miércoles, diciembre 12, 2007

aquaplaning (4)

Fue entonces cuando, sin mirarme, Noé preguntó:

— ¿Y quién es este jovencito?

Mari Chopped, sentada al lado de su marido, fue la que me presentó y explicó el motivo de mi visita: yo era estudiante de primero de periodismo y para completar unos créditos, tenía que presentar un reportaje o documental sobre un tema curioso. Habiendo recibido noticias sobre la exótica historia de una familia que miles de años antes de Cristo construyó un barco en medio del desierto, decidí profundizar en la historia. No fue difícil encontrar más datos en Internet. La inminencia de un diluvio que, presuntamente, inundó la Tierra daría al reportaje unos tintes apocalípticos que siempre quedarían bien. El hecho, además, de que la familia se considerase elegida de Yavé para sobrevivir a la gran hecatombe, resultaría, por otro lado, propicia para poblar el reportaje de personajes llenos de exotismo y vivacidad. Y, finalmente, la ausencia de otros temas de verdadero interés para mí, la verdad, no me daba muchas opciones.

— ¿Así que periodista? –me preguntó Noé con cierta reticencia.
— Sí, señor. Y aquí he venido para hacer sobre ustedes mi reportaje, si me dan permiso...

Noé me miró. Era imposible saber qué pensamientos fluían detrás de sus arrugados ojitos azules.

— ¿Crees en Dios, jovenzuelo? – me dijo.
— Pues usted verá... ni puedo creer ni puedo dejar de creer. Yo soy periodista. Mi meta es la objetividad. No debo nunca interferir en ningún asunto con mi opinión personal. Mis creencias no deben tener relevancia alguna. Por eso trato de no posicionarme con respecto a las cosas ni opinar sobre ellas. Es algo que, aunque lleve poco tiempo en la facultad, he aprendido rápido. Es la piedra angular de todo buen periodista.

Noé se mesaba las barbas sin dejar de mirarme.

— ¿Y tu reportaje se limitaría a los trabajos de construcción o quieres incluir también el Diluvio?
— Hombre, Diluvio, lo que se dice el Gran Diluvio, si lo hubiera...
— ¿Pero tú también tienes dudas?
— No, ya le he dicho que yo no puedo ni siquiera dudar. Puede que llueva, puede que no, pero yo tengo que hacer mi reportaje. Y, de todas formas, si finalmente hay Diluvio, a mí me interesaría entrar en el Arca, si usted lo tuviera a bien.

Noé miraba al cielo como planteándose qué hacer conmigo...

— No sé, no sé...


Noé cuarenta y nueve años antes de comenzar a construir el Arca
(Foto de archivo)