jueves, agosto 31, 2006

de niños y perros

Cuando éramos pequeños, las calles del sitio donde vivo tenían menos coches y más perros. Perros con dueño los menos y perros callejeros los más. Los perros callejeros no eran algo peligroso y casi nadie les tenía miedo. Arrastraban el saco de huesos de sus cuerpos pulgosos por entre las bolsas de basura y a veces jugábamos con ellos los niños callejeros. Antes los perros eran callejeros y los niños también y la calle era un enorme territorio de juegos donde podía pasar cualquier cosa.
A veces llegaban los laceros y se llevaban algún perro que meaba en las esquinas de los escaparates y asomaba su cabeza en las puertas de los bares, pero eso era sólo por las calles del centro, porque por el extrarradio, donde el campo era aún una enorme extensión de viñas y damascos que prestaba algunos terrenos a casitas casi de colonos, los perros callejeros eran casi tan libres como los niños que correteaban por la calle y por el campo.
La calle era también para los perros.



Ahora los perros deben tener dueño, deben ser propiedad privada y llevan vacunas selladas y aparatitos electrónicos insertados en sus cuerpos y correas y bozales y bandos municipales que obligan a sacarlos a la calle como si fuesen locos peligrosos y tienen papeles como si fueran objetos con matrícula y todo el mundo quiere perros puros de raza, como el sueño nazi quiso a los niños, sin mestizaje y con pedigree por escrito. Por eso cuando veo por las calles más marginales de esta ciudad a perros delgados tomando el sol en la acera y a niños que corretean mientras galgos quijotescos persiguen el balón, sin correa ni collar, pienso en los perros. Nuestros miedos estúpidos y la falacia de las noticias nos han vuelto enemigos de los perros. Y así nos han engañado: Los perros nos dan miedo. Los perros son un peligro. Los perros sólo deben existir si son como nuestros niños: bichitos domesticados, controlados, amordazados, higienizados y, sobre todo, que gasten, que cuesten y que consuman.
Cuanto menos perros son nuestros perros, más perros nos hacemos nosotros.

6 Comentarios:

Blogger el pescador dice...

una de las cosas que más me llamo la atención de perú fue la cantidad de perros, absolutamente tranquilos y pacíficos (y si no con una patada o una piedra bastaba), que hay en las calles. por supuesto allí nadie 'tiene' perro (¿cómo se puede 'tener' algo vivo?), excepto en el campo, y tampoco son 'suyos' sino que trabajan con las comunidades y allá también comen y duermen, es decir que viven y curran allí.
"como se aman dos perros..."
besos
(quizá haya alguna novedad importante respecto al tema piso, es posible que deba ausentarme unos días ¡del país!, pero hasta que no esté cerrado no quiero comentar nada, al de dos no llamé porque javi-ave gades ya ha vuelto y me dijo que contaba con nosotros y no me parece bien dejarle colgado)

9:39 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

¿ausentarse del país? ¿en qué lío se ha metido usted esta vez? ¿necesitas un abogado? jeje
besos
(seguiré con el cambalache hasta que aparezca algo, campeón, espero esas novedades)

10:33 p. m.  
Anonymous Nobody's boy dice...

Antes las ciudades eran de los perros. Ahora los perros son propiedad de las ciudades. Algo así como lo que pasa con sus ciudadanos. ¿Liberalización?

11:14 a. m.  
Blogger ana dice...

Justo ayer leí por algún lado que porqué se vacuna de rabia a los perros si somos los hombres los que más la producimos...
Yo soy más de gatos. De hecho, dos de ellos me adoptaron y me tienen recogía en su casa ;)

11:47 a. m.  
Blogger Kampanilla Punk dice...

Que mal me pinta el panorama, caballero.
Yo soy perra y espero estar libre por la calle muuuuuchos años, comerme lo que pueda y si me meten algo, ¡¡¡por favor que sea un aparatito curioso¡¡¡.Y contra mi rabia ya no creo que puedan hacer nada, por mucha vacuna que me pongan.
Solo espero que mis cachorros puedan pasear tranquilos como lo que son, callejeros.
Besos pa tos

5:02 p. m.  
Blogger totito dice...

Cuando eramos pequeño todo era distinto, la vida era más fácil y no eramos concientes del negocio que significa vivir.
Tiempo sin aparecer, no me lo perdono a mi mismo.

12:05 a. m.  

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