sábado, septiembre 30, 2006

parece escrito esta misma mañana, verdad?

Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos "hechos" que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian.
No les des ninguna materia delicada como Filosofía o la Sociología para que empiecen a atar cabos.

de Ray Bradbury

jueves, septiembre 28, 2006

otro agendazo

Justin Bieber Justin Bieber Justin Bieber Justin Bieber Justin Bieber

viernes, septiembre 22, 2006


Esta manaña me he levantado y he decidio que me voy ya mismo para Madrid a ver a los niños del Circo en La Noche en Blanco. Además, tengo muchas ganitas de regresar a Vallecas y ver de nuevo a Susanita, a Sara, a Alex y al resto del comando. Así que este finde no estaremos por aquí. ya regresaré el lunes, o el martes... estas cosas nunca se saben, jejeje.
Por lo pronto aquí dejo esta canción que, a lo tonto a lo tonto, se va a convertir para mí en todo un himno. Espero que también lo sea para ti.
Besos.

bar luis

A veces me dejo ver por el Bar Luis porque el Bar Luis es uno de los bares más auténticos del mundo. Parece a veces taberna antigua y castiza, donde se bebe el vino en vaso de tubo y otras bar de barrio de clientela fija, donde los parroquianos se arremolinan para ver el fútbol o los toros y hacen comentarios a grito pelado y se disparan unos a otros bromas retóricas envenenadas de campechana ironía. Otras veces parece tasquita de viejo madrugador que pide el primer café más mañanero del barrio y de jubilado que juega a las cartas y toma descafeinado. A medio día, parece bar de polígono industrial donde el lumpen de jornada partida acaricia su escaso tiempo libre del mediodía con el botellín frío y el paquete de tabaco arrugado en el bolsillo. Los viernes parece un club de fiesta del proletario de la construcción que, eufórico tras la paga semanal, toma el aperitivo dinamitero. Por la noche parece todo a la vez, y la tele, como un extraño objeto, es a veces el centro de atención y otras habla a gritos sin que nadie la oiga en medio del estruendo de conversaciones cruzadas. Las enormes y minúsculas conversaciones el pueblo: es más real lo que se diga de esta ciudad en la barra del Bar Luis que toda la retórica de los concejales en un pleno.
Una reproducción del “Cuarto Estado”, el más amoroso retrato del proletariado que se ha hecho jamás, preside el Bar Luis y delante de él desfilan seres luminosos y modestos, trabajadores encendidos a medio camino siempre entre la sumisión y la rebeldía, entre la blasfemia y la oración.
El Bar Luis siempre está abierto. Periquín y Manolo siempre trasegando tras la barra en un turno constante de relevo donde ruge la máquina de café, espumea el grifo de cerveza, sisea el abridor de refrescos, claquean las puertas de la nevera, tilitan las botellas de fino chiclanero, timbrean los hielos en los vasos de tubo, canta la máquina tragaperras ante el olor de la chacina y la cerveza.
En teoría, debe haber en el mundo muchos bares como el Bar Luis. Pero yo apostaría a que en realidad no hay ninguno.

jueves, septiembre 21, 2006


A riesgo de blasfemar contra el tópico, yo soy de ésos que creen que en España los años 90 fueron musicalmente mucho más fértiles y crativos que los sobrevalorados 80.
A ver si logro medio arguentarlo vía youtube. De momento, y así casi por azar, podemos empezar con los nunca suficientemente valorados "Sobrinus", epígonos de los noventa tardíos, pero una de las más tristes pérdidas que nos trajo el nuevo siglo.
Suban ustedes el volumen y sus altavoces y déjense llevar.

agendazo

Querida gente:
Nos gustaría compartiros una convocatoria para este sábado 23 de septiembre en Madrid. Se trata de ‘la noche en blanco’, una iniciativa por la que esa noche-madrugada del sábado al domingo habrá en multitud de espacios de Madrid una diversa oferta cultural gratuita, centrada en la creación contemporánea. En la web oficial podéis encontrar la programación y todos los detalles de esta propuesta, que ya tuvo lugar antes en parís y roma.

El ‘Circo de la Palabra Itinerante’ actuará esa noche en concierto a las 00.00 horas en el patio del centro cultural conde-duque, donde habrá además otras actuaciones musicales y poéticas, y diversas propuestas (proyecciones, talleres, performances, libros…) dentro de la programación de ‘la noche en blanco’. El ‘Circo de la Palabra Itinerante’ estará compuesto para esta ocasión por: José María Gómez Valero y David Eloy Rodríguez (autores de los textos e intérpretes en escena de los mismos), Jorge Peñafiel (creador musical y guitarrista), Manuel J. Maqueda (percusiones) y José Atero (bajo).

