viernes, mayo 15, 2009

casas encaramadas a un islote


Unos muelles. Un puerto y basta.
Quienes le han ofrecido este paseo por encima de la ciudad, ya le habían dicho al Gordo Caviedes que, aunque se vivan años aquí, sólo sobrevolándolo pueden entenderse del todo qué es esto y lo que fue siempre: un puerto y nada más, falto de otros espacios. Unos muelles del Tiempo escrito con mayúscula. Casas encaramadas a un islote, en la punta de un tómbolo metido en el Atlántico sin respaldo alguno de tierra, sujetas del todo a los dones, desmanes y sorpresas de la mar grande, a sus alzas y a sus decaimientos. Una especie de barco amurallado, con calles y con otros barcos, con vientos y mareas en la conversación diaria de sus navegantes medio anclados, y una memoria tres veces milenaria e inútil.

(...)

Tras esa mano se ensancha el brazo hipertorfiado, la ciudad torpe y nueva como dejada caer aprisa sobre el istmo, hasta el fuerte de La Cortadura. Y tanto en torno al casco viejo, al ayer bello y confiado, como al insulso hoy, el mar: el saco de la bahía por un lado y, por el otro, ya sin trabas de orilla, ese pánico de los hombres antiguos, el cambiante, falso desierto del océano, poblado de quillas y animales.

2 Comentarios:

Anonymous DFM dice...

Cadi tiene forma de Kalashnikov
yeah

12:20 a. m.  
Blogger garcía argüez dice...

jajaja, tomo nota de eso, compañero, jejeje

3:00 p. m.  

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