domingo, diciembre 23, 2007

aquaplaning (5)

Mari Chopped, entonces, intercedió por mí.

— Venga, padre, el muchacho ha venido desde lejos y parece que tiene mucho interés en usted. Además, no estaría mal tener a un periodista a bordo para hacer una bonita crónica de cuanto nos ocurra. Si no ¿cómo se va a escribir la Biblia? No va a haber nadie para contarlo fuera del Arca y, dentro, mire usted, padre, ninguno de nosotros sabe escribir bien. Este chico puede serle de mucha utilidad. A usted y a Yavé.
— No sé. Tendría que consultarlo.

Y entonces Noé alzó los brazos al cielo, cerró los ojos y, musitando unos fonemas extraños, pareció entrar como en trance.

— ¿Qué hace? –pregunté a Mari Chopped.
— Se está comunicando con Yavé. Por lo visto va a preguntarle sobre ti...

La voz de Noé la interrumpió. A gritos, el anciano hablaba con alguien a quien no podíamos ver. Ni oír.

— ...
— Perdona que te moleste. Pero es que tengo una duda...
— ...
— Sí, claro, lo del estudiante... siempre olvido que tú lo sabes todo...
— ...
— Pues es que tú me dijiste que metiera en el Arca a mis hijos y a las mujeres de mis hijos con los nietecillos, y luego, claro, está lo de los animales, pero no recuerdo que dijeras nada sobre un estudiante de periodismo.
— ...
— Ya. Nada ocurre sin que tú lo hayas preparado
— ...
— Bueno, pero entenderás que yo dude... así, de golpe, meter a un extraño...
— ...
— Claro, claro. Lo que tú digas.
— ...
— Pues la obras van muy bien, ya lo ves. Estamos ultimando detalles. El Arca está prácticamente lista.
— ...
— Ya sólo nos queda esperar a que mandes las lluvias... porque... va a llover ¿verdad?
— ...
— Claro, claro... perdona, es que a veces esta gente... en fin, pues, nada, eso es todo. Gracias.

Y mirándome a los ojos, me dijo Noé:

— ¿Vienes preparado para el viaje, hijo?
— Aquí en la mochila traigo algo de ropa y las cuatro cosillas necesarias...
— Pues bienvenido al Arca, muchacho.

Mari Chopped sonreía con placidez y yo, por primera vez, sentí el cosquilleo de la emoción en el estómago. Ella me dijo al oído: “No te olvides el cepillo de dientes” y yo entonces le dije a Noé:

— Lo que no traigo es un paraguas...

Y mirando aquella gigantesca nave de madera, lanzó el profeta al aire un suspiro y dijo:

— Si todo se cumple según los designios de Yavé no lo necesitarás.