miércoles, noviembre 30, 2005

y otra cita...

...y no quiero dejar de invitaros a quienes queráis y podáis al recital que servidor dará en la Biblioteca Pública de Conil este próximo viernes 2, a las 8 de la tarde.
Salud y besitos.

qué coño estoy haciendo yo aquí

El autobús me deja en Los Caños y, caminando con la mochila al hombro, me pongo a buscar el sitio convenido. En estas fechas del año, Los Caños es un sitio tranquilo y esta playa, ahora solitaria, no parece la misma que en esos meses del verano abisal en que los coches y las gentes invaden la quietud de estas calles bordean el acantilado. Allá abajo, un mar oscuro y encabritado ruge bajo el capote de nubes que cubre el cielo. Son las once de la mañana y el sol parece que trata de salir. Pero no lo consigue.
Según las señas que me dio el Negro no va a ser difícil dar con el sitio y, efectivamente, a poco de andar ahí lo veo. Es un bar, mitad restaurante playero, mitad chiringuito, con una pequeña terraza que tiene las sillas de plástico y las mesas apiladas en la puerta. Parece que está cerrado, pero ya me advirtió el Negro que el tipo iba a estar esperándome. Me asomo a la puerta y por el escaparate chapado parece que no hay nadie. Golpeo un par de veces. Nada. Doy la vuelta tratando de buscar la puerta de servicio. Hay un enorme candado cerrándola. Vuelvo a llamar. Nada. Allí ni hay ni una mosca. Aquello definitivamente parece cerrado.
Me acerco al bar que hay al otro lado de la calle y me pido una cerveza. Pregunto al camarero por el chiringuito de enfrente, que a qué hora abren y eso, y el tipo me dice que ahora en invierno está cerrado de lunes a jueves, que sólo abre los fines de semana, pero que de vez en cuando viene alguna gente no sabe si a limpiar o a qué, pero que nunca por la mañana, que en todo caso vienen por las tardes. Recuerdo perfectamente que el Negro me dijo que iba a venir a media mañana, así que decido esperar. Estoy tomando la tercera birra cuando comienzo a impacientarme. Si este tipo no aparece no voy a estar de vuelta a la hora convenida. Así que llamo al Negro y le cuento la papeleta. El Negro parece contrariado y me dice muy serio que me quede a esperar. Que si hace falta que almuerce por allí pero que espere a que llegue nuestro hombre. Que espere lo que haga falta pero que vuelva con las pastillas, que ni se me ocurra volver de vacío porque él tiene que cerrar el trapi al día siguiente sin falta y que no le falle. Le digo que tranquilo, que esperaré todo el día si hace falta. Pago las birras y decido dar una vuelta por los alrededores.
Por una vieja escalera de piedra que atraviesa un cañaveral, bajo hasta la playa. Paseo sobre la arena fría mientras olas espesas rugen en la rompiente. Sopla un viento de lluvia, así que no es fácil hacerse un porro aquí. Me resguardo entre las rocas, lo lío y allí me lo fumo con placidez. Esta playa es realmente hermosa y los pinares que bajan hasta el borde del acantilado cercan con un verdor umbrío la calma recoleta de este rinconcito de la costa. Allí enfrente el faro de Trafalgar se levanta con altivez cercado por espumas grises. Sí que es peculiar este sitio.
Mirando las nubes que pasan me pregunto qué coño estoy haciendo yo aquí.

martes, noviembre 29, 2005

puedo tragar mi propia saliva

Así que, desde que me he despertado esta mañana temprano, esa maldita historia lleva dando vueltas en mi cabeza. Me ha puesto más nervioso incluso de lo que hoy esperaba estar.
Mientras espero el autobús hacia Los Caños siento de repente la sensación de que no he calibrado bien los riesgos. Si me pillan con todas esas pastillas encima la cago. Joder, me está empezando a entrar canguele. Luego respiro con hondura y me digo a mí mismo que es normal que esté nervioso, que todo el mundo estaría nervioso, que es mi primera vez y que por esto hay que pasar, que forma parte de la novatada y que tranqui, Guaqui, que todo va a salir de puta madre. Antes de subir al autobús me pillo una cocacola porque a penas puedo tragar ni mi propia saliva.

