jueves, marzo 16, 2006

la noche me sitia

La moto rueda con suavidad mientras la noche me sitia. En cada semáforo, en cada esquina, noto el oscuro escalofrío del que se siente vigilado. Llevo el casco calado hasta las orejas, en esta ciudad hay miles de motos y miles de gentes con casco, no es nada probable que alguien me reconozca, pero aun así me resulta imposible evitar sentir un miedo alucinante que me tiene la boca seca y los músculos agarrotados.
Cuando llego al piso entro por la calle de atrás. Echo el candado a la moto y, con el casco aún puesto, camino hacia la esquina. Miro disimulando. No hay nadie. Algunos niños corretean por la plaza y unos turistas sacan sus equipajes de un taxi para entrar en el hotel de enfrente. Me quito el casco y camino muy rápido hacia el portal mirando al suelo. Cruzo por delante de la portería en el momento justo en que el portero asoma la cabeza porque le ha parecido ver pasar a alguien, pero no me ve porque yo ya estoy metido en el ascensor. Mientras llego al piso cierro los ojos con fuerza deseando que el David esté en casa. Es mi única salvación. Así que cuando el ascensor cruje y abre su puerta mecánica, ya estoy con las llaves en la mano.
El piso está vacío. David no está pero lo que más me inquieta es que tampoco está el Gafas. A esta hora siempre está en casa. Siempre. La puerta de su cuarto está abierta, lo cual es más raro todavía. Pero todo el piso está vacío. Nadie. Cero. Sólo el gatito, que se me acerca a los pies con la cola erguida maullando lastimeramente. Aparta, minino. Dejo el casco sobre el sofá y trato de pensar. Todo esto es muy raro sobre todo porque todas las luces están encendidas. Es como si hubiesen salido corriendo de repente. Eso me asusta aún más.
No me doy tiempo a reflexionar mucho sobre ello porque algo me dice que salga rápidamente de aquí. Al pasar como una flecha por delante de la portería, el portero, que ahora ha estado más atento, me llama dando una voz. Pero yo me hago el sordo y salgo como una rayo a la calle. No es el momento de ponernos a hablar del alquiler. El tipo sale hasta la acera detrás de mí y me grita desde el portal.

—Oye, chaval, espera…

Pero yo ya he doblado la esquina. Entonces recuerdo que me he dejado el casco en el piso. A la mierda. No voy a volverme.
Le quito el candado a la moto y ya estoy yo rodando de nuevo por la avenida.

6 Comentarios:

Blogger Kampanilla Punk dice...

Por segunda vez, sigo disfrutando...

9:32 a. m.  
Anonymous ss dice...

Joder, qué polvorón ti el tío este!
Se lo daja tó en tos partes!Ahora el casco, menudo majaso se va pegá!

2:54 p. m.  
Anonymous Nobody's boy dice...

Señor Argüez, mi corazón está encogido y a la espera de saber qué será del Guaqui y qué pasó con el David y el gafas.

Seguí tu consejo y me tiré mis meses leyendo poesía y escribiendo otras cosas, luego me enfrenté al Cazador y lo retoqué. ¿Quieres que te lo mande?
Besitos y que nos veamos pronto :).

5:37 p. m.  
Blogger el que deambula dice...

Bueno bueno bueno, Sr. Argüez, me dejó usted huerfanito cuando anunció su cierre. Hoy compruebo, gracias a su comentario en mi blog, que ha vuelto fuerte y yo no me había enterado.

Gracias por volver. Ya sabe que tiene mi mail para lo que guste.

VOTO A BRIOS!

7:21 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

Venga Borja, mándalo y ya le echaré un vistazo cuando baje la marea.
Sr. deambulatorio, el cierre era coyuntural. Aquí estamos. Gracias por seguir ahí. besos

8:50 p. m.  
Blogger El busano kalandraka dice...

el guaqui me está poniendo de los nervios. No tendrá las pirulas en el bolsillo de los pantalones? Tengo las carnes abiertas con este chiquillo

2:27 a. m.  

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