martes, diciembre 20, 2005

la aventura más alucinante del mundo

En el pequeño despacho de la entrada, una pequeña oficina con unas mesas y un ordenador, está precisamente el tipo que me ha traído en el coche. No el parlanchín, sino el otro. El jovencito. Me ve entrar y me dice:

− Hombre, el despistado de la mochila. ¿Vienes a buscarla, no?
− Sí, se me olvidó, hay que ver, tengo la cabeza a las cuatro de la tarde, jejeje –río nervisamente.
− Estaba a punto de mirar por si había una cartera o un carnet o algo para localizarte.
− Pues no hay nada, sólo ropa sucia – nada más decir eso me arrepiento.

El tipo me lanza la mochila desde el otro lado de una de las mesas.

− Toma, y ten cuidado. La próxima vez puede que tengas menos suerte.

Me ha parecido notar un extraño matiz en la forma en que me ha dicho esa frase e incluso la media sonrisa que esboza me ha parecido sumamente siniestra. De todas formas, no me quedo mucho tiempo allí pensando sobre ello.
Doy las gracias, digo que estoy a punto de perder el autobús y salgo de allí por patas.

Quedan apenas tres minutos para que salga el autobús, así que con al mochila a la espalda bajo corriendo hacia la parada. Cuando llego jadeando la puerta está ya cerrándose, pero el conductor se apiada de mí y la abre. Entro de dos zancadas y, dándole las gracias, pago el billete. Camino hacia el fondo un poco asfixiado de la caminata. Incuso tengo un poco de calor. Vaya carrera he pegado para llegar a tiempo. Pero cuando me siento en el asiento y respiro con profundidad vuelvo a sentir la dicha colmando mi pecho. Ahora estoy mucho más tranquilo. Me parece estar viviendo la aventura más alucinante del mundo. Cuando cuente todo esto a los colegas nos vamos a descojonar. Tengo una historia fabulosa que quizás algún día, cuando sea viejo, contaré a mis hijos y a mis nietos.
Vaya aventura.
Lo importante es que todo está en su sitio Estoy a salvo en el autobús y tengo conmigo las pastis.
Agarro la mochila y la abro para besarlas.
Ahora sí que el corazón se me sale del pecho.
Sólo hay ropa sucia.
Nada más.

8 Comentarios:

Blogger ana dice...

Ooooooooooooosssssstia!!!!

1:02 a. m.  
Anonymous Ana SS dice...

Pom, toma ya! Lo sabía te juro que lo sabía y aún así me sorprende. Qué punto más bueno.Está saliendo genial!Lo mejor de todo es que haces al lector cómplice del "delincuente", estamos tós sufriendo por el Guaqui y con ello se está relativizando ese estado de inocencia social que muchos creemos tener.Los inocentes son culpables y los cumpables inocentes. La sátira es muy muy buena.Kartetieneijho!

11:07 a. m.  
Blogger David Franco Monthiel dice...

ajajaajajjaj!
muy bueno

11:45 a. m.  
Blogger inwit dice...

Joder, cómo te pasas... No creo que sea de rigor suponer que los representantes de las fuerzas del orden del estado puedan infringir las leyes de que el propio estado se dota... no sé, no sé, me parece un poco arriesgado...

2:11 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Veo al Negro contratando al Pitu tras haberse cargado al Guaqui...:p.

3:44 p. m.  
Anonymous mochuelo dice...

ya decía yo, cuando empezaba a leer esta nueva entrega, que todo ocurría muy rápido y muy fácil... menos mal que nos hemos encontrado con otra zanja; si no, me habrías decepcionado...

y coincido, éste Guaqui no sale entero después de esta...

3:55 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

¡¡japuta SS: dió en el clavo!!

3:58 p. m.  
Blogger perfevilloso dice...

Pos como la ropa sucia fuera la de mis calcetines, seguro que se cosca antes de subir al autobús. Y el Chapa sabe lo que digo, jejeje...

12:15 a. m.  

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