viernes, noviembre 18, 2011

no hay objetos sino imágenes de objetos


Todo orden económico y social se proporciona a sí mismo un lugar físico ideal a través del cual expresa sus valores y sus principios. En la Grecia clásica ese espacio era la Plaza; en el medioevo cristiano era la Catedral; en el capitalismo es el Pasillo. Lo que caracteriza al Pasillo es que por él sólo se puede circular y que la circulación misma convierte todas las cosas en mercancías . En el Pasillo no hay objetos sino imágenes de objetos. Esas imágenes o mercancías tienen algunos rasgos esenciales y comunes: no duran lo bastante para que nos conciernan; pueden (deben) ser reemplazadas por otras enseguida y por lo tanto nunca perecen; no incluyen ninguna referencia exterior o íntima más allá de su pura y fugitiva comparecencia en el Pasillo.
Los objetos, al otro lado, se caracterizan por todo lo contrario: se yerguen en el espacio con la suficiente consistencia como para ser mirados o utilizados; cuentan una historia, aunque sólo sea la de su propia construcción o genealogía, y llega un momento, tras muchos remiendos y parches, en que no pueden ser ni reparados ni reemplazados: sencillamente se mueren.
Hay toda una tradición legítima de liberación sexual que pasa por la deslegitimación de los objetos o la sublevación contra ellos. Nos negamos a ser tratados como objetos cuando en realidad deberíamos reivindicar, al mismo tiempo, nuestro derecho inalienable a ser tratados como objetos valiosos y frágiles. Pues los seres humanos somos también objetos; es decir, objetos de atención y de cuidado, es decir, cuerpos.


tomado del nuevo número
de la revista feminista La Madeja,
editada por Cambalache (Oviedo)