, que  aún sigue aquí a nuestro lado desde entonces.
Los problemas, realmente, comenzaron con una cosa no demasiado trascendente, pero que empezó a hacernos perder un equilibrio que ya no lograríamos ese año recuperar. Cuando supimos que la comparsa Los Príncipes iba también de diablos, nuestra idea principal empezó a enfollonarse en nuestras cabezas, creo que especialmente en la de Lali y en la  mía (no tanto en la de Nene, al que la coincidencia parecía preocupar mucho menos). Comenzamos a dudar de nuestro tipo de diablos y poco a poco todo se fue haciendo confuso. Cambios de ideas en el disfraz, comentarios sobre esto y lo otro, la sombra larga de Juan Carlos sobrevolando nuestros miedos... Finalmente, Hoko, el artesano, nos propuso un disfraz extraño, más genio maléfico que diablo, que aceptamos un poco a la desesperada, creo que por no darle más vueltas al incómodo asunto de la coincidencia. Además, Hoko, como diseñador, tampoco se llegó a entender del todo con el sastre, el gran Pepe Berenguer y así la idea se iba alejando cada vez más de su punto de partida. La culpa evidentemtne, no era de ellos (que hicieron su trabajo estupendamente) sino de nuestra propia confusión.
El resultado pueden ustedes verlo en youtube aquí: una propuesta confusa en el disfraz y en la escenografía (esa esquina de Cádiz mitad infernal, mitad gloriosa que no se entendía nada) que oscureció y difuminó la idea central del repertorio hasta hacerla prácticamente incomprensible para el gran público. Tampoco yo ayudé mucho con las letras que escribí, pues si se trataba de exponer una idea tan compleja, ello requería (con el tiempo uno ve esas cosas) un poco más de claridad por mi parte (especialmente en la presentación, que es donde se explicaba la idea), y sin embargo yo opté puerilmente por la dificultad en los textos y la no-concesión: y me lo tuve que comer, merecidamente, con papas.  Quisiera explicarme: no es que esté yo descontento del repertorio que escribí ese año, cuyas letras me gustan aún hoy un montón (oigan, por ejemplo, el popurrit y díganme), pero sí que todo fue en general  un torpe error mío de comunicación, de perspectiva y de astucia de concurso (el engañoso "éxito" de la comparsa en los ensayos generales tampoco nos ayudó a ver las cosas con claridad, la verdad. ¡Cuidado con los ensayos generales en ese sentido!).
Creo que, en el fondo, Nene, Lali y yo estábamos bastante despistados con respecto al papel de nuestra comparsa en el COAC, lo que nos costó ser expulsados por vez primera de semifinales (a donde no regresaríamos ya hasta Las Cigarras). Para colmo jugamos nuestras cartas con la peor estrategia posible este año en la competición. No nos las vimos venir, estuvimos bastante torpes y, en fin, ya digo: cometimos cagada tras cagada.
La música de pasodoble de Nene, sin embargo, fue impecable. Resultó para mí un lujo escribir con ella letras como esta (que no se cantó, claro, en el teatro):

 "Compro oro" dice el cartel,
y a Juana le tiemblan las manos.
"Compro oro", dice el cartel
y Juana reniega de dios.
Y temblando vuelve a pensar
en su madre y en sus palabras
en la sala del hospital
de donde ya nunca salió.
Hija, puedo tan sólo
dejarte esta herencia:
un cordón y una esclava
que tuvo tu abuela.”
Un cordón y una esclava,
la madre y sus manos
de trabajadora,
tesoro guardado en humildes alcobas
de mujeres forjadas
en la necesidad.
Y Juana ve el cartel amarillo
y cruza la puerta y le falta el aire.
Lo que compra usted no es oro,
señor joyero, lo que usted compra
es la historia de mi madre.

