martes, octubre 31, 2006

el comando chichimeco

Esta semana pasada tuve la suerte de conocer a gente estupenda y con la que siente uno que se ha trenzado una complicidad que dará hermosos frutos. Era un congreso en la universidad sobre Narrativa Breve (suena horrible ¿verdad?), pero sin embargo (la vida te da sorpresas) resulta que me encontré con un grupo de gente joven que desprendía una energía especial y seriedad cachonda (o un cachondeo muy serio) que nos dejó sorprendidos pues, contra todo pronóstico, se fue uno de allí con la sensación de que aquello fue no sólo muy divertido, sino además muy fértil. Los causantes, en gran medida, de todo aquel inteligente desaguisado fueron los dos Manolos, aglutinadores de la revista Chichimeca, y agitadores en el sentido más montuno (pero también en el más lúcido) de la palabra. En torno a ellos una panda de narradores y poetas, de Huelva pero también llegados de otros lugares -granada, sevilla, cádiz... - que ponían la misma pasión pasión en las lecturas de sus textos como en el vaciado de sus copas. Para mí brillaron con una luz especialmente cómplice y bonita Carmen Camacho y el simpar Pepe.
Espero que los caminos se vuelvana cruzar pronto.
Seguro que sí.

Pues eso. Para celebrarlo, un temazo del gran Fernando Alfaro.

jueves, octubre 26, 2006

qué de cosas...

Bueno, bueno, bueno... pues como resulta, y ya lo sabéis, que no tengo acceso fácil a la red, las cosas se me acumulan, así que ustedes perdonen este post denso y que no rinde justo espacio a cada una de las cosas que a continuacióin enumero.
Primero presentaros tres nuevos blogs que enlazo en la columnita de abajo:
por un lado la gran María, que nos regala su complicidad desde Petanca en Malabo. A su vez, super Sonia nos habla y nos oye desde Miradas y voces. Y junto a estos dos serafines, un demonio, chirigotero y heavy ¿quién da más? desde Jerez, el gran David y su Cofre de Bechamel.

Por otro lado, a través de la librería La Fuga, nos han pasado la siguiente invitación para hoy mismo. Cuto & pasteo:



Hola y buen día. Igual ya os estabais preguntando cuándo iba a tener lugar, o lo mismo pensabais que ya había pasado... Pero no, estáis a tiempo todavía: con la presente os invitamos el día 26 de octubre de 2006 a las 21 horas (así igual la gente de la cacerolada por la vivienda os podéis sumar también un poco más tarde) al Centro Vecinal en la Casa Grande del Pumarejo para la presentación del libro El Gran Pollo de la Alameda (véase cartel adjunto). Haremos un repaso del desarrollo del proceso del libro, estaremos abiert*s a preguntas, dudas y críticas y, especialmente, queremos aprovechar la ocasión para abrir un coloquio: vernos gente de tan diversa índole y comentar sobre la situación actual del barrio e intercambiar ideas sobre cómo seguir enfrentándonos a los diversos rodillos que nos pasan por lo alto. Hemos abierto en la red la web del Pollo (ver www.elgranpollodelalameda.net), agradeciendo el alojamiento a la gente de nodo50.org. Deciros también que el libro está a la venta en la librería La Fuga, c/ Conde de Torrejón nº1, local 1 (muy cerca de nuestra querida y vallada Alameda de Hércules), abierto de lunes a sábado de 10.30 a 14 y de 17 a 21, para l*s que todavía no habéis canjeado vuestro bono o también para adquirir cuantos ejemplares queráis por el espas_módico precio de 18€.

Por otro lado, la super banda Vulcano 6, mientras llegue o no su esperada web, por lo pronto ya tiene su propio space, jejeje. Además podéis bajar por la cara los cuatro temazos de su maqueta.

Y también os contaría que mañana estaremos en la Facultad de Educación de Huelva por la tarde dando un taller, y también que en estos días allí hay un encuentro sobre narrativa breve cuyo programa no tengo a mano (si no os los pastearía también), y también que este sábado el Circo de la Palabra Itinerante toca en Casares, y también que hoy la gran Anita López presenta al Boadella en la Sede de la Asoc. de la Prensa en Cádiz, y también que mañana los simpar Atalaya presentan su nuevo espctáculo en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, y que el sábado también hay bla, bla, bla... pero como todo esto es una locura, lo mejor será que dejéis de leer este post, os relajéis en vuestro sillón de mirar la web, subáis el volumen de vuestros altavoces y escuchéis esta magnífica canción que, en cierto modo, es para mí otro pequeño gran himno:

