martes, noviembre 22, 2005

alcaloides

El viernes a mediodía, me llama la Ana. Hacía mucho que no oía su voz. De repente, he creído que me llamaba por el Pitu, que iba a preguntarme por él o algo así, pero no. Su tono risueño y la forma en que hemos estado un rato preguntándonos el uno por el otro me ha dado la impresión de que es una llamada de buen rollito. Y así ha sido. De hecho por quién en realidad me preguntado es por el David. Me ha encargado que le diga que le espera en “La Menta” esta noche. Su llamada me he alegrado mucho, no sólo por saber de ella después de todo este tiempo, sino porque deduzco que ha dejado al pijo de su novio y quizás quiera hacer las paces con David. Si Ana regresa a su lado seguro que lo saca del agujero. Me da la impresión, en realidad, de que sólo ella puede hacerlo. Así que, cuando cuelgo, los frágiles rayitos de sol que se cuelan entre los jirones de las nubes parecen querer alumbrar expresamente el fondo de mi pecho.
Así que esa misma tarde me paso por el piso para avisar a David de la buena nueva. Paso un rato charlando con él y con el Gafas en el piso y luego salgo de marcha.
Ya de noche, en “La Indiana” me los encuentro a los dos. A Ana y a David, los dos juntos, como en los viejos tiempos. Ana está tan guapa como siempre y me parece que David sonríe como nunca. No puedo evitar sentirme eufórico de verlos juntos de nuevo. Los invito a farlopa, los invito a unos cubatas, mi amigo está con la mujer que siempre se mereció, mi amiga está con el hombre que fue creado para ella, que no falta de nada esta noche. Nos reímos mucho los tres metidos en aquel pequeño servicio preparado las rayas. Ana dice que la deje a ella hacerlas y por poco derrama la mitad de la papela con el carné. Nos reímos como hace mucho que no lo hacíamos. Siempre me ha parecido que cuando Ana David están juntos, el aire alrededor de ellos parece hecho de cristalitos azules que no se ven pero se sienten. Joder, hacen una pareja especialmente mágica.
Luego nos pillamos un taxi y nos vamos a “La Factoría”, donde unos coleguitas dan un concierto. La nave está atestada de gente que no quiere perderse a la banda. Aún no son un grupo muy famoso, pero los Bongocrash están comenzando a dar que hablar. Tengo un subidón de mil demonios así que me acerco a primera fila a saltar y a sudar. Esta música es cojonuda, anfetamínica y brutal. Todo el mundo baila enloquecido. Allí me pierdo definitivamente de Ana y de David. Supongo que no estarán para mucho jaleo y preferirán algo más tranquilito donde beber y charlar. No me preocupa ya. La operación retorno parece a punto de cerrarse con éxito. Estos dos van a hacer las paces. Lo sé. Brindaré de nuevo por ellos.
Vuelvo mi corazón hacia el escenario. Un escalofrío de placer me sube desde la garganta a la cabeza. La música me golpea el corazón y los oídos.
Nado feliz en un charco beato de ruido y de alcaloides.

3 Comentarios:

Blogger inwit dice...

Joer, qué guapo ver las cosas desde ópticas tan diferentes... Me lo paso de muerte...


Cosas:

- "quien" va sin tilde, en "De hecho, por quien en realidad me ha preguntado...", no?

- "Siempre me ha parecido que cuando Ana y David están..."

- "que no falte de nada esta noche"

10:14 a. m.  
Blogger ana dice...

Y va a resultar que en el fondo es usted un romántico!! ;)
Besos mil... y promesa de hacer la tarea!

2:15 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

gracias, inwito, correcciones subidas.
ana, pues claro que lo soy. Y ya leo tu seleección...

12:47 a. m.  

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