lunes, agosto 04, 2008

hay siempre propietarios

Detrás de los teléfonos móviles, el zumo de naranja, las vigas de hormigón de los hospitales y el té de jazmín, las costas sucia y el suelo cementado y los montes vivos todavía, los libros que se estudian en los colegios, el trabajo diario, los jóvenes en paro y los adultos en paro, los clientes de la business class y los clientes del autobús inseguro y los del club de fútbol y los de las bicicletas inmóviles y los que compran medicinas, detrás de un paisaje observado a través de las ventanas de un hotel o pisando tierra, detrás de las natillas, del calor. Del salario usado como abono, soborno o recompensa, los departamentos de las universidades, los despidos y los gritos, la docilidad y los pimientos rojos y las televisiones y los pájaros, la lámpara encendida, el sillón de orejas, los directores de recursos humanos, la composición del detergente, la depresión, el agua, las fichas del parchís, los cementerios, las latas de mejillones, los preservativos y los dientes, los animales y las gasolineras, las películas y los muertos, los créditos y la imaginación, detrás de la clase de vida por la que discurrimos hay, siempre, propietarios que calculan sus beneficios.

de Belen Gopegui en El padre de Blancanieves