lunes, noviembre 28, 2005

una puta ruleta rusa

...total, que entran dentro y nada más entrar el perro empieza a ladrar hacia mi colega como un descosido. Los picolos se acercan al colega, que, claro, estaba ya acojonado, y le piden la documentación y esto y lo otro y le preguntan si consume y el colega, acojonado, con el perro ladrando, diciendo que no, y rebuscando el carné, y la gente mirando y murmurando y, total, que allí mismo lo cachean pero no le pillan nada porque el único porro que le quedaba es el que se ha fumado, y empiezan a hacerle preguntas y le preguntan dónde está su equipaje y el perro venga ladrar y venga ladrar como una mala bestia y es entonces cuando uno de los picolos se da cuenta que no es mi colega a quien el perro está ladrando, sino a aquel tipo de la bolsa que está justo delante. El pobre tipo aquel está blanco como la leche, me cago en dios, sudando como un cerdo, y el perro venga ladrarle y venga ladrarle, y entonces los picolos dejan a mi colega y se vuelven hacia el pobre cateto aquél y le preguntan que qué lleva en la bolsa y él dice que nada con una voz nerviosa de acojone y el picolo le dice si puede enseñarle la bolsa y allí mismo la abre y el perro loco, y me dijo mi colega que no se lo creía, pero que aquel tipo debía llevar cuatro o cinco kilos de farlopa, en bolsitas igualitas, de medio kilo o así, alucinante, aquel tipo iba cargado de cocaína, quién iba decirlo, con la carita de cateto que tenía, seguro que era la primera vez que se metía en líos, joder, y el perro ladrando, total, que todo el mundo se da cuenta de la historia y el autobús se queda en completo silencio, todo el mundo alucinado, y mi colega más que nadie, joder, y entonces sacan a aquel tipo de allí y le dicen al chófer no sé qué y pasando de mi colega, total, que el autobús arrancó y siguió su camino y mi colega se quedó allí roto, que no sabía si reírse o llorar, que se había librado de un marrón bueno, y que aquel pobre tipo se había buscado la ruina de una forma estúpida y que a lo mejor era culpa del destino o de aquel porro, y que la vida es una puta ruleta rusa y, ya ves, las cosas que pasan tío, vaya papeleta ¿no? oye, Guaqui, tú no tendrás una rayita para invitarme ¿no?

Y entonces sentí ganas de coger al Pitu y de estrellarlo contra la pared.

yo no me lo perdería...

Querida gente:
Nos gustaría compartiros una información, por si es de vuestro interés:
Nos informa el editor César Sastre que este martes 29 de noviembre a las 20.30h.en el Club Antares (Genaro Parladé, 7; 41013 Sevilla) se presentará el libro "CALEIDOSCOPIO DE VENUS" de la poeta Josefa Parra y el pintor Pedro Mora, que es el primer libro de la colección de poesía Carne y Sueño. En esta colección trabajan conjuntamente un poeta y un pintor sobre un tema o motivo común. Presentará a los autores el profesor y escritor Antonio Molina Flores. Será una estupenda ocasión, entre otras cosas, para escuchar a esa enorme, maravillosa, poeta que es Pepa Parra. Un gustazo.
Salud y nuestro cariño para todos.

viernes, noviembre 25, 2005

pues que resulta que...

... pues que resulta -empieza a contarme el Pitu- que un colega acaba de llegar de Madrid y le ha pasado en el Secorbus una movida alucinante: ya sabes cómo son de pesados esos viajes hasta Madrid, en ese incómodo autobús, ahí encerrados en esos sillones, tantas horas, pues resulta que el colega, cuando el coche para en Guarromán, que ya sabes que es la única parada que hace de aquí a los madriles ¿no? pues va el colega y se lía un porro para relajarse, porque en los autobuses ya no dejan fumar ni tabaco, por muchas horas que dure el viaje, que éste dura ocho horas, una detrás de otra, ya sabes, pues resulta que el colega se lía su porrito y empieza a fumar allí tranquilito, afuera, un poco apartado mirando aquellos enormes camiones aparcados, mientras los pasajeros van a mear o a comprarse una cocacola o algo y se hace el cambio de conductores, que la verdad es que es un sitio deprimente Guarromán. Tío, bueno, Guarromán no sé, porque no lo conozco, pero la parada que hace el Secorbus en aquella especie de polígono tan cutre es la polla, bueno, pues resulta que este colega lleva el canuto por la mitad cuando el autobús ya se va a ir y entonces apaga el porro y se lo guarda en el bolsillo para terminárselo al llegar a Madrid. Pero a mitad del camino, aburrido porque no podía ni oír ni la peli que estaban poniendo en el autobús, porque no se oían bien los auriculares esos cutres que hay, pues que se va a la parte de atrás, donde no hay nadie, sólo un tipo con una bolsa, un tipo con cara de cateto, que seguro que era la primera vez que iba a Madrid en su vida y que vendría, qué se yo, de Chiclana o de Medina, y allí el colega se enciende el porro para terminárselo, con dos cojones, porque sabe que el chófer le va a llamar la atención, pero el piensa: al carajo, esto me lo fumo yo de dos caladas y visto y no visto, a ver qué me va a hacer el chófer, ¿dejarme en mitad del camino? Anda ya. Y es que después de tantas horas ya no aguantaba más y que digo yo que no hace mal a nadie si se fuma las dos caladas que le quedan, no, joder, no van a tenerme tantísimas horas allí encerrado sin un puto cigarro. Total, que el colega se enciende el porro y, claro, el olor no tarda en llenar todo el autobús, que serían sólo dos caladas, pero ya sabes cómo huele un porro bueno dentro de un autobús ¿no? Y alguna gente venga mirar para atrás con mala cara, que nadie le dice nada, pero mucha gente volviendo la cara hacia el colega y entonces el olor que le llega hasta el chófer, hasta adelante, y el colega ve cómo desde su asiento, el conductor lo está mirado por el enorme espejo retrovisor y piensa: ostias, ya me va decir algo, pero como ya tenía el porro casi acabado, lo apaga en el cenicero del asiento y tira la chicharra en una bolsa de plástico con basura que había allí de otro pasajero o yo qué sé, pero entonces, fíjate lo que son las cosas, resulta que un poco más adelante hay un control de los picolos, que vete a saber qué hacían allí, parando algunos camiones o qué se yo, la cosa es que el conductor, que no ha dejado de mirarlo con cara de mala ostia aunque ya había apagado el porro, va el cabrón y para. Fíjate lo que te digo, que no es que los picolos le dieran el alto al autobús, es que el hijo de puta del chófer paró para putear a mi colega, hay que ser cabrón. Total, que con el autobús en el arcén, el tipo se baja y habla con los picolos señalando al autobús. Mi colega dice, joder, la cagué, y de pronto ve como el chofer vuelve al autobús y detrás vienen dos picolos, flipa, Guaqui, flipa, ¡con un puto perro policía de ésos! Total, que entran dentro y...

