miércoles, mayo 22, 2013

no fue un sueño



No fue un sueño aunque a veces la memoria nos traicione al recordarlo. No fue una explosión de panfilismo, aunque a veces pareciéramos peques mirando con ojos nuevos el mundo y sus conflictos. No fue una revolución y, desde luego, no fue un montaje del PSOE ni del PP.
Ahora que se cumplieron dos años del mal llamado 15M (quienes lo vivieron de cerca saben bien que todo comenzó un 17 de mayo, lo del 15 era otra cosa) se ha escrito mucho, pero casi siempre a ciegas. Es curioso que quienes más han hablado del llamado 15M sean, precisamente, quienes menos comprendieron nada. No caeremos, pues, en esa obviedad aquí ni usted ni yo.
Pero dejemos que, al pensar en Cádiz, fluyan recuerdos y emociones: Plaza del Palillero, hervidero ciudadano de asambleas enormes, la gente rumiando su corazón insurgente, grupos de trabajo que se sucedían incansables, el paseo solidario atravesando multitudinariamente Santa María, un palmo de narices a la Junta Electoral, los talleres incontables, la desobediencia sin banderas, las largas asambleas vivas donde tanta gente joven aprendió tantas cosas, caceroladas en el pleno constituyente, la pérdida del miedo, la pérdida, después, de la inocencia. Y luego, tras levantar al fin la ya enrarecida acampada, las Asambleas de Barrio, el Grupo de Vivienda, la luz libérrima y enorme de Valcárcel Recuperado (de aquello sí que habló gente estúpida sin enterarse ni de lejos lo que allí estaba ocurriendo), sentadas ante los desahucios, y más tarde aún, los grupos de afinidad, las mareas de colores, la Red de Economía Vecinal, la aventura de La Levantera, la oficina de okupación, el huerto comunal, el CSOA La Higuera, la recuperación simbólica de los plenos, la militancia de quien decidió comenzar a militar… 
Sí. Hay gente que sí que sabe lo que ocurrió. Sabemos cuáles fueron (y aún son) las luchas, los errores y las victorias. Sabemos. Construimos. Sentimos. No olvidamos.
En El Independiente, 22-05-13

1 Comentarios:

Blogger Rafael Arauz González dice...

¡Gracias Miguel Ángel! por devolverme imágenes y momentos que dudo pueda olvidar algún día. Fueron tantos, y tantas las ilusiones. Nosotros, Pili, mi hijo y yo, los vivimos a caballo entre el entusiasmo y la angustia. En casa teníamos una desazón que nos punzaba, la cual tú bien conoces. Y entre ellos y ellas, los momentos y las ilusiones, retumba en mi mente esa tarde en la que por primera vez, después de más de diez años de clausura y ruina, me reencontré en el patio de Valcárcel con toda mi infancia y mis primeros años de adolescencia y la emoción rebosó desaguando con ella dolores y rabias.

10:54 a. m.  

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