miércoles, diciembre 26, 2007

aquaplaning (6)

Y fue así como me sumé a los trabajos de puesta a punto del Arca con complacencia y alegría. Lo más duro ya había pasado y mi ayuda se limitó a las últimas manitas de brea y a instalar el escaso mobiliario que habría en nuestras estancias dentro de la gran panza olorosa de la nave. Abrí algunas regolas en las paredes para las destartaladas tuberías y sencillas instalaciones eléctricas para el pequeño quirófano de a bordo. Ayudé en la instalación de los desagües que habrían de llevar las inmundicias a las aguas exteriores y finalmente, coloqué una enorme veleta en la parte más alta de la embarcación que, según Noé, nos habría de servir para interpretar los vientos, no porque eso fuera a servirnos para la navegación, puesto que el Arca erraría a la deriva sin rumbo ni timón, sino para saber, al menos, de dónde nos iban a llegar los envites del temporal que, al parecer, se nos avecinaba.

Pero lo cierto es que a cada día que pasaba hacía más y más calor. Sem, Cam y Jafet a veces murmuraban, heridos en su fe, cada vez más incrédulos de que el Gran Diluvio realmente andase cerca. Las mujeres, por el contrario, estaban cada vez más entusiasmadas y deambulaban por el Arca con el júbilo de quien estrena una casa nueva donde todo está aún por decorar. Los niños, igualmente, correteaban llenando con sus risas el eco largo y deshabitado del alto techo de madera, los innumerables recovecos y rincones todavía sin explorar.

Mari Chopped era, sin duda, la más eufórica y animosa, y trajinaba con enardecimiento, cantando en voz alta, sonriendo a todo el mundo, decorando el salón con una flores de plástico, organizando arcones y alacenas y ordenando los cacharros de la cocina con un ruidoso trasiego dicharachero y optimista.