viernes, julio 24, 2009

de eso están hechas las calles los días de lluvia

Si a Sebastián alguien le hubiese preguntado quién no quería ser, hubiese contestado sin dudarlo, Sebastián. Y sin embargo se adoraba. Como se adora todo lo que se imagina, pero no se posee. Por supuesto que en esos días particularmente oscuros en los que se encontraba inmerso, que es como decir hundido, en su desgracia, se había sorprendido más de una vez dispuesto a cambiarse por cualquiera. Y quién no ha jugado alguna vez a eso. Hasta Jesucristo deseó por un instante que su nombre sonase por delante del de Barrabás, pero quedó segundo en ese cruel concurso, y primero en la cruz.
No hay nadie, con seguridad, caminando hoy sobre la faz de la Tierra que no haya pensado, al menos una vez, que todo el mundo, cualquiera, es feliz menos él. De eso, precisamente, están hechas las calles los días de lluvia. La luz en las ventanas de las casas ajenas nos habla siempre de una felicidad que existe sólo fuera de nosotros. O para ser más exactos, con nosotros fuera. Sebastián no era en esto, ni en nada en realidad, más que un individuo vulgar, aunque bien es cierto que le hubiera encantado no serlo. ¡Yo podría haber sido Dostoievski!, gritaba el triste tío Vania de Chejov en la cima de su desesperación, y lo más triste es que, sin duda alguna, Dostoievski pensó más de una vez lo mismo.

de Ray Loriga

1 Comentarios:

Blogger Equilibrista dice...

uf, de eso, de eso están hechos los días de lluvia

genial, me ha encantado, migue

deivid

11:44 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home