jueves, noviembre 24, 2005

cuando sonríe así se parece a su hermana

Ayer fue domingo. Ya por la noche, precisamente tomando una copa para calmar un poco la inquietud de las horas previas al día D, es cuando, con todos los capullos que hay en el mundo, tenía que encontrarme precisamente con el Pitu. Eran casi las doce y yo estaba en el “Quemando copas” repasando mentalmente las indicaciones del Negro: el lunes de mañana hay que llegar a los Caños, mejor en autobús, así es más improbable tener problemas con los controles por la carretera, y además yo ni tengo coche ni sé conducir. El tipo va a estar esperándome a media mañana en el bar que regenta, tengo apuntada la dirección, un bar o un chiringuito, eso no lo tengo claro, a pie de playa, que estará cerrado a esa hora. Pero el tipo me estará esperando dentro. Yo le doy las pelas y él me da las pastis. Compruebo que todo está bien y corriendo al siguiente autobús de vuelta. En cuanto llegue debo llamar al Negro para darle las pastis porque él tiene que entregarlas sin falta esa misma noche. Llama en cuanto llegues, me repitió varias veces, no te retrases, estaré esperando tu llamada, en cuantito llegues a la estación de los Comes me llamas, del tirón.
Así que allí estaba yo bebiendo una cerveza a solas con mis pensamientos al fondo de la barra. Llevaba cuatro mil putos euros en el bolsillo, dinero fresco que el Negro me había dado en billetes grandes, que pasaba de dejar en ningún otro sitio que no fuera entre mis huevos, y como si yo no estuviera ya lo suficientemente nervioso, me tuve que encontrar con el Pitu. Le tengo aprecio pero cada vez me molesta más tenerlo cerca. Es cierto, como dice el Negro, que es un poco capullo y la verdad es que no quiero que sepa lo que me traigo entre manos. Así que al principio, al verlo entrar, me hice el tonto, me volví hacia la barra y simulé no haberlo visto. Pero él, del tirón, se me acercó sonriendo. Cuando sonríe así se parece a su hermana. Joder.
—Hola, Guaqui, tío -me dijo.
Quizás fueron mis evasivas nerviosas las que hicieron que el Pitu, que se huele que le oculto algo y que me ando en negocios con el Negro, comenzara a contarme la historia que me tiene ahora el alma llena de raspas de pez.
—Mira, Guaqui, para que veas lo que son las cosas de la vida, joder -me empezó a contar-......

nueva cita...

