lunes, abril 30, 2007

bar luis



A veces me dejo ver por el Bar Luis porque el Bar Luis es uno de los bares más auténticos del mundo. Parece a veces taberna antigua y castiza, donde se bebe el vino en vaso de tubo y otras veces parece bar de barrio de clientela fija, donde los parroquianos se arremolinan para ver el fútbol o los toros y hacen comentarios a grito pelado y se disparan unos a otros bromas retóricas envenenadas de campechana ironía. Otras veces parece tasquita de viejo madrugador que pide el primer café más mañanero del barrio y de jubilado que juega a las cartas y toma descafeinado. A medio día, parece bar de polígono industrial donde el lumpen de jornada partida acaricia su escaso tiempo libre del mediodía con el botellín frío y el paquete de tabaco arrugado en el bolsillo. Los viernes parece un club de fiesta del proletario de la construcción que, eufórico tras la paga semanal, toma el aperitivo dinamitero. Por la noche parece todo a la vez, y la tele, como un extraño objeto, es a veces el centro de atención y otras habla a gritos sin que nadie la oiga en medio del estruendo de conversaciones cruzadas. Las enormes y minúsculas conversaciones el pueblo: es más real lo que se diga de la ciudad en la barra del Bar Luis que toda la retórica de los concejales en un pleno.
Una reproducción del "El Cuarto Estado", de Giuseppe Pellizza, el más amoroso retrato del proletariado que se ha hecho jamás, preside el Bar Luis y delante de él desfilan seres luminosos y modestos, trabajadores encendidos a medio camino siempre entre la sumisión y la rebeldía, entre la blasfemia y la oración.
El Bar Luis está abierto todos los días. Periquín y Manolo siempre en un turno constante de relevo donde ruge la máquina de café, espumea el grifo de cerveza, sisea el abridor de refrescos, claquean las puertas de la nevera, tilitan las botellas de fino chiclanero, timbrean los hielos en los vasos de tubo, canta la máquina tragaperras ante el olor de la chacina y la cerveza.
En teoría, debe haber en el mundo muchos bares como el Bar Luis. Pero yo apostaría a que en realidad no hay ninguno.