Nos encantaría veros por allí.

siempre es buen momento pa releer a sonic youth

miércoles, septiembre 20, 2006

pásalo (tal y como llegó, lo cuelgo)

"Hola gentecilla,

Muchos de vosotros ya sabéis quiénes son porque los conocéis personalmente, otros los habréis conocido porque os he dicho "¡Eh, escucha este grupo! ¡Entra en su página!"...

Bien, para los que aún no sabéis quienes son os los presento. La Barca De Sua, integrada por Raúl, Carmen, Ignacio, JL y Luigi, amigos míos y de muchos de vosotros, hace más de un año decidieron juntar sus talentos y hacer un proyecto juntos. Un proyecto que ha dado sus frutos, presentaron su maqueta al concurso Espacio Libre que organiza la Diputación de Granada y ganaron; gracias a eso en las pasadas fiestas del barrio del Zaidín, en esas en las que muchos de nosotros llevamos años cantando y saltando con los muchos y diversos grupos que arriba del escenario descargan su energia... ¡ellos tocaron!
Conciertos, bares, entrevistas en la radio, muchos ensayos y muchas historias más que dan para contar muchas anécdotas. La última quizás sea de las más increíbles de todas: EP3, es una revista web multimedia de EL PAIS, que además todos los viernes edita un suplemento semanal en papel, y les ha incluido en su sección de música. Hablan un poco de ellos y ahí mismo podéis escuchar sus canciones. Para que veais que no es mentira miradlo vosotros
mismos: www.ep3.es

Para todos los que queráis conocer a este grupo de música -prístina, como ellos se definen-, os dejo su página web desde donde podréis descargaros su maqueta. www.labarcadesua.org
Clickad en "son" y tendréis que rellenar lo que se os pide para acceder a la sección de música; las canciones están en formato *.ogg y mp3.
Enviarles la página o este correo a vuestros amigos, abuelos, primos, perros, etc... ¡Que todo el mundo baile con este son! Difundid su música!!!
Nada más, os dejo surcando los mares con esta barca, que no hace más que conquistar islas y descubrir tesoros. ¡Y todos somos sus grumetes! Un beso,

Lucía

martes, septiembre 19, 2006

contradicciones

Me vuelves a decir que soy un pesimista oscuro y triste. Pero al mismo tiempo, me has acusado a veces de que sólo valoro los recovecos lúdicos de la vida, la exaltación de los placeres (los pequeños y los grandes) y el dulce canto de los gozos de la alegría de vivir.
Me dices que parece que no creo en nada, que carezco de valores y que concibo el mundo desde una cómoda impunidad ideológica desde la que es muy fácil criticar las cosas. Al mismo tiempo, me llamas ingenuo, utópico: un idealista que cree en caducas ideologías defendidas, acaso, por mero snobismo.
Me dices, a menudo, que parece a veces que me recreo en molestar a las buenas conciencias y los buenos oídos, pero también me dices que soy una persona dialogante y de una tolerancia a prueba de bárbaros... ¿en qué quedamos?
Parece, por lo visto, que soy un hombre básicamente contradictorio. Y puede que lleves toda la razón. Soy la suma de una contradicción. De innumerables contradicciones. Soy una contradicción que nació, creció, envejece y morirá. Una contradicción que se resiste a reproducirse. Soy una contradicción que escribe, respira y anda. Soy una contradicción con dos patas. Soy una contradicción perfectamente clasificada y controlable. Una contradicción con nombre y DNI.
Pero eso no es extraño, porque yo, y tú, y todos, vivimos en un mundo, por definición, estructuralmente contradictorio. Posiblemente no se habrán vivido en la historia de la humanidad momentos mejores, pero tampoco peores, que los que nos ha tocado ver. A diario, conviven en nuestras vidas el amor y el terror, el gozo de existir y los traumáticos miedos diarios. El mundo se convulsiona entre el subdesarrollo y el progreso, entre la opulencia indecente y el hambre feroz. Mientras en unos lugares las epidemias arrasan miles de vidas, en otros, las operaciones a corazón abierto se hacen vía Internet. El fervor por la artesanía y por los ancestrales ritmos étnicos convive con el arte cibernético y la música electrónica. La incomunicación entre las personas crece al ritmo de las grandes ciudades y los edificios gigantescos, pero cada vez poseemos más eficientes autopistas virtuales para que circule la información. Sin movernos del sofá podemos ver imágenes de Marte, pero no conocemos exactamente al vecino de la puerta de al lado. Millones de oscuros esqueletos vivientes tratan de sobrevivir en un lado del mundo, mientras en el otro la gente busca desesperada una dieta efectiva de adelgazamiento. Nos congratulamos de poseer más libertades civiles que nunca, pero nuestras vidas se llenan paulatinamente de prohibiciones, nuestras ventanas de rejas, nuestras posesiones de alarmas, nuestras puertas de cerrojos, nuestros dormitorios de condones y nuestros futuros están ya milimétricamente organizados en torno a hipotecas, deudas y seguros de vida. Mientras unos niños con sus videojuegos persiguen marcianos para eliminarlos, otros con sus estómagos vacíos persiguen ratas en los vertederos.
No creo en el amor, pero daría mi vida por sus huesos canijos.
El mundo es una olla rebosante de grillos nerviosos.
El que crea tener las cosas claras es porque, definitivamente, se está engañando.