Po eso, que a pesar de las dificultades seguimos aquí.
Besos enormes a todo el mundo...

lunes, octubre 16, 2006

mercromina

No hace falta que te explique por qué cuelgo esta canción...

domingo, octubre 15, 2006

sorpresas te da la vida

Las cosas que ocurren... a través de un azaroso cruce de caminos, un familiar me informa de que el profesor Alvaro Baquero, que da clases de literatura en la Universidad de Georgetown, en los states, está trabajando con sus alumnos textos de éste su seguro servidor. Me consiguen su correo y allí que le escribo yo a este amable señor y ciertamente, me confirma que, sí, que ha estado usando un relato del libro "El Bombero de Pompeya".

Me ha encantado.

El relato en cuestión es éste:

Huevos, leche y pan

Nuestra vida cambió aquella mañana turbia en que descubrimos a un demonio hambriento debajo de la cama de la abuela. Estábamos desayunando cuando lo oímos rugir tristemente, lacerado de desdicha. Nos levantamos todas de la mesa y precipitadamente entramos en el dormitorio, más perplejas que asustadas. Fue la abuela quien alzó el borde de la colcha y, ladeando con esfuerzo la cabeza, lo vio. Le preguntamos qué era y ella dijo que un demonio, y entonces la niña se asustó un poco, pero no mucho. El demonio gemía lastimosamente y nosotras nos quedamos todas calladas, sin saber muy bien qué hacer ni qué decir. Fue mamá quien primero reaccionó, así que salió a la cocina y trajo un plato hondo con leche. Mamá nos dijo que creo que tiene hambre, que esa forma de llorar me recuerda a un perrito que yo tenía de pequeña que lloraba así cuando tenía hambre y que gemía igual, y que así que yo creo que este demonio tiene hambre, y nosotras no dijimos nada. Con la escoba empujó el plato debajo de la cama, allá en ese territorio oscuro y tenebroso, recóndito y cercado por el filo del cobertor. En efecto, lo oímos beber la leche a lengüetadas grandes y estridentes. Tímidamente primero, luego con avidez. Le dije a mamá que no sabía que los demonios beben leche, mamá. Y ella dijo que yo tampoco, hija, pero que la leche le gusta a todo el mundo. El chapoteo de su lengua era gracioso y todas estuvimos allí, de pie, calladas, hasta que acabó de bebérselo todo. Entonces empujó el plato hacia fuera. Por un momento, pudimos ver su mano, con unas uñas largas y encorvadas, como una enorme pata de pollo, como una garra de piel rojiza y desquiciada. Mamá volvió a la cocina y trajo un tetrabrik entero. Llenó el plato y con la escoba volvió a meterlo. Esta vez, el demonio lo acabó en cuatro lengüetazos urgentes y sonoros y lo sacó de un golpe. Mamá le llenó el plato otras veces, hasta que acabó el bote y mandó a la niña a la cocina a por otro, y yo dije que este demonio tiene mucha sed, mamá, que no debe haber bebido en días y que a lo mejor se ha perdido. Mamá no dijo nada y se quedó muy seria, mirando aquella cama que parecía sollozar con una garganta asmática y profunda. La leche se terminó y aquel demonio seguía pidiendo más.

Aquella mañana, mamá preparó un barreño entero de gazpacho, espeso, rojo y oloroso, que debajo de la cama el demonio engulló con premura. O eso, al menos, nos pareció a nosotras al oírlo, esta vez desde la cocina, pues por toda la casa oíamos ya perfectamente el eco gutural de su presencia. Luego mamá preparó una enorme tortilla de patatas, for
midable, lunar, humeante y dorada, que desapareció también bajo la cama. Pero por más que le diéramos, no había forma de aplacar aquella ansia espeluznante. Los días comenzaron a pasar desacompasados y siniestros, pendientes todas siempre de aquel pozo sin fondo que teníamos debajo de la cama. Durante la noche nos despertaba muchas veces y mamá tenía que levantarse a darle de beber lo que encontraba en la cocina: café, agua, gaseosa, incluso una botella de coñac y otra de crema de whisky que habían debido de sobrar de alguna lejanísima navidad. No tardamos, de todas formas, en acostumbrarnos a sus constantes reclamos y a sus lastimeros gemidos de animal herido, y el demonio y su ávido apetito se instalaron rápidamente en la rutina hogareña de la casa. Cada vez resultaba, sin embargo, más difícil saciar su voracidad, porque cada vez quería más y nosotras no sabíamos qué era lo que exactamente nos pedía. Así que tuvimos que empezar a darle pastas, bollitos, barras enteras de pan... Y todo era poco para aplacarle.

