martes, agosto 12, 2008

el héroe, aprovechando que está dentro de la cabina para cambiarse, llama a su madre y le dice que tiene miedo

Entonces siento miedo y decido ir a acostarme
y me siento mejor que cuando no tuve miedo
y no pude dormir en 4 semanas bisiestas y me siento
con un amigo argentino a fumar acompañado en una piedra negra
a hablar de todo lo que pasó por mi cabeza y la mesa de mi escritorio.
Blanca, una niña vasca, nos pide un mechero y consejo
y otra nos habla de unos gemelos de Perú que no hablan
y hay otro niño vasco que se ríe pero yo no sé por qué.
Le presto el mechero y lo digo todo sin decir ni nada
mi amigo argentino dice cho en vez de yo, yo digo tú,
y tú no dirás nada creo, precipitándote al futuro más cercano
imperfecto dentro de un barco que siempre sigue en su sitio
como nunca yo, como las cosas que quiero cambiar cada vez que me cambio
de móvil, de voz, de discurso, de planeta y peinado.
Como siempre yo en este autobús que pasa por chabolas, jeringuillas, prados,
centros comerciales, paradas no solicitadas, perros que ladran en arameo,
viejas que roban dentaduras, parejas que se besan por hacer algo,
paellas, sueños abandonados en cartones de frigoríficos a plazos. Sigo
en el mismo sitio.
El miedo hoy es mi mantra y pronto mi karma está deshecha.
Acuesto miedo. Hay un bonobús agotado debajo del colchón.