miércoles, abril 24, 2013

¿qué queremos decir con todo esto?



Los habitantes de un país reducidos a las personas con derecho a voto. Las personas con derecho a voto reducidas al número real de votantes. El arco de votantes reducido a la representación parlamentaria. El parlamento reducido a la disciplina de partido. Partidos reducidos a sus élites de poder. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que de tanto usarla,  la palabra democracia ya no significa nada. Una constitución que se reformó a escondidas para blindar el pago del déficit sin debate parlamentario (no digamos ya ciudadano). Una ley electoral que, tras el procesado de las cifras, deslegitima el resultado de cualquier referéndum (miren las cifras absolutas, no el reparto de escaños). Y la gente, mientras, arrinconada contra las cuerdas por presupuestos restrictivos, abandonadas en la cuneta por tanto servicio público en desguace, abusivos incrementos en los precios básicos de la supervivencia, precariedad laboral y vital, troquelado de libertades civiles, briosas ILPs desactivadas… Por no mencionar la corrupción, la represión o el festín de las hienas.

¿Y qué queremos decir con todo esto? Pues que resulta patético que tanto demócrata de gomaespuma (en Cádiz, por no ir más lejos), desde sus tribunas, sus micrófonos o sus conversaciones, sólo hayan pronunciado el adjetivo antidemocrático para hacer referencia al penúltimo resorte de protesta desesperada que le queda a mucha gente (antes de cruzar la línea roja, que se acabará cruzando): la manifestación pacífica ante quien se considere oportuno (un banco, un ayuntamiento, un político). Título primero, Art. 21.1 de la Constitución: “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará de autorización previa."
Decía el otro día Carlos Taibo que si en 1935 se hubiese convocado un escrache ante la casa de Goebbels, no hubiesen faltado tontos del culo que llamaran “nazis” a los manifestantes.

En El Independiente, 24-04-13




jueves, abril 18, 2013

josetxo se ha ido

Se nos ha ido Josetxo Ezponda, uno de esos artistas de los 80 a los que nunca alumbraron los focos del espectáculo, esos talentos arrebatadores que, junto a otros "desconocidos" (como Macromassa, Mar otra vez, Esplendor Geométrico o Surfin Bichos), construyeron en silencio la interesante cara oculta (y  por tanto la más real) de lo que hemos convenido en llamar "La movida". La vanguardia artística no era lo que nos contaron. Era otra. Adelantado a su momento, como tantos y tantas por entonces, previendo que en aquella presunta explosion de creatividad en libertad estaba implícita la semilla negra de los oscuros 90, la del SIDA, el mercado y la falsificación. Del sueño tierno de la heroína a la dura pesadilla del jaco. De la victoria a la derrota. De la primavera a la vejez en un viaje patrocinado por RTVE. Del verde fucsia al rosa amargo. El puente quemado entre dos décadas.  Hoy se ha marchado un artista enorme.
Que la tierra te sea leve, compañero.


miércoles, abril 17, 2013

jesucristo, el robot del futuro

jueves, abril 11, 2013

semana de pasión


Observamos con curiosidad la discusión de que la Semana Santa en Cádiz “está en decadencia”. Y nos llama la atención el debate porque por lo visto el problema es el inadecuado comportamiento del público que sale a mirar las procesiones. Un público, dicen, irrespetuoso, inculto, insensible y soez que apenas logra entender la belleza, el sentido y la trascendencia de lo que mira.
Y sin embargo nos da la sensación de que todo lo que tenga que ver con lo hondamente popular (que no lo masivo, que ya es otra cosa), con lo que fluye de abajo hacia arriba, eso jamás puede ser del todo inadecuado. Más allá de la mística, la superchería o la fe, más allá de la jerarquía eclesiástica y el olor a sotana rancia, más allá de la simbología filofascista o el regodeo morboso en la truculencia y el dolor humano, más allá del oropel y su pomposa solemnidad, todo esto (como tantas otras cosas) lo mantiene vivo la pasión, pero no la pasión evangélica, sino la pasión multitudinaria, la de la plebe encendida que no sabrá del todo qué representa sacramental o litúrgicamente todo aquello (ni falta que le hace) pero lo sigue y, a su manera, lo ama. La pasión de la gente que, sin saber que en lo hondo inaugura  otra primavera, se guapea, se echa a la ciudad, abre sus sentidos y se reúne bajo la luna haciendo suyas la calle y la noche.
Ver un jueves santo el barrio de Santa María durante el día prepararse con tumulto y regocijo para la noche es, a veces, más emocionante que lo que sucederá luego al caer el sol. Ver la modesta calle Santiago rebosante de gentes de todas las edades, niños, abuelas y adolescentes, esperando, sentadas donde pueden, con bocatas y latas, murmullos de móviles, banquitos plegables, carritos de bebés, gente ruidosa que charla, come pipas, grita, se abraza y ríe a tan infrecuentes horas de la noche puede ser, definitivamente, mucho más hermoso que lo que hayan venido a ver.

En El Independiente, 10-04-13

CRUZ DE GUÍA from Antonio Cansino on Vimeo.

jueves, abril 04, 2013

Aquí las órdenes se dan solas


El desafortunado incidente policial que tuvo lugar en el Carnaval Chiquito del 2013, Cádiz Capital Iberoamericana del Carnaval, y el fuego cruzado de declaraciones que desde entonces hemos observado, tuvo su penúltimo espasmo durante el pasado pleno municipal. En mitad de la liturgia semidemocrática que reparte el turno de palabra, pudimos oír al portavoz de la Plataforma “Por un Carnaval Libre” (respaldada, recordemos, por más de ochenta agrupaciones y centenares de aficionados) solicitando el esclareciendo de tan oscuro episodio. Sin embargo, lo más llamativo fueron las declaraciones de las dos partes directamente responsables de lo acaecido, es decir, ayuntamiento y policía. Y ni una ni otra aportaron con su quincallería retórica ni un solo gramo de luz sobre los hechos.

Por un lado, el portavoz de la policía local, con pretendida rotundidad pero titubeante atragantamiento, echó balones fuera dando un tinte exclusivamente político al asunto y victimizó cerrilmente a un cuerpo que dice sentirse como un mero ariete contra el gobierno municipal. Por otro, la señora burgomaestra, con más vehemencia que astucia, echó balones fuera al referirse en todo momento a los hechos como una simple cuestión de orden público. En definitiva: según el ayuntamiento es un asunto policial y según la policía es un asunto político. Y lo que estaría bien es saber ya de una vez si fue lo uno o fue lo otro, y si la orden de desalojar la calle con los toscos métodos empleados fue emitida por los unos o por los otros. Porque aquí, por lo visto, las órdenes se dan sola. 
De momento, lo único claro es que hay dos personas que se enfrentan a la desorbitada condena de un año de cárcel y que este conflicto va a dar aún mucho ruido. Alguien no calculó  las consecuencias de aquella inaudita noche de represión. A alguien (y no precisamente a la gente del Carnaval) todo esto se le ha ido de las manos.

En El Independiente, 03-04-13