lunes, septiembre 18, 2006

he vuelto a ver esta peli...


...y me he vuelto a estremecer. Un aparentemente sencillo cuadro de costumbres en un barrio de Brooklyn que acaba tornándose en agria alegoría de los States y, quizás, del mundo.
Hacía mucho que no la veía. Me he vuelto a reír, he vuelto a llorar, me he enternecido, me he enfurecido...
El arranque, con Rosie Pérez contoneándose al ritmo de Public Enemy, realmente es para echarse a volar.

viernes, septiembre 15, 2006

septiembre

Es septiembre mes propicio al optimismo. Al menos para mí lo ha sido siempre. Por mera inercia de mi larga vida de estudiante, he sentido siempre que el año comenzaba en septiembre y no en enero. Hoy sigo conservando esa sensación de final de etapa y principio de otra durante estos lentos días en que, poco a poco, se van acortando las horas de luz.
Tras los tumultuosos rápidos que atravesamos por el río abajo de la vida, llega septiembre con su luz extraña, sus atardeceres brumosos y sus calores ya más soportables (hasta que venga el paréntesis del “veranillo del membrillo” y suban de nuevo las temperaturas). Septiembre. Las aguas vuelven a calmarse en la pequeña gran acequia del mundo. Septiembre, septiembre. ¿Por qué estoy frío si hoy hace calor?
Aquí donde vivo, además, septiembre siempre ha sido un mes especial, quizás el mes por antonomasia: antaño, en estas fechas, llegaba la bienaventurada vendimia al mundo, el mosto y el dinero corrían con alegría por todas las calles del pueblo, cantábamos loores a la Gran Matrona de las Uvas, la Madre Tierra ancestral personificada en una virgen, las bodegas se ponían las botas, los jornaleros recogían las suculentas migajas de la temporada y la gente se casaba y empezaba, de nuevo, otro año.
Hoy, en el fondo, los ciclos siguen siendo los mismos: acaba la temporada turística, se nos van marchando los invitados y los inquilinos, las cajas registradoras hacen balance, baja el precio del pescado en la Plaza de Abastos, los camareros vuelven a la Oficina de Empleo, la playa y las terrazas de los restaurantes regresan a su beata quietud casi solitaria y la gente (oh tempora oh mores) se sigue casando.
Y yo, de momento, me trataré de reconciliar conmigo mismo de nuevo, volveré a pasear por las arenas anchas de una playa ya familiar, donde uno cree conocer a todos y cada uno de estos últimos bañistas de la temporada, vecinos tranquilos que no se molestan unos a otros y que se sorprenden, aún, de lo hermosa que, a pesar de los pesares, es aquí la bajamar de septiembre.

martes, septiembre 12, 2006

tierra quemada

La tierra quemada que tus sandalias pisan no entiende ni el fulgor de los pájaros ni el olor de las fresas que se encienden bajo el aire.
La tierra quemada no sabe de arroyos, de charcos ni de lluvia, ni entiende los esquejes de las plantas, las manos frescas y amplias del tierno albaricoque, el olor ancho y hondo de las brevas dulces, la dureza salada y azul de los viejos minerales que duermen enterrados en la tierra, ni comprende la epidermis de las piedras tapizadas de verdín.
Este estéril territorio donde sin remedio entramos nos augura solamente una lenta travesía de polvo, de sulfuro y de sudor.
Es la tierra quemada donde todos clavamos las rodillas a mitad de camino, pidiendo agua a gritos con la carne caliente y requemada por el aire, el azufre y el calor.
Es la zona roja y muerta.
Es el reino de las dudas.

