viernes, octubre 17, 2008

En el mes ocho (Sesenta días más tarde en la casa de Abdelkader)


Despacio,
debajo de la mesa has rozado mi empeine
has mirado a tu esposa.
Sonríes levemente cuando llega la novia
que luce juraría las trenzas más lustrosas
de todo Ait Chicher.

Encima de la mesa hay huevos,
dátiles y leche,
almendras de Berkani,
surtidores de agua, fruta fresca,
pan tierno y aceitunas.

Temprano esta mañana antes del baño,
de noche todavía,
he visto a dos mujeres de la casa
escoger los corderos, degollarlos.
Sólo los más pequeños -se decían-, ése no.
Los más tiernos -murmuraba una de ellas.

Y apoyada en la mesa recuerdo de repente
los charcos mientras bebo,
mis babuchas manchadas, el olor de la sangre.
Vigilo tus modales
mientras se hace el silencio y
te observo.

Atraviesan la sala muchachas con bandejas.
Llega la carne muerta y
cocinada.
Los hombres al fin callan,
mastican.
Y dejan de hablar de la guerra.

de Nieves Muriel.

Fotografía de Manu Coloma.