Y esta otra letra, que es mi favorita, y que tampoco se cantó:

  Yo corbata no sé llevar
y nunca he vestido chaqueta
pero que cierre del Moral
me ha entristecido un pelín.
Ahora en Cadi no se va a ver
un escaparate tan limpio
y el trofeo vamos a tener
que ponerlo en el Burger King.
Los chicucos peligran
por el Mercadona,
Y el Merodio está en crisis
por mor del McDonald,
Los sostenes de Amalia
por el Woman Secret
están ya temblando.
A tantos paisanos
los vemos cerrando
que parece que Cadi
está en liquidación.
¡Qué pena! Los comercios pequeños del barrio
se mueren por nuestras esquinas,
y en Cadi poquito a poco
los condenamos ¡maldita sea!
a pudrirse en la ruina.

Finalmente, la comparsa casi se desmoronó durante el carnaval. Había un extraño mal rollo entre algunos componentes y, por último, con el anuncio de Lali de que, tras estar juntos cuatro años intensos, marchaba del barco para dirigir la comparsa, precisamente, de Juan Carlos, el grupo se disolvió. Parecía en aquellos momentos el fin de mi aventura con Nene, el fin de una etapa hermosa que hasta ahí llegaba. Sin embargo, era sólo el fin de un capítulo. Detrás de Los pobres diablos, como ustedes saben, la aventura aún iba a continuar.




miércoles, agosto 06, 2014

pólvora

Polvo somos, lo sabemos
y en pólvora nos convertiremos...

martes, agosto 05, 2014

comentario de texto (3)


Un poco más en torno a la comparsa La Bicentenaria que nos quedó sin apuntar en la anterior entrega de estos comentarios. Para este año, Nene lució su siempre asombroso y flexible talento compositivo (nunca del todo reconocido en la medida en que lo merecería) con una música de pasodoble hermosísima, reposada y de una delicada línea melódica (¡qué distinta de la música que nos regalaría sólo un año después!) que estaba perfectamente adecuada al tipo que intentábamos representar.
De la misma manera, por mi parte, no tardé en comprender que la forma de escribir los pasodobles requería en los textos ciertos modos suaves,es cierto que rotundos en sus ideas y sus argumentos, pero expresados por medio de un lenguaje sencillo, simple y hasta escritos con ternura (¡qué distinto del tipo de letras que hemos traído por ejemplo este año, con Los Gallitos!). Si repasan las letras cantadas en el concurso por esta comparsa, podrán comprobar lo que les digo.
Y es que realmente, cada repertorio tiene que ser escrito de la manera en que necesita ser escrito y no de otra. Cada idea pide su propio camino y su especial estilo de componer, en la música y en los textos. A esto me refería el otro día cuando hablaba de que La Bicentenaria nos parecía hoy, visto con distancia, un repertorio coherente: cada tipo, es decir, cada concepto o, mejor, cada personaje, ha de tener su propia forma en las músicas y en las letras. Hay ciertas maneras de decir las cosas que podría decir un “gallito”, pero que chocarían cantadas en boca de una ancianita. Y, por supuesto, lo mismo al revés: sería un poco extraño oír en boca de un gallito vasilón una letra como ésta, que es una de mis favoritas del repertorio de La Bicentenaria, y que tampoco se cantó en el teatro.


Cádiz dormidita en una placenta.
Cádiz sin murallas, más que las del mar.
Este mar antiguo que es su vestimenta
cruzando la tarde
como cruza el viento en el Puente Canal.
Y un millón de olas lamiendo sus manos
y un millón de manos tocando su playa
y un millón de playas
que juegan a corro con el mismo mar.
Cádiz convoca a todos los vientos en asamblea,
Cádiz ardiendo en sus campanas de cristal
y yo la miro subidita en mi azotea
y el mar me dice: ¡Buenas tardes! ¿Cómo estás?
El sol naranja está bajando sus banderas.
Cierro los ojos y escucho el beso largo de las mareas.
Me bajo a casa, que está cayendo el relente
y hace un poco de poniente
y ya empieza a refrescar…
Y bajo dando gracias a esta vida
por dejarme que otro día
aguante esta viejecita
que vive enamoradita
de este cielo y de este mar.



