todo el peso de su belleza
Detuvo el coche a un lado de la carretera y salió. Encima había un cielo estrellado que parecía que de un momento a otro fuera a caer sobre el mundo con todo el peso de su belleza. Se vio a sí mismo, tumbado en el capó del coche, en ese extremo de la Via Láctea en que anidan los humanos como larvas dañinas, contemplando aquel espectáculo maravilloso.
de Miguel Ángel Maya

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