viernes, octubre 19, 2007

alguien voló sobre el nido de batman (7)

Efectivamente, en el salón estaban todos los viejos, callados, mirando las graciosas muecas de una presentadora rubia y dicharachera:

¡Hola, marchosos! Hoy tengo para vosotros una sorpresa chachi, superchachi. Estad muy atentos, coleguis y no perdáis detalle. Hoy vamos a pasarlo muy bien todos juntos”.


Ninguno se percató del uniforme de Batman, que entró en el salón y caminó con lentitud y seguridad delante de ellos hacia la pared del fondo. No hubo de hacer demasiado esfuerzo para abrir la ventana. El aire frío de la mañana le ventiló el corazón. Allí estaba el mundo, aquel laberinto de edificios, antenas de televisión, bombillas navideñas, coches aparcados y farolas que bostezaban en la mañana brumosa de diciembre. Entonces lanzó un último vistazo a sus amigos. Todos miraban boquiabiertos las circunvalaciones de aquel culito respingón que les daba los buenos días desde el otro lado de la pantalla. Todos embobados como niños. Spiderman, Thor, Supermán, La Cosa, Lobezno, Dan Defensor, Estela Plateada, La Antorcha Humana... Viejos amigos. Qué lejanos tiempos en que la ciudad era vuestra, en que llevabais la paz a los más oscuros suburbios de los corazones de los niños. Qué mal tratados por el tiempo, por esa fosilización implacable de los sueños, por la rueda inexorable de la lejana juventud desertora, vigorosa y helada, que se funde en las aguas cálidamente dolorosas del otoño, a dónde fue tanto vigor, tanto esforzado relincho justiciero, dónde están esos héroes poderosos que vimos por escrituras ya pasadas, con casos tristes llorosos vimos sus buenas venturas trastornadas, así que no hay cosa fuerte, que a hombres tan vengadores y esforzados, así los trata la muerte, como a los pobres pastores de ganado.
Y Batman sintió una terrible pena al verlos allí, vencidos definitivamente y humillados con sarna por el mayor de los supervillanos, la apatía de existir sin quererlo, de sobrevivir al último trayecto en el escaso maratón de la vida, de recoger las velas para siempre y sentarte a esperar la marea caprichosa de la muerte. Y allí estaban todos, mirando impasibles la televisión y babeando con patético ensimismamiento. Sin redención posible. Sin vuelta atrás. Sin salida.

4 Comentarios:

Anonymous Anónimo dice...

Jooooo, me puedo quedar con Batman??
Si no tiene a donde ir, le hago sitio en mi cama..
Otra cosa, las personas mayores son siempre heroes....cada uno de su propia historia,pero siempre lo son.Aunque no tengan capa...
besisimos

10:14 p. m.  
Blogger ana dice...

Y luego dicen que no pesan los años, que pesan los kilos....
Besines.

7:32 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

Anónimo, tengo la intuición de que nos conocemos, verdad? anda, dame una pistita... y gracias por las visitas.
ANA, los kilos PESAN, los años PASAN, jejeje
besos

10:20 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Los Heroes sí que son personas mayores y a Bunbury lo que le falta es una capa a lo Batman... no deis ideas.

Migue, se te echa de menos por chiclana. Un abrazo.

12:48 p. m.  

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