domingo, septiembre 03, 2006

calor

El calor llega del espacio exterior, atraviesa las capas altas de la atmósfera, cruza las barreras del ozono, atraviesa el cielo azul dejando un rastrojo de magma con sus flechas enormes de fuego solar y, al fin, llega hasta nuestra casa. Ronda nuestras ventanas y nuestros techos, se lanza obstinado contra los muros y las persianas, busca los resquicios bajo las puertas y entre las celosías, calcula la estrategia de asalto, calibra las posibilidades, diseña un plan. Porque, por más que nos defendamos tras ventiladores, abanicos o enormes aparatos de aire frío, el calor tiene claro a lo que ha venido por mucho que nos encerremos en casa.
El calor quiere nuestros cuerpos. Quiere entrar. Viene a por nosotros.
El calor reseca las macetas, los arriates, los alcorques y el césped, narcotiza a los gatos, agita la lengua acalorada de los perros, vibra en el aire a ras de suelo, llena nuestro litoral de peregrinos sudorosos y convierte la playa en un enorme campamento de refugiados donde hay de todo menos calma.
El calor reblandece la ciudad, hace humear el asfalto de la carretera, excita a los insectos cantarines y mustia las plantas.
Pero, sobre todo, el calor quiere entrar en nuestras casas y buscarnos por las habitaciones hasta encontrarnos tirados, exhaustos y desnudos en cualquier parte. Viene a mortificarnos, viene a arañarnos la piel, viene a por nuestro sudor, viene a por nosotros. Ha atravesado millones de kilómetros para estar aquí y cobrar su tributo en nuestras vacaciones y en nuestro trabajo, en nuestra casa y nuestra calle, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza. Y si no lo dejamos entrar y lo mantenemos fuera de casa, allá en la calle hirviente, el calor no se da por vencido ni se retira a su palacio en llamas, sino que nos espera con paciencia, aguardando sabiamente el momento en que, aunque sólo sea por un instante, nos asomamos fuera de casa y salimos a territorio abierto y allí entonces el calor nos embiste sin piedad, de golpe, sin previo aviso.
Enemigo íntimo: te quiero y te odio.

4 Comentarios:

Blogger el que deambula dice...

da gusto tener de quien aprender. Un caluroso abrazo.

8:28 p. m.  
Blogger ana dice...

Señor Miguelange, permítame usté que me descubra: cuánto arte y qué caló!!
Besos mil y dos mil.

10:28 p. m.  
Blogger totito dice...

Calor y levante, unos amigos intimos que nos visitan cada verano y parecen que nunca han dejado de estar entre nosotros.

2:44 a. m.  
Blogger 0coma5 dice...

Que bueno eres. No deja frío tu lectura, más bien todo lo contrario.

12:01 p. m.  

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