Esto es algo que a menudo se descuida en algunos repertorios: la coherencia entre lo que se dice y como se dice y, sobre todo, quien lo dice. Hay tipos que permiten cierta flexibilidad, pero hay otros que, por purita coherencia, marcan en gran medida la manera en que ha de concebirse la música y, sin duda, los textos. Y, si me apuran, la escenografía, aunque de esto creo que ya hablamos el otro día.
Y como lo cortés no quita lo valiente, las viejecitas de La Bicentenaria no se cortaron un pelo a la hora de defender con contundencia el mensaje libertario que sus letras habían venido a decir y por eso, para acabar ya, les dejo aquí otro pasodoble también inédito (no recuerdo si el grupo llegó a ensayarlo) escrito al hilo de la ampliación del acuerdo que el gobierno de Zapatero firmó antes de irse con la OTAN y que reforzaba la presencia de EEUU en España en general y en nuestro suelo en particular:

Yanqui del demonio, vete de mi tierra,
levanta tus botas de mi litoral.
Garra de alimaña, garra de la guerra,
dictando la Historia con la tiranía y con la libertad.
El odio es un ciego guiando a otro ciego,
Perros de la muerte jugando con fuego,
escudo de sangre en las manos de un loco que tira a matar.
Fuera el Imperio y las estrellas de la OTAN.
Fuera las tropas de este suelo y de este mar.
Fuera el intruso que en el corazón de Rota
está incubando la crisálida del mal.
¿Quién es el necio que firmó nuestra ruina
y nos sigue encadenando con la Alianza más asesina?
¿Quien dice a Rota
que se entregue tan barato
pa que por cuatro contratos
venda así su libertad?
Yo quiero oír gritar a un pueblo entero
¡Fuera el Yanqui de mi suelo!
porque Rota no se deja
por un plato de lentejas
arrancar su dignidad.



domingo, agosto 03, 2014

comentario de texto (2)