Dejó limpia la casa en pocos días y tuvimos que ir al mercado a comprarle alimentos que lo calmaran. Lechugas, patatas, golosinas, fruta, galletas, huevos, carne y paté de foiegrás. Pero nada parecía satisfacerlo, y el demonio, encerrado en el cuarto, sin salir de debajo de la cama, asomando a lo sumo su pezuña roja y negra por entre los flecos de la colcha de la abuela, devoraba ruidosamente todo cuanto le dábamos y luego rugía pidiendo más y más. Gastamos todos los ahorros para alimentarlo. Incluso las monedas de la hucha de la niña. Yogures, queso, embutidos, legumbres, mariscos... Y de todas las maneras posibles. Empanadas recién hechas, peces crudos, caldo frío, berenjenas rellenas, mantequilla derretida, guisos salados. Pero el demonio rugía y rugía, y entonces mamá empeñó el coche y los muebles. Compramos sacos y sacos de comida, que amontonábamos en la salita de estar, litros y litros de todo, latas, paquetes, bolsas, cajas, botes, cartones de todos los colores y de todos los olores del supermercado. La cocina funcionaba a todas horas, mañana, tarde y noche. Todas nos turnábamos para tener siempre algo que ofrecerle al demonio. Incluso la niña aprendió las recetas más fáciles y llevaderas. Las noches eran largas y terribles, y los días pasaban lentos y opresivos. Todo era poco para poder callar su llanto de alimaña obsesa y hasta vendimos nuestras ropas, los libros, los electrodomésticos y hasta la urna con las cenizas de papá para alimentar al demonio con su grisáceo recuerdo. Pero debajo de la cama, aquello rugía y rugía y no dejaba nunca de rugir.

Hoy hemos descubierto, por fin, su silencio cuando le hemos dado de comer lo que tanto nos había estado pidiendo. No era leche, ni huevos, ni pescado, ni pan. Hemos decidido, susurrando, que a nadie se lo diremos cuando nos volvamos locas.



lunes, octubre 09, 2006

aviso para navegantes

Pues como resulta que me he mudado y como que en mi nueva guarida (que es la vuestra) de momento no tengo internet, pues que digo yo que no me va a resultar fácil tener actualizado el blog ni visitar con frecuencia, como me gusta, los vuestros. Tiraré de ciber o de internetes amigos, pero de momento si notáis que no aparezco con mucha frecuencia, que nadie se preocupe, que sólo son probelmas de acceso, jejeje. De todas formas, estaré al loro...
Po sólo eso, y que aquí otro reencuentro vía youtube.

jueves, octubre 05, 2006

no comments


estas fueron mis primeras lecciones de política en la adolescencia... (y las tuyas)


Bueno, pues he encontrado este video de la banda que quizás simbolizó mejor que ninguna la muerte de los divertidos 80 y la llegada de los oscuros 90. Se acabó la fiesta, llegó la resaca. Se terminó el dulce sueño de la heroína y apareció la contagiosa pesadilla del sida, murió la sensación de libertad estrenada y se descubrió la trampa de la socialdemocracia, la música deja paso a la ira, el color a las sombras, la intrascendencia a la lírica, porque los 90 sí que fueron buenos tiempos para la lírica...
Damas y caballeros, desde Albacete, los Surfin' Bichos, la banda-bisagra que inició la transición hacia la tormenta.

miércoles, octubre 04, 2006

querido amigo syd

Pues sí era él.



Superdaví, acertaste a la primera: te debo una cerveza.

Y a ti, Syd, también.

martes, octubre 03, 2006

pequeño concurso-homenaje

Premio para quien adivine quién es este misterioso señor de cansinos andares y mirada oscurecida.
Una pista: murió hace poco.


lunes, octubre 02, 2006

trotsky no está aquí


¿De dónde sales tú? ¿Quién eres?
¿Qué clase de conjuro te habrá traído?
Ella cerró la puerta y estaba sola en casa.
La lámpara era azul, los grifos goteaban.
Trotsky no está aquí...

¿De dónde sales tú? -dijo el microbio al oso-,
aquí no hay sitio para los dos, lo siento, amigo.
Ella se levantó y miró por la ventana.
La noche era un ciempiés, las luces vigilaban.
Trotsky no está aquí…

¿Y ahora quién vendrá a liberarnos
si no hay revolución siquiera de saldo?

¿Y ahora quién vendrá a salvarnos?

Ella quiere subir,
y acaba bajando…