...para la agenda: este viernes día 25, en el salón de actos del instituto San Severiano, en Cádiz, servidor estará a las 12'30 para dar un concierto-recital. No es hora tempestiva, lo sé, pero si alguien tiene libre la mañana del viernes gaditano (cosa no muy difícil en cadi), allí podemos vernos.

el mundo roto (12)

martes, noviembre 22, 2005

música y letra

Daniel me retó y aquí queda elaborada mi lista.
No he podido evitar poner más de un nombre por letra y de hacer también alguna trampa, y además si tuviera que hacerla mañana posiblemente sería diferente, pero, bueno, de momento, así quedaría:

A: Anderson (Laurie)
B: Battiato (Franco) / Big Soul
C: Camarón / Comelade (Pascal)
CH: Chucho
D: Debussy / David Bowie
E: El Hombre Burbuja
F: Fernanda de Utrera / Fat Boy Slim
G: Gorky’s Zigotic Mynci
H: cHemical Brothers
I: Iván Mariscal
J: Jazzanova
K: Kiss / Krahe (Javier)
L: Leño
M: Marc Parrot / Motörhead
N: Nick Cave
Ñ: seÑor Chinarro
O: Orchestral Maniouvers in the Dark (¿se escribe así)
P: Prince / Primus
Q: Quiet Riot
R: Radiohead / Ronaldos
S: Sonic Youth
T: T Rex
U: Underworld
V: Velvet Underground
W: Wim Mertens
X: anthraX
Y: Young (Neil)
Z: ZZ Top

Le paso el testigo al Totito (por observar cuáles serían las coincidencias), a Ana (por malsana curiosidad) y al binomio Inwit/Mochuelo (porque no tengo ni idea de por dónde nos van a salir).
Ah, y al señor Bermúdez, cuyos gustos musicales, ahora que lo pienso, también me resultan harto misteriosos...

alcaloides

El viernes a mediodía, me llama la Ana. Hacía mucho que no oía su voz. De repente, he creído que me llamaba por el Pitu, que iba a preguntarme por él o algo así, pero no. Su tono risueño y la forma en que hemos estado un rato preguntándonos el uno por el otro me ha dado la impresión de que es una llamada de buen rollito. Y así ha sido. De hecho por quién en realidad me preguntado es por el David. Me ha encargado que le diga que le espera en “La Menta” esta noche. Su llamada me he alegrado mucho, no sólo por saber de ella después de todo este tiempo, sino porque deduzco que ha dejado al pijo de su novio y quizás quiera hacer las paces con David. Si Ana regresa a su lado seguro que lo saca del agujero. Me da la impresión, en realidad, de que sólo ella puede hacerlo. Así que, cuando cuelgo, los frágiles rayitos de sol que se cuelan entre los jirones de las nubes parecen querer alumbrar expresamente el fondo de mi pecho.
Así que esa misma tarde me paso por el piso para avisar a David de la buena nueva. Paso un rato charlando con él y con el Gafas en el piso y luego salgo de marcha.
Ya de noche, en “La Indiana” me los encuentro a los dos. A Ana y a David, los dos juntos, como en los viejos tiempos. Ana está tan guapa como siempre y me parece que David sonríe como nunca. No puedo evitar sentirme eufórico de verlos juntos de nuevo. Los invito a farlopa, los invito a unos cubatas, mi amigo está con la mujer que siempre se mereció, mi amiga está con el hombre que fue creado para ella, que no falta de nada esta noche. Nos reímos mucho los tres metidos en aquel pequeño servicio preparado las rayas. Ana dice que la deje a ella hacerlas y por poco derrama la mitad de la papela con el carné. Nos reímos como hace mucho que no lo hacíamos. Siempre me ha parecido que cuando Ana David están juntos, el aire alrededor de ellos parece hecho de cristalitos azules que no se ven pero se sienten. Joder, hacen una pareja especialmente mágica.
Luego nos pillamos un taxi y nos vamos a “La Factoría”, donde unos coleguitas dan un concierto. La nave está atestada de gente que no quiere perderse a la banda. Aún no son un grupo muy famoso, pero los Bongocrash están comenzando a dar que hablar. Tengo un subidón de mil demonios así que me acerco a primera fila a saltar y a sudar. Esta música es cojonuda, anfetamínica y brutal. Todo el mundo baila enloquecido. Allí me pierdo definitivamente de Ana y de David. Supongo que no estarán para mucho jaleo y preferirán algo más tranquilito donde beber y charlar. No me preocupa ya. La operación retorno parece a punto de cerrarse con éxito. Estos dos van a hacer las paces. Lo sé. Brindaré de nuevo por ellos.
Vuelvo mi corazón hacia el escenario. Un escalofrío de placer me sube desde la garganta a la cabeza. La música me golpea el corazón y los oídos.
Nado feliz en un charco beato de ruido y de alcaloides.