El año anterior a Las Cigarras, nuestra comparsa se había llamado La Bicentenaria (2012). Fue un año muy especial para nosotros por muchos motivos. Primero, porque supuso el cambio de grupo que tan trascendental ha resultado finalmente para la manera de redefinir nuestra propio proyecto de comparsa. Fue, desde luego, un año de peculiar transición. Tras la marcha de la dirección de nuestro Vicente "Lali" Lázaro después de cuatro estupendos años juntos, intensos en complicidad y trabajo en equipo, nuestra comparsa pareció disolverse hasta que Nene, con sorpresa para mí, decidió a última hora formar grupo nuevo y comenzar una nueva etapa.
No andaba yo ese año con demasiadas ganas de comparsa, la verdad, pero, aunque sentía un poco de pereza por volver a empezar un proyecto nuevo, lo cierto es finalmente me animé a escribir La Bicentenaria básicamente por el hecho de que el tipo elegido representaba un ataque frontal al acontecimiento más fastuoso y a la vez venenoso que agitaba ese año la vida de la ciudad: la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812. Así que, en realidad, no me lo pensé demasiado.
Por otro lado, ese año fue especial porque es cuando se formó el grupo actual de la comparsa y su nueva etapa. Era un puñado de gente joven, entusiasta y con una energía vocal muy fresca. Perfecto para trabajar con ellos la nueva idea. Repetían del grupo anterior el incombustible Leo, el fiel David Virlán y el gran Ale Melli. Pueden ustedes imaginar las caras que pusieron los jóvenes comparsistas cuando Nene les dijo que íbamos a ir vestidos ¡de viejecitas!
La cosa es que el grupo se adaptó perfectamente y puso lo mejor de sí para llevar adelante una idea difícil que, de todas todas, sabíamos que suponía ir de manera casi insensata a contracorriente contra los gustos del momento: una comparsa absolutamente sobria, a forillo negro, con un disfraz simple y oscuro y el único atrezzo de unas mecedoras en semicírculo que querían evocar un parlamento entre humilde, femenino, libertario y popular. Porque esa era la idea principal: presentar otra manera de entender los fastos del 2012 y reivindicar al pueblo frente al parlamentarismo burgués y elitista que tanto se nos pretendía hacer celebrar.
El resultado, ya lo saben, fue una comparsa que gustó sólo a una minúscula minoría, que pasó por el concurso sin pena ni gloria, entre la incomprensión y el rechazo, y que tuvo en su contra el simplón juicio general de "¡es que es muy triste, quillo!". Nosotros, por contra, a pesar del pobre resultado de público, crítica y concurso, acabamos muy satisfechos con la comparsa: un repertorio coherente, que dijo exactamente lo que venía a decir. Y el que lo coja, pa él.
A pesar de los intentos de "dulcificar" la escena (por ejemplo, ese final del popurrí con la viejecita soplando las velas rodeada de sus nietecillos, que aún así yo nunca vi del todo claro pues yo, ya puestos, no hubiera hecho ni siquiera esa concesión) el sambenito de comparsa visualmente "tristona" dificultó en exceso la posibilidad de que la gente se parara con atención a oír un mensaje que creíamos muy necesario decir ese año.
No hay de todas formas mucho que lamentar: Nene, el grupo y yo optamos por el camino difícil, así que, tal y como se asumió el riesgo, hubo también que aceptar deportivamente el resultado en el concurso. Estas cosas son así, y así hay que asumirlas sin victimismos ni pateleos.
Como ese año por razones de dinero (¡ay, siempre el dinero!) la comparsa no grabó CD y dado que sólo cantamos en el teatro cuatro pasodobles (preliminares y cuartos) fueron muchas las letras interesantes que quedaron en el tintero, es decir, en el libreto, y que poca gente llegó a conocer. Por ello, si les parece bien, en la próxima entrega volveré a comentar esta misma comparsa por si logro despertar en alguno de ustedes las ganas de volver a oírla, esta vez sin prejuicios, para redescubrir cosas que en su momento les pasaron inadvertidas.
De momento, aquí les dejo un par de pasodobles que me parecen interesantes. Este primero sobre los modos del neofascismo que ese año mostraba (y aún muestra) el gobierno de este país.

Tengo ya dos siglos, soy bicentenaria
y por eso mismo los conozco bien.

Han estado siempre rondando mis faldas
y en la historia han hecho muchísimo daño
y poquísimo bien.
Son los que gritaban Patria y Monarquía,
Vivan las cadenas y las jerarquías,
Dios, familia y orden,
que quemen los libros, que es malo leer.
Los que lamieron los botines del Tirano,
los que besaron el anillo a Monseñor,
los de la cruz y el catecismo en las escuelas,
los del Imperio donde no se pone el sol.
Son esos mismos que hoy agitan sus banderas
¡Que se prepare el obrero!
¡Viva la Banca y la Gran Empresa!
Maldito sea el socialismo de hojalata
porque en bandeja de plata
el país les entregó.
Por eso a esta vieja no le engañan,
yo conozco bien España
y no soy ninguna idiota: 
que hoy el Águila es Gaviota 
ya ver quién me dice que no.
O este otro, donde estaba uno haciendo purito aerobic poético-popular para mantener el músculo entrenado, y que no sé si en su momento hubiera o no gustado en el COAC. Ustedes dirán...
 Hay besos que suenan como un rompeolas
y hay besos callados que apagan la luz,
besos para una niña que se duerme sola.
Hay besos resecos y hay besos mojados de espuma y champú.
Besos de pan tierno cada mañanita.
Besos que son letras que no están escritas
y hay besos que quieren dejarte en la boca sellada una cruz.
Hay besos cortos que en verdad no son ni besos.
Hay besos largos tiritando en el andén.
Besos de rabia en las alcobas del secreto
Para dos amantes que se alejan otra vez.
Hay besos tontos, sin sentido ni criterio,
y hay besos que desearían
beberse el llanto en un cementerio .
Mientras hay besos con sabor a despedidas
otros son de bienvenida
y calientan más que el sol.
Los besos, los más mágicos y sabios
telegramas de los labios…
Pues de los besos que existen,
¡Ay, canalla! tú me diste
sólo el beso del traidor.

