martes, agosto 05, 2014

comentario de texto (3)


Un poco más en torno a la comparsa La Bicentenaria que nos quedó sin apuntar en la anterior entrega de estos comentarios. Para este año, Nene lució su siempre asombroso y flexible talento compositivo (nunca del todo reconocido en la medida en que lo merecería) con una música de pasodoble hermosísima, reposada y de una delicada línea melódica (¡qué distinta de la música que nos regalaría sólo un año después!) que estaba perfectamente adecuada al tipo que intentábamos representar.
De la misma manera, por mi parte, no tardé en comprender que la forma de escribir los pasodobles requería en los textos ciertos modos suaves,es cierto que rotundos en sus ideas y sus argumentos, pero expresados por medio de un lenguaje sencillo, simple y hasta escritos con ternura (¡qué distinto del tipo de letras que hemos traído por ejemplo este año, con Los Gallitos!). Si repasan las letras cantadas en el concurso por esta comparsa, podrán comprobar lo que les digo.
Y es que realmente, cada repertorio tiene que ser escrito de la manera en que necesita ser escrito y no de otra. Cada idea pide su propio camino y su especial estilo de componer, en la música y en los textos. A esto me refería el otro día cuando hablaba de que La Bicentenaria nos parecía hoy, visto con distancia, un repertorio coherente: cada tipo, es decir, cada concepto o, mejor, cada personaje, ha de tener su propia forma en las músicas y en las letras. Hay ciertas maneras de decir las cosas que podría decir un “gallito”, pero que chocarían cantadas en boca de una ancianita. Y, por supuesto, lo mismo al revés: sería un poco extraño oír en boca de un gallito vasilón una letra como ésta, que es una de mis favoritas del repertorio de La Bicentenaria, y que tampoco se cantó en el teatro.


Cádiz dormidita en una placenta.
Cádiz sin murallas, más que las del mar.
Este mar antiguo que es su vestimenta
cruzando la tarde
como cruza el viento en el Puente Canal.
Y un millón de olas lamiendo sus manos
y un millón de manos tocando su playa
y un millón de playas
que juegan a corro con el mismo mar.
Cádiz convoca a todos los vientos en asamblea,
Cádiz ardiendo en sus campanas de cristal
y yo la miro subidita en mi azotea
y el mar me dice: ¡Buenas tardes! ¿Cómo estás?
El sol naranja está bajando sus banderas.
Cierro los ojos y escucho el beso largo de las mareas.
Me bajo a casa, que está cayendo el relente
y hace un poco de poniente
y ya empieza a refrescar…
Y bajo dando gracias a esta vida
por dejarme que otro día
aguante esta viejecita
que vive enamoradita
de este cielo y de este mar.



Esto es algo que a menudo se descuida en algunos repertorios: la coherencia entre lo que se dice y como se dice y, sobre todo, quien lo dice. Hay tipos que permiten cierta flexibilidad, pero hay otros que, por purita coherencia, marcan en gran medida la manera en que ha de concebirse la música y, sin duda, los textos. Y, si me apuran, la escenografía, aunque de esto creo que ya hablamos el otro día.
Y como lo cortés no quita lo valiente, las viejecitas de La Bicentenaria no se cortaron un pelo a la hora de defender con contundencia el mensaje libertario que sus letras habían venido a decir y por eso, para acabar ya, les dejo aquí otro pasodoble también inédito (no recuerdo si el grupo llegó a ensayarlo) escrito al hilo de la ampliación del acuerdo que el gobierno de Zapatero firmó antes de irse con la OTAN y que reforzaba la presencia de EEUU en España en general y en nuestro suelo en particular:

Yanqui del demonio, vete de mi tierra,
levanta tus botas de mi litoral.
Garra de alimaña, garra de la guerra,
dictando la Historia con la tiranía y con la libertad.
El odio es un ciego guiando a otro ciego,
Perros de la muerte jugando con fuego,
escudo de sangre en las manos de un loco que tira a matar.
Fuera el Imperio y las estrellas de la OTAN.
Fuera las tropas de este suelo y de este mar.
Fuera el intruso que en el corazón de Rota
está incubando la crisálida del mal.
¿Quién es el necio que firmó nuestra ruina
y nos sigue encadenando con la Alianza más asesina?
¿Quien dice a Rota
que se entregue tan barato
pa que por cuatro contratos
venda así su libertad?
Yo quiero oír gritar a un pueblo entero
¡Fuera el Yanqui de mi suelo!
porque Rota no se deja
por un plato de lentejas
arrancar su dignidad.



2 Comentarios:

Anonymous Jesus V dice...

Me encantan estas entradas y me han encantado ambas letras.
Gracias por compartirlas

8:34 a. m.  
Blogger garcía argüez dice...

gracias a ti, Jesús!

10:03 a. m.  

Publicar un comentario en la entrada

<< Home