viernes, noviembre 18, 2005

tengo aquí un sexto sentido para detectar a los capullos

Estoy dando el primer trago a la cerveza cuando el Negro me dice que salga con él a la terraza. Allí le doy el botellín y mirando unas nubes grises que se retuercen sobre las aguas plomizas de la Bahía, me dice:
− ¿Tú qué es lo que te traes entre manos con el capullo del Pitu, Guaqui?
Me sorprendo de la inesperada pregunta. No sé por dónde salir de aquel disparo a bocajarro…
− ¿Entre manos? ¿A qué te refieres, Negro?
− Estás trapicheando con él.
− ¿Yo? ¿Quién te ha dicho eso? Eso es…
− Esta mañana habéis estado trapicheando algo él y tú con el Gordo, no me engañes, Guaqui: que yo me entero de todo.
− Ah, eso… eso ha sido un pequeño palo de nada, mangar unas teles, lo hemos hecho antes ya otras…
− No quiero que vuelvas a hacer nada con ese capullo. Esas compañías son peligrosas. Si vamos a trabajar juntos tienes que ser más cuidadoso con juntarte con capullos como ése.
− Pero, Negro, el Pitu…
− Mira, Guaqui, - me dice interrumpiéndome, dejando claro que no esta dispuesto a escuchar nada de lo que yo tenga que decirle- si quieres que curremos juntos hay ciertas cosas que hay que saber, y lo primero es que me hagas caso cuando te doy estos consejos ¿entiendes? Ya has comprobado que soy muy serio con los negocios y por eso me va bien. Y una de mis reglas de oro es no sólo es no hacer tratos con capullos, como ya te he dicho un montón de veces, sino evitar a la gente que te pude enmarronar. Mira, Guaqui, tengo aquí un sexto sentido para detectar a los capullos que pueden darme problemas, y desde el principio te he dicho que ese niñato es problemático... ¿es mala persona? No sé… eso lo sabrás tú, que para eso eres su amiguito, pero lo que yo te aseguro es que es un capullo y cuando uno detecta gente así tiene que dar la vuelta, cambiar de acera, pasar de largo, como si no existieran. Si uno se cruza con capullos lo más probable es que acabe enmarronándose, tú hazme caso ¿sabes lo que te digo? Esa chusma sólo va a darte mamoneos, y estos negocios son cosa seria, ya lo sabes, muy seria…

No puedo evitar que la imagen del Kiko, atado a la silla y sangrando de miedo, vuelva a encenderse en mi cabeza. El Negro sigue hablándome.

− Si haces bien este negocio de ahora, ya no te va a faltar curro, Guaqui, créeme, y te aseguro que vas a ganar pasta, mucha pasta. Me caes bien, Guaqui, y quiero que trabajes conmigo, pero debes apartarte de los capullos así, ahora vas a estar en otro nivel, nada de mangar teles ni pasar huevos culeros ¿entiendes? Esto es otro nivel. Pero tengo que saber que puedo confiar en ti, Guaqui, y tú tienes que confiar en mí. Así que dime si estás dispuesto o no. Si quieres hacerlo, yo encantado y verás como vamos a flipar juntos, pero si no quieres, tío, es ahora cuando tienes que decírmelo. Si no lo tienes claro no pasa nada, te acabas la birra, te vas y no pasa nada, tan colegas, pero es ahora cuando tienes que decírmelo con claridad, Guaqui. Me gusta la gente clara y no me gustan los que se andan con mamoneos ¿entiendes?
− Sí, Negro
− Entonces ¿estamos juntos en esto?
Trago saliva para que la voz no me tiemble cuando, mirando la borrasca negruzca que cerca la ciudad, digo:
− Claro que sí, Negro, dime qué es lo que tengo que hacer.

jueves, noviembre 17, 2005

lunas rojas

ah! y que no nos olvidemos de que ha salido la nueva entrega de "Lunas Rojas", la ya veterana revista digital de poesía en acción (acabo de inventarme la etiqueta, perdonen) que con tanto esmero, cariño y coherencia prepara en Valencia el ejército de maravillosos maquis que por allí mantienen viva la resistencia.
¡Larga vida!

preguntadle a alberto

Bueno, pues las buenas noticias no nos dejan de alterar el corazón (por fortuna).
En un día tan especial como hoy, el señor Alberto Porlan, maestro, amigo, hermano, ha sido finalista en el Premio Fernando Quiñones de novela con "Preguntadle a Neptuno" (¿estaremos aún a tiempo de convencerlo para que cambie el título?).
El premio es como si fuera de todos nosotros. En marzo se presentará la novela (la editará Alianza) pero ya desde hoy comenzamos a celebrar la victoria de una novela sólida, valiente y limpia (en todos los sentidos) que, desde su origen, nació y ha ido creciendo y madurando cercada por la cizaña.
Pero ahí está la campeona.
Y ahí está el campeón de su autor.
Que no decaiga la fiesta.