 

sábado, agosto 02, 2014

comentario de texto (1)

Por petición de alguna gente amiga y tal y como propusimos hace unos meses, vamos a ir subiendo aquí algunas letras antiguas de nuestra comparsa en años anteriores y que, por uno u otro motivo, apetece no sólo compartir sino también comentar.
Y para empezar el pasodoble que más apetece es este de Las Cigarras (2013) y que, aunque el grupo aprendió, ensayó y hasta grabó en el CD, no llegó nunca a cantarse en el concurso por aquellas cosas de las estrategias, erróneas o acertadas, que se plantean a la hora de seleccionar y ordenar el repertorio con el que se compite en el Falla.
Desde el primer momento era yo partidario de usar esta letra como arma de competición, no tanto por su efectismo o su pegada, sino por el ejercicio literario que suponía. Y es que, en mitad de tanta épica y tanto zapatazo comparsero, a veces sienta bien un poco de lírica y de reflexión. Por eso siempre fui partidario de cantar esta letra cuando la comparsa alcanzó las semifinales, y así lo propuse con insistencia. Finalmente, la cosa no se logró consensuar en el local de ensayo y se optó por cantar el pasodoble de homenaje con el que abrimos nuestra noche de semifinales.
La letra en sí parece a primera vista un simple piropo, pero desde luego es mucho más, y plantea (o al menos intenta plantear) una peculiar reflexión sobre la posibilidad de otra manera de entender las relaciones amorosas, desde la libertad y el no sometimiendo, especialmente encarnada en la figura de la mujer que protagoniza la copla.
Pero, como suele suceder, la lectura que de ella se debió hacer para decidir finalmente su descarte creo yo que obvió todo esto y, efectivamente, se entendió en el mero "piropito". Soy de la opinión de que letras así, si me perdonan ustedes la pedantería, no sólo enriquecen y diversifican un repertorio, sino que plantean al público que las coplas de carnaval pueden (y quizás deben) ir a veces un poco mas allá de lo esperable y esperado. Ensanchar los márgees estrechos que encajonan las posibilidades literarias de la copla de carnaval es algo que los autores deberíamos, de vez en cuando, tener presente.
Aún creo que fue una lástima que no se cantara, pero lo cierto es que hay veces en las que los que hacemos carnaval (y quienes lo oyen) preferimos a menudo el choped al jamón. Nada, de todas formas, a lo que uno no esté ya más o menos acostumbrado.
La letra decía así:

Que si me quiere, que no me quiere...
la margarita esta ¿qué sabra?
porque si hablamos de las mujeres
yo sé de una que esta enamorada de la Humanidad.
Y con su pelo oscuro y sus labios guerrilleros
ella anda por el mundo 
como quien va siempre escapando de un tren,
y con su sangre roja, pero roja como el fuego,
yo le ayudo a ser hombre 
para que ella me haga un poco más mujer.
Mi dormitorio tiene siete puertas si ella llama
para bailar conmigo en los trapecios de mi cama.
Nunca soñó con ser la princesita hermosa,
que esa mujer prefiere el violeta que el rosa.
¿Me quiere o no me quiere? ¿Qué será?
¿La tengo o no la tengo? ¡Qué mas da!
¡Si a los amores libres ni el diablo los agarra!
Ella es la luna enorme de un agosto en bajamar
que, si aparece, empiezan a cantar
toditas las cigarras.


No fue pequeño el consuelo de saber que, al menos, aunque no sonó en el concurso, el grupo la lució y la defendió estupendamente en actuaciones posteriores, como en este video.

viernes, agosto 01, 2014

cualquier sitio