viernes, septiembre 28, 2007

negativo de las brasas

Pisa un surco perdido en los sembrados
y atraviesa el destrozo
de las mulas mecánicas sonámbulo —ya llega:
Ha vuelto a los colchones de borra y a las sábanas
de lino del cadáver. Se enciende un cigarrillo,
comprueba no es el último
que queda en el paquete y se levanta.
Baja las escaleras de la desgracia grande,
cruza un patio hacia el alba como un claro del monte
cruza nadie, descubre los puntales de hierro
que la ruina resisten de la casa del padre
—por el suelo cascajo,
ceniza, broza, charcos;
geranios y aspidistras hubo entonces—
y sale a la penumbra de una cuadra
que apenas reconoce la pupila
piadosa de quien, dócil
y oscuro en la conjura de aquel olvido lento,
la noche aquella dicen disparó.

Ya fuera de la cuadra,
la hilera de tocones
que dicen fueron árboles frondosos
conduce a unos zarzales al borde de la alberca.
Detiene allí sus pasos la persona
y arroja la colilla
del último cigarro que le queda.

de Luis Melgarejo