domingo, agosto 03, 2014

comentario de texto (2)

El año anterior a Las Cigarras, nuestra comparsa se había llamado La Bicentenaria (2012). Fue un año muy especial para nosotros por muchos motivos. Primero, porque supuso el cambio de grupo que tan trascendental ha resultado finalmente para la manera de redefinir nuestra propio proyecto de comparsa. Fue, desde luego, un año de peculiar transición. Tras la marcha de la dirección de nuestro Vicente "Lali" Lázaro después de cuatro estupendos años juntos, intensos en complicidad y trabajo en equipo, nuestra comparsa pareció disolverse hasta que Nene, con sorpresa para mí, decidió a última hora formar grupo nuevo y comenzar una nueva etapa.
No andaba yo ese año con demasiadas ganas de comparsa, la verdad, pero, aunque sentía un poco de pereza por volver a empezar un proyecto nuevo, lo cierto es finalmente me animé a escribir La Bicentenaria básicamente por el hecho de que el tipo elegido representaba un ataque frontal al acontecimiento más fastuoso y a la vez venenoso que agitaba ese año la vida de la ciudad: la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812. Así que, en realidad, no me lo pensé demasiado.
Por otro lado, ese año fue especial porque es cuando se formó el grupo actual de la comparsa y su nueva etapa. Era un puñado de gente joven, entusiasta y con una energía vocal muy fresca. Perfecto para trabajar con ellos la nueva idea. Repetían del grupo anterior el incombustible Leo, el fiel David Virlán y el gran Ale Melli. Pueden ustedes imaginar las caras que pusieron los jóvenes comparsistas cuando Nene les dijo que íbamos a ir vestidos ¡de viejecitas!
La cosa es que el grupo se adaptó perfectamente y puso lo mejor de sí para llevar adelante una idea difícil que, de todas todas, sabíamos que suponía ir de manera casi insensata a contracorriente contra los gustos del momento: una comparsa absolutamente sobria, a forillo negro, con un disfraz simple y oscuro y el único atrezzo de unas mecedoras en semicírculo que querían evocar un parlamento entre humilde, femenino, libertario y popular. Porque esa era la idea principal: presentar otra manera de entender los fastos del 2012 y reivindicar al pueblo frente al parlamentarismo burgués y elitista que tanto se nos pretendía hacer celebrar.
El resultado, ya lo saben, fue una comparsa que gustó sólo a una minúscula minoría, que pasó por el concurso sin pena ni gloria, entre la incomprensión y el rechazo, y que tuvo en su contra el simplón juicio general de "¡es que es muy triste, quillo!". Nosotros, por contra, a pesar del pobre resultado de público, crítica y concurso, acabamos muy satisfechos con la comparsa: un repertorio coherente, que dijo exactamente lo que venía a decir. Y el que lo coja, pa él.
A pesar de los intentos de "dulcificar" la escena (por ejemplo, ese final del popurrí con la viejecita soplando las velas rodeada de sus nietecillos, que aún así yo nunca vi del todo claro pues yo, ya puestos, no hubiera hecho ni siquiera esa concesión) el sambenito de comparsa visualmente "tristona" dificultó en exceso la posibilidad de que la gente se parara con atención a oír un mensaje que creíamos muy necesario decir ese año.
No hay de todas formas mucho que lamentar: Nene, el grupo y yo optamos por el camino difícil, así que, tal y como se asumió el riesgo, hubo también que aceptar deportivamente el resultado en el concurso. Estas cosas son así, y así hay que asumirlas sin victimismos ni pateleos.
Como ese año por razones de dinero (¡ay, siempre el dinero!) la comparsa no grabó CD y dado que sólo cantamos en el teatro cuatro pasodobles (preliminares y cuartos) fueron muchas las letras interesantes que quedaron en el tintero, es decir, en el libreto, y que poca gente llegó a conocer. Por ello, si les parece bien, en la próxima entrega volveré a comentar esta misma comparsa por si logro despertar en alguno de ustedes las ganas de volver a oírla, esta vez sin prejuicios, para redescubrir cosas que en su momento les pasaron inadvertidas.
De momento, aquí les dejo un par de pasodobles que me parecen interesantes. Este primero sobre los modos del neofascismo que ese año mostraba (y aún muestra) el gobierno de este país.

Tengo ya dos siglos, soy bicentenaria
y por eso mismo los conozco bien.

Han estado siempre rondando mis faldas
y en la historia han hecho muchísimo daño
y poquísimo bien.
Son los que gritaban Patria y Monarquía,
Vivan las cadenas y las jerarquías,
Dios, familia y orden,
que quemen los libros, que es malo leer.
Los que lamieron los botines del Tirano,
los que besaron el anillo a Monseñor,
los de la cruz y el catecismo en las escuelas,
los del Imperio donde no se pone el sol.
Son esos mismos que hoy agitan sus banderas
¡Que se prepare el obrero!
¡Viva la Banca y la Gran Empresa!
Maldito sea el socialismo de hojalata
porque en bandeja de plata
el país les entregó.
Por eso a esta vieja no le engañan,
yo conozco bien España
y no soy ninguna idiota: 
que hoy el Águila es Gaviota 
ya ver quién me dice que no.
O este otro, donde estaba uno haciendo purito aerobic poético-popular para mantener el músculo entrenado, y que no sé si en su momento hubiera o no gustado en el COAC. Ustedes dirán...
 Hay besos que suenan como un rompeolas
y hay besos callados que apagan la luz,
besos para una niña que se duerme sola.
Hay besos resecos y hay besos mojados de espuma y champú.
Besos de pan tierno cada mañanita.
Besos que son letras que no están escritas
y hay besos que quieren dejarte en la boca sellada una cruz.
Hay besos cortos que en verdad no son ni besos.
Hay besos largos tiritando en el andén.
Besos de rabia en las alcobas del secreto
Para dos amantes que se alejan otra vez.
Hay besos tontos, sin sentido ni criterio,
y hay besos que desearían
beberse el llanto en un cementerio .
Mientras hay besos con sabor a despedidas
otros son de bienvenida
y calientan más que el sol.
Los besos, los más mágicos y sabios
telegramas de los labios…
Pues de los besos que existen,
¡Ay, canalla! tú me diste
sólo el beso del traidor.