lunes, marzo 05, 2007

dios va al dentista


…así que son, realmente, malas noticias. Es necesario practicar una endodoncia para posteriormente empastar la muela afectada. El problema no radica sólo en que, a pesar de la anestesia, el malestar producido por la intervención puede desencadenar la cólera divina y acarrear a la raza humana toda suerte de catástrofes sin nombre, sino que la ingente cantidad de material utilizado para volver a completar la pieza dental operada supondrá dejar sin reservas de calcio todas las oscuras gargantas del subsuelo. Eso supondría en primer lugar la desaparición de todas las especies vegetales que se verían afectadas por la ausencia de un elemento tan necesario en el completo desenvolvimiento de la vida orgánica y, como consecuencia y merced al equilibrio trófico del planeta, la inmensa mayoría (por no decir toda) de las especies animales estarían condenadas a la inanición, la muerte y, finalmente, la extinción. Huelga decir las fatales consecuencias que esto traería a la especie humana, para nada exenta de condena a la extinción dentro de la desaparición de todos los frágiles eslabones de la cadena trófica.
Otro problema colateral es el que plantea la enorme cantidad de material de deshecho procedente del vaciado del molar. La podredumbre que se extraiga supondrá un material residual altamente contaminante que habrá de ser depositado en contenedores perfectamente aislados y sellados para evitar que se propague por el subsuelo. Enterrar tantos miles, quizá millones, de toneladas de materia cariada podría suponer un riesgo excesivo para las próximas generaciones dado que no existe material conocido capaz de retener una sustancia tan corrosiva. A esto hay que sumar el enorme coste que se derivará de su transporte y depósito.

Podríamos contemplar la posibilidad de evitar la endodoncia y dejar que la caries siga su curso pensando, tras lo expuesto, que el remedio sería peor que la propia enfermedad, pero en eso no acabamos de ponernos de acuerdo. Los hay partidarios de intervenir en el molar aun a riesgo de todo lo ya explicado pero los hay, también sin embargo, que se muestran partidarios de dejar que la naturaleza siga su curso y la pieza infectada continúe en su proceso de degradación. Sostienen estos últimos que, por muy intenso que sea, un dolor que se produzca de forma esporádica es más fácilmente controlable por medio de analgésicos y anti-inflamatorios que atreverse afrontar los riesgos, ya enumerados, que supondría la intervención.
Estos risueños analistas olvidan sin embargo los terribles problemas que plantearía, por un lado, la fabricación de la cantidad necesaria de un analgésico o tranquilizante, pongamos por ejemplo ácido acetil, o en caso más extremo, incluso diazepán, para mitigar tan inhumanos dolores. Ni todos los laboratorios farmacéuticos del mundo trabajando a la vez lograrían la cantidad mínima necesaria que administrar al paciente ante los primeros síntomas del dolor, cuyos devastadores efectos se nos antojan hoy por hoy absolutamente insalvables en caso de que la infección continúe su curso. Por otro lado, suponiendo, lo que es realmente mucho suponer, que lográramos producir y administrar la dosis prescrita, la administración de tan colosal dosificación haría inevitable una larga lista de efectos secundarios en el paciente, tales como somnolencia, irritabilidad o incapacidad de concentración, todos de fatales resultados para la especie humana.
Esto hace que cada vez sean más los partidarios de dejar que la caries continúe avanzando hasta que ella misma acabe con el nervio y convierta el molar infectado en un cadáver. El paciente perdería sensibilidad en toda la dentadura, pero al menos no sufriría dolor alguno. Cierto es, de todas formas, que esa situación sería la mas deseable, pero ¿y mientras ese deseado momento llega? Los dolores pueden ser ciertamente insufribles. ¿Estaríamos dispuestos los seres humanos a soportar el mal humor e incluso la cólera que esta situación produciría en el paciente, cuya ira bíblica conocemos y tememos sobradamente? ¿Podríamos vivir la especie humana sabiendo que de forma cada vez más frecuente y terrible el paciente va a sufrir inevitables episodios de mal genio o incluso directamente furia incontrolable debidos a su terrible dolencia?
Puestas así las cosas, y sin un claro consenso entre los miembros de la comisión científica designada al efecto, a la que este modesto odontólogo pertenece, y sin apenas resultados tras sus arduas sesiones de investigación y debate (tal y como el informe 94-5439.96857/56, conocido extraoficialmente como el Dossier Ajenjo, ya ha dejado bien plasmado) existen en el seno de la comisión tales disensiones que a ninguna conclusión útil espera ya ninguno de sus miembros llegar.
Por esas razones, adjunto a este escrito, de cuyas palabras el abajo firmante se hace único responsable, se presenta la dimisión de la citada comisión alegando los mismos motivos aquí expuestos.
De todas formas y por si se nos volviera a solicitar algo parecido a una conclusión antes de la disolución de la comisión, tendríamos que decir, por lo que a nuestra opinión respecta, tras mucho analizar ventajas e inconvenientes de cada posibilidad, que seríamos partidarios de la extracción, pero no de la extracción del molar afectado sino de extraer directamente al paciente de nuestro pensamiento y de nuestro lenguaje. Muerto el perro, muerta la rabia. Si el paciente deja de existir, deja de existir también la dolencia. Sin dios no hay ni muela, ni caries, ni problema.
Las soluciones de este problema no son médicas.
Simplemente son metafísicas.


Miguel A. García Argüez, odontólogo.

5 Comentarios:

Blogger agenbite dice...

Diooooooooo, qué bien te ha sentado el carnaval, amiga!!!

Grandes abrazos o(do)ntológicos desde la ribera del Genil!!! Ganas de verle!!!

6:43 p. m.  
Blogger ana dice...

Con el dentista hemos topao... y me has recordao que tenía que haber pedido cita hace ya... :S
Besosos

11:32 p. m.  
Anonymous SS dice...

Jajajaja! Qué weno! Po pa mí que con estirparnos el concepto de Dios tampoco se solucionaría el problema porque los atributos con los que hemos representado a ese dios infantil son proyecciones de nosotros mismos y aunque nos olvidásemos del Todopoderoso seguiríamos reflejando nuestras propias miserias en otros conceptos como el Estado o la democracia, por ejemplo.
Lo suyo sería estirpar la caries de nuestra mente. Uffff, pero chico trabajo!

8:07 p. m.  
Blogger la luisa dice...

illo, no me hables de dientes que menudas dos semanas llevo de dentista real en boca mía real. y lo que me queda. que menzecohen unos dolores que me pillan hasta los nervios del cuello, tú. vaya dendaquín, no obstante, sonrisa sin caries para vuesa merced y besicos a repartir para la chiquillería toda en esos días gaditanos de poesía en resistencia que ahí tenemos ya. cuídate, l.

8:44 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

UYUYUIIIII! EXTIRPAR ES CON X Y ESTIRPE CON S QUE ZE MAN CRUZAO LOS CABLES!

8:29 a. m.  

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