jueves, octubre 04, 2007

alguien voló sobre el nido de batman (1)

El asilo no era el lugar apropiado para Batman. Resignarse a la languidez y el aburrimiento, al lento transcurrir de las horas y los días, a aquella depresiva atmósfera de toses y quejidos ancianos, de recuerdos y temblores, pensaba Batman, era la definitiva señal de que uno estaba acabado.



Todos sus amigos estaban allí. La vida en aquella oscura residencia era aburrida y falsa como un disco de flamenco pop. Sin embargo, aquellas viejas glorias, antaño radiantes de vitalidad y poder, parecían todas al fin doblegadas con sumisión a la vejez. Thor no podía ya sostener su enorme martillo, y se consolaba con tristeza entregándose a pequeñas reparaciones y largas tardes de bricolaje inútil. Spiderman, antaño trepador incansable de edificios y cornisas, no hacía más que mirar la tele desde el sofá y sacarse mocos de su peluda nariz. Superman, como todo el mundo sabe, estaba en una silla de ruedas y a todas horas maldecía su suerte y llamaba a gritos a la Dueña. La Cosa apenas se movía aquejada de unos terribles dolores de aluminosis y Estela Plateada estaba todo el día sedado, castigado a base de tabletas de Valium, desde que la Dueña lo sorprendió encaramado sobre la tabla de planchar emulando con torpeza las viejas piruetas de aquellas inmortales gestas de surf intergaláctico. Sólo el bueno de Conan, a pesar del parkinson, trataba de aguantar el tipo mostrando ciertos arrebatos de nostalgia cimmeria y se liaba a menudo a espadazos temblorosos con las lámparas y las macetas, por lo que el Dueño, como castigo y para tenerlo quietecito, lo ató un día a la cama, embadurnó su cuerpo de miel y dejó que se lo comieran las hormigas.



La capa de Batman estaba notoriamente deteriorada. Al fondo del armario, los años y la humedad no habían mostrado clemencia alguna y la tela, descolorida y apulgarada, olía realmente mal. Así que lo primero era tratar de adecentarla. Batman sabía que lo más importante para un superhéroe era, más que su superpoder o su doble identidad, el traje de faena. Y aquella capa, en otros tiempos terror de criminales al ondear esplendorosa y siniestra con el viento nocturno de Gotham City se merecía, al fin, recuperar el lustro y grandeza de sus mejores años.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dice...

quien pudiera lavarle y plancharle la capa.....

11:16 a. m.  

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