Ah, el primer premio lo ha ganado Miguel Naveros.

el mundo roto (11)

martes, noviembre 15, 2005

amigo félix

Ah, y no puedo olvidarme de que apenas aterrizar en Sevilla me entero de la buena nueva de que don Félix Palma (algunos recordaréis que nos visitó precisamente al Taller de Letras hace algún tiempo) se ha metido en el bolsillo el premio "Luis Berenguer" (ahí es nada) con su segunda novela "Las corrientes oceánicas". Llevaba oyendo a Félix darle vueltas a la novela desde hace mucho, rumiándola con paciencia como sólo saben hacer los escritores de raza, y mira el tío ahora el pelotazo que da.
El talento de este señor para generar textos afinados y apuntados a diana es definitivamente asombroso. Casi anormal.
Larga vida, campeón.
Brindamos por ti.

pongámonos las pilas

Bueno, ya estamos de vuelta en casa. Sobre la deliciosa excursión (creo que el principio de una larga y fructífera historia de amor y complicidad con La Laguna y sus hermosas gentes), nada que añadir a lo que ya explica exquisitamente Daniel en sus generosos y emocionantes comentarios.

Así que ya de nuevo en las revueltas aguas de la vida, pongámonos las pilas. Y lo primero es lo primero:

Ya está abierto el plazo de matriculación para el TALLER de LETRAS que mantenemos en pie durante todo el curso (hasta junio) en la Casa de Cultura de Chiclana. Será, si todo es como hasta ahora ha sido, un excelente foro de encuentro, reflexión y, sobre todo, cariñito, con la excusa de la escritura creativa como argumento de arranque. Los borrikillos libres rondarán por allí y serán, de nuevo, pieza angular en todo esto.
El plazo de inscripcio comenzó ayer lunes y se mantendrá abierto por las tardes, de momento de forma indefinida. Eso sí: lo importante es que sepamos que el primer encuentro lo tendremos el próximo MARTES 22 a las 7 de la tarde en la Casa de Cultura (calle Nueva, 22)
Por supuesto, ya sabéis que aunque celebremos los encuentros en Chiclana, el Taller está, como siempre, abierto a todos aquellos y aquellas que tengáis a tiro acercaros a Chiclana un día a la semana (el entorno bahía: Cádiz, San Fernando, Puerto Real... queda a pocos minutos, qué os voy a contar) y os apetezca que nos reunamos para compartir aprendizajes y enseñanzas, debates y cuestionamientos, textos y risas, muchas dudas y pocas certezas.
A ver si este año arrancamos un poco de presupuesto a quien corresponda y nos marcamos algunas visitas ilustres o algunas excursiones chulas.
Lo dicho. Se levanta la veda. Que no decaiga la fiesta.

martes, noviembre 08, 2005

tenerife

Y nos vamos de excursión.
Tenerifie espera el desembarco miki.
La Laguna en Poesía 2005 nos ha invitado y allí iremos una pequeña (o no tan pequeña) embajada itinerante.
David, Josemari, los supermúsicos del Circo y servidor.
Dani nos espera.
Serán como unos pequeños días de regreso al verano.
A la vuelta os cuento...

¿a dónde vas ahora, chiquillo, con la que está cayendo?

Esa misma tarde, en la penumbra, mientras estoy dejado caer en la cama de la Viki y ella respira dormida a mi lado y ahí afuera llueve con placidez, el Negro me llama al móvil y me dice que vaya ahora mismo a verle. Me da una dirección que no conozco. Apunto las señas y me visto en un salto. Viki me dice que adónde voy, que me quede allí con ella. Le digo que tengo cosas urgentes que hacer y que luego traigo unas pizzas para cenar. Bueno, que no sé si vendré a cenar, pero que se pida una pizza de todas formas.
− ¿Vas a salir de casa esta tarde? – le digo sin que realmente me importen sus planes.
Ella, de todas formas, me responde con otra pregunta.
− ¿A dónde vas ahora, chiquillo, con la que está cayendo?
− ¿Vas a salir o no? –insisto.
− No, me voy a quedar aquí en la cama toda la tarde, no tengo ganas de moverme…
− Cojonudo, pues te pillo la moto -le digo agarrando las llaves de la mesita.
Sigue sin dejar de llover, pero ahora es una llovizna bienhechora y que a nadie parece molestar. La moto está aparcada en el portal, le quito el candado y salgo con ella ronroneando bajo el aguacero. Aunque hay más coches de lo normal, supongo que por la lluvia, no tardo mucho en llegar.
Es un piso en la Avenida. Un salón lleno de gente rara, un salón saturado de olores, un salón pequeño, con una luz ocre de bombilla enferma, donde varios tipos se meten farlopa. Todo está lleno de humo. Huele intensamente a cocaína quemada y a tabaco. No conozco a nadie. Ni nadie me presenta. Ha sido el Negro quien me ha abierto la puerta al llamar. No sé si ésta es su casa, ni tampoco lo pregunto. Saludo al entrar en el salón pero nadie me contesta, sólo un tipo vuelve la cara con los ojos brillantes y las pupilas enormes y hace un gesto extraño con la cabeza. Creo que todo el mundo está puestísimo. Están repartiendo billetes. Muchos billetes y de pronto siento que estoy incordiando. El Negro, sin mirarme, me dice:
― Allí está la cocina, Guaqui, entra y pilla una cerveza de la nevera si quieres. Y tráete otra para mí.
No sé si me lo dice por cortesía o porque quiere que salga del salón. Obedezco y entro en la cocina. Está asquerosa y desordenada, con todo el fregadero abarrotado de cacharros sucios. Hay varias cajas de pizza vacía sobre la mesa. Abro la nevera y agarro una lata de cerveza. Al cerrar la puerta noto que un poco mal. No soy demasiado escrupuloso con la limpieza, pero no me gustaría nada comer algo que se haya cocinado en esta puta cocina. Para que después se queje el Gafas de cómo tenemos la del piso. Si viera ésta. Estoy regresando al salón cuando oigo un ruido raro al otro lado de una puerta entreabierta. Me ha parecido un gemido o algo así. Asomo disimuladamente la cabeza y el corazón se me sube a la boca. En penumbras, atado a una silla, veo al tío de la caña de pescar, al Kiko, amordazado con los ojos abiertos y la cara amoratada. Le han dado una tunda terrible. Sangra por la nariz manchándose la camisa y tiene un ojo hinchado y oscuro como una berenjena. Se ve que no ha cumplido los plazos de pago. Por una décima de segundo lo veo mirarme con los ojos de un perro suplicante. Todo parece un sueño. Retiro la cabeza inmediatamente como si pudiese evitar ver lo que ya irremediablemente he visto. Me pongo muy nervioso, por un momento siento deseos de correr de aquel piso pero trato de conservar la compostura y entro en el salón como si no hubiese visto nada.

