martes, noviembre 08, 2011

tengo la regla y cientos de peces nadan a mi alrededor


Todo está inundado. Estoy dentro de un palacio enorme, agarrada a una tabla. Todo está inundado. Las escaleras de mármol se hunden como si condujesen a una oculta galería submarina. Floto sobre el agua. No tengo miedo, pero no puedo hacer nada. Sólo floto a merced de la marea, agarrada a esto que por momentos es un tronco y por momentos el trozo de algún mueble. Extrañas corrientes me mueven por aquellos enormes salones. Atravieso las puertas abiertas y una sala conduce a otra sala. En la pared, seres extraños me saludan desde los cuadros. Debieron de ser duques y marquesas. Dentro de sus ojos muertos se mueven unos ojos vivos. Los techos están llenos de pinturas extrañas y de suaves colores. Se oye un ruido de gotas que caen, pero no las veo. Creo que estoy buscando de dónde sale toda esta agua. Por una claraboya que hay en el centro de una cúpula que corona el salón, se asoma un policía o un bombero o un militar, no llego a verlo con claridad, y me pregunta desde ahí arriba si he cerrado ya el grifo. Pero yo, alzando la cabeza, le respondo que no sé de qué grifo me habla y que aquí no se ve nada. Le digo que sí que se oye un sonido de gotas, y entonces el cura, porque ahora es ya claramente un cura, me dice que debo rezar porque si no nunca dejará de llover. Pero lo cierto es que no llueve. Entonces me pregunto si toda esta agua será dulce o salada y tomo un poco en la palma de mi mano y me la llevo a la boca. Es agua salada. Muy salada. Y es entonces cuando me entra el miedo. Comienzo a notar que hay peces allí y noto cómo comienzan a rozar mis muslos. Porque estoy de nuevo desnuda y empiezan a llegar peces y peces, todos a mi alrededor, como atraídos por mis piernas. Empiezo a dar manotazos en el agua para apartarlos pero cada vez hay más peces. Intento protegerme la entrepierna con la palma de la mano y es entonces cuando noto que estoy sangrando. Dios. Tengo la regla y cientos de peces nadan a mi alrededor queriendo entrar dentro de mí. Siento que el miedo empieza a vencerme y entonces yo arranco a gritar mientras palmoteo con furia inútil las aguas que parecen hervir de peces.
Entonces es cuando, entrando en el salón por la puerta principal, veo la enorme aleta negra del tiburón.

de Carne de Gato, Paréntesis, Sevilla, 2010.


Rescatamos para este post cita al azar y memoria de esta novela al hilo de la estupenda reseña que Jose Rasero ha escrito aquí. ¡Muchas gracias!



2 Comentarios:

Anonymous deefeeme dice...

qué temazo!

8:07 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

http://www.youtube.com/watch?v=N_ZUs-HNfj4

Mira este enlace.

6:55 p. m.  

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