Es el viento cuando cruza sin querer el ecuador.

sábado, septiembre 09, 2006

esta parte del camino no es hermosa

Prepara, caminante, tu mochila, que esta parte del camino no es hermosa.
Todos andan como locos pensando cada cual en su propios asuntos sintiendo que la vida es comer o que te coman.
Prepárate, que no lo tienes fácil:
Muy alto se cotiza el centímetro de sombra, el grano de alimento y el trago de agua fresca, muy caros se subastan la brújula o el mapa, y hay trampas sin nombre y minas enterradas y cepos y alambradas de filos ponzoñosos.
No esperes que te ayude cualquiera de estos locos que vagan asustados por este enorme páramo de tierras contumaces, dispuestos a la sangre y a la depredación.
Resígnate y afila tus cuchillos.
Y no es esperes de nadie la clemencia.
Ni la tengas, si de aquí quieres salir.




lunes, septiembre 04, 2006

en las mesetas del vaupes

Qué son las canoas sino los árboles
cansados de estar quietos.

Qué son los postes de colores sino los árboles
hundiendo sus raíces en el cielo.

Qué son los puentes colgantes sino los árboles
jugando con el vértigo.

Qué son las alegres fogatas sino los árbole
s
contando su último secreto.


Follaje de las ondas que va quedando atrás
con el golpe del remo,

Follaje de sonidos que en torno de los postes
enardece al guerrero,

Follaje de invisibles caminos que comienza
en el confín del puente,

Follaje de humaredas que ascienden en desorden
entre las titilantes orquídeas.

Con granadillo hice el bastón
para espantar a los malos espíritus.

Con la madera del caobo
hice las cuentas de un collar para tu pecho oscuro.

Con fruto fresco del tekiba
hice la copa en la que le ofreciste el agua.

Con la madera del laurel hice esta flecha.

de William Ospina



domingo, septiembre 03, 2006

calor

El calor llega del espacio exterior, atraviesa las capas altas de la atmósfera, cruza las barreras del ozono, atraviesa el cielo azul dejando un rastrojo de magma con sus flechas enormes de fuego solar y, al fin, llega hasta nuestra casa. Ronda nuestras ventanas y nuestros techos, se lanza obstinado contra los muros y las persianas, busca los resquicios bajo las puertas y entre las celosías, calcula la estrategia de asalto, calibra las posibilidades, diseña un plan. Porque, por más que nos defendamos tras ventiladores, abanicos o enormes aparatos de aire frío, el calor tiene claro a lo que ha venido por mucho que nos encerremos en casa.
El calor quiere nuestros cuerpos. Quiere entrar. Viene a por nosotros.
El calor reseca las macetas, los arriates, los alcorques y el césped, narcotiza a los gatos, agita la lengua acalorada de los perros, vibra en el aire a ras de suelo, llena nuestro litoral de peregrinos sudorosos y convierte la playa en un enorme campamento de refugiados donde hay de todo menos calma.
El calor reblandece la ciudad, hace humear el asfalto de la carretera, excita a los insectos cantarines y mustia las plantas.
Pero, sobre todo, el calor quiere entrar en nuestras casas y buscarnos por las habitaciones hasta encontrarnos tirados, exhaustos y desnudos en cualquier parte. Viene a mortificarnos, viene a arañarnos la piel, viene a por nuestro sudor, viene a por nosotros. Ha atravesado millones de kilómetros para estar aquí y cobrar su tributo en nuestras vacaciones y en nuestro trabajo, en nuestra casa y nuestra calle, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza. Y si no lo dejamos entrar y lo mantenemos fuera de casa, allá en la calle hirviente, el calor no se da por vencido ni se retira a su palacio en llamas, sino que nos espera con paciencia, aguardando sabiamente el momento en que, aunque sólo sea por un instante, nos asomamos fuera de casa y salimos a territorio abierto y allí entonces el calor nos embiste sin piedad, de golpe, sin previo aviso.
Enemigo íntimo: te quiero y te odio.