domingo, noviembre 06, 2005

arde parís


La selección francesa de fútbol
juega con siete negros en el equipo titular.

En el Parlamento francés no hay ninguno.

propiedad intelectual

Picaso se negó a denunciar a unos falsificadores de sus obras pues "aunque equivocados, ellos también son pintores... y yo quiero mucho más a los pintores que a la policía"

viernes, noviembre 04, 2005

pásalo

Querida gente:

Os escribimos desde el colectivo 'la palabra
itinerante' (desde sevilla-cádiz-granada-madrid.).
Deseábamos informaros de la reciente edición
del libro 'Todas las puertas abiertas" (Ediciones
Libros de la Herida, Sevilla 2005) del poeta sevillano
Pedro del Pozo. Con este libro inauguramos una
colección editorial que nace sin más pretensión que
ofrecer de vez en cuando un trabajo literario que nos
haya entusiasmado.
'Todas las puertas abiertas' viene acompañado
de un marcapáginas en el que se reproduce, por un
lado, la ilustración de cubierta (obra del pintor
Javier Monsalvett) y, por otro, un poema-regalito, un
poema inédito de Pedro del Pozo que no aparece
recogido en el libro.
El libro se puede encontrar en las principales
librerías de Cádiz, Granada, Almería y Córdoba; en las
de Sevilla: LA FUGA LIBRERÍAS (C/ Conde de Torrejón,
1, Acc.1), EL GUSANITO LECTOR (c/ Feria, 110),
LIBRERÍA MAYMEN (Recaredo, 39), LIBRERÍA AMARANTA
(Pérez Galdós, 24), así como en el BAR LA SIRENAS
(Alameda de Hércules) y en el mercadillo cultural de
la Plaza del Pumarejo los sábados por la mañana; en
las de Madrid: LIBRERÍA MUGA (Avda. Pablo Neruda, 89),
ARREBATO LIBROS (C/ San Andrés, 12), EL BANDIDO
DOBLEMENTE ARMADO (C/ Apodaca, 3) y LA CENTRAL (Ronda
de Atocha, 2); en las de Barcelona: LA CENTRAL DEL
RAVAL (C/ Elisabets, 6), LA CENTRAL (C/ Mallorca,
237), Café-Librería-Galería LLETRAFERIT (C/ Joaquín
Costa, 43) y LIBRERÍA LAIE CCCB (C/ Montealegre, 5);
en Jerez de la Frontera en LIBRERÍA EL LABERINTO (c/
Santísima Trinidad, 15). Estamos aumentando poco a
poco los puntos de distribución. Este es un proyecto
modesto - eso sí, el libro ha quedado, creemos, muy
bonito- e independiente -es decir, financiado con
recursos propios, sin recurrir a ninguna ayuda,
subvención, institución o similar- que conjugamos con
las otras ocupaciones del colectivo y en el que
estamos apostando por vías alternativas en lo posible
para todo el proceso editorial.
El libro también se puede adquirir a través
de la dirección de correo-e:
librosdelaherida@lapalabraitinerante.com
Para cualquier información, duda o así, también podéis
dirigiros a esa dirección de correo-e.
Esperamos que os guste.
Muchas gracias por vuestra atención y vuestro
cariño.

Salud y poesía.

jueves, noviembre 03, 2005

el mundo roto (11)

trashtucada

Ya tenemos página web de Trashtucada, la banda más anfetamínica de estos pagos. Podríamos decir muchas cosas bonitas sobre su música, pero podemos decir cosas mucho más bonitas aún sobre todos y cada uno de sus componentes.
Síganle de cerca el rastro a estos chicos, señores.

miércoles, noviembre 02, 2005

hemos tenido que arrancarlas

El Gordo tiene un pequeño taller de electrónica donde no entran demasiados clientes, pero en realidad allí dentro ocurre de todo. Cuando llegamos y cruzamos la puerta suena uno de esos din-don electrónicos que te avisan de que algún capullo está entrando. El Gordo sale de dentro:
− Ah, sois vosotros, pasad, metedlas aquí detrás.
En el pequeño taller huele a cocaína fumada. Sobre el desordenado banco de trbajo donde se amontonan cables, clavijas, y polvo, hay un plato boca abajo y a su lado un tipo se esta fumando un pitillo nevadito. El Gordo ve su cara de contrariedad cuando nos ve entrar y le dice:
− Tranquilo, son colegas… Ponedlos aquí, joder, Pitu, te dije que los trajeras con las clavijas.
− Hemos tenido que arrancarlas. Se ve que en el hospital se están coscando de que faltan demasiadas teles. Las ponen atornilladas. Ahora hay que cortarles el cable.
El tipo del nevado dice que tiene que irse y el Gordo le dice que le acompañe al mostrador y allí le dará las pelas. Cuando nos quedamos a solas en el taller nos liamos un porro mientras oímos que el Gordo y el otro tipo discuten sobre algo. No es una discusión violenta, pero el tono de los dos es muy serio. No podemos oír lo que hablan, pero esta claro que el Gordo se trae entre manos algún trapi de los suyos. Cuando el tipo se ha ido, entra con cara de poco amigos. Nos da unos billetes y nos dice que está muy ocupado, que muchas gracias y que ya nos llamará para otro encarguito.
El Pitu y yo salimos por patas de allí y nos acabamos el porro andando por la calle. Parece que ahora llueve un poco más fuerte. Nos metemos en un bar y nos pedimos dos cervezas. Repartimos el dinero del palo y entonces yo le digo al Pitu que ésta es la última vez que lo hago, que no cuenta más conmigo, que estos palos no valen nada y que por este dinero no merece la pena.
− Quizás es que prefieres hacer negocios con tu amiguito el Negro ¿no? –me dice con ironía.
No le contesto. Doy un trago a la birra y decido cambiar de conversación.
− Oye ¿por qué coño me dijiste anoche que querías que tu vieja se muriera?
Ahora es él el que no quiere hablar. Hace un gesto con la mano como diciendo que pasa del tema y se lleva la cerveza a los labios. La madre del Pitu está en una silla de ruedas porque se cayó por las escaleras hace unos años. Su padre se fue y los dejó a solos, a él y a su hermana, con todo el marrón y es cierto que desde entonces la vida para ellos se les ha vuelto especialmente difícil, pero lo cierto es que lo que me dijo anoche me dejó un poco perplejo. Decido meterle los dedos.
− Mira, tío, si fueras tú quien tiene que bregar con tu madre, lo entendería, sería muy fuerte, pero lo entendería. Pero es que es la pobre de tu hermana la que se come casi siempre el marrón, así que no sé a qué vino eso de anoche.
− Mira, Guaqui, déjalo, no quiero…
− Porque tú no tendrás muchos motivos para quejarte ¿no? Vamos, digo yo. A ver, ¿cuánto hacer que no apareces por tu casa?
− Pues, mira, esta tarde mismo pensaba ir y quedarme unos días de tranqui con mi madre, y ayudarle un poco a mi hermana.
− Vaya, todo un héroe ¿después de cuánto tiempo sin aparecer, Pitu?
− Vete a la mierda, Guaqui, a ti no tengo que darte explicaciones de nada, joder.
− No, si no te estoy pidiendo explicaciones, joder, lo que pasa es que no debiste decir eso de que se muera la pobre de tu madre, tío.
− ¿Y tú quién coño eres para decirme lo que debo decir o no? Mientras que no me meta con tu madre déjame en paz, tío.
El Pitu se está alterando mucho, así que decido dejarlo ahí. Nos quedamos un rato callados, cada uno enfrascado en su cerveza y en sus pensamientos. Por el ventanal del bar se ve que arrecia la lluvia. La gente apresura el paso y un urgente tránsito de paraguas abiertos y coches con las luces encendidas proclama la llegada del enorme iceberg ceniciento de las nubes.
Huele a cemento mojado.
Oxígeno fresco inunda los hocicos de esta vieja ciudad.