martes, octubre 25, 2005

on the road again

Querida gente:
Como ya adelanté en algún comentario anterior, esta semana estaré en la pequeña y bonita ciudad de Linares, en Jaén, enfrascado en un taller de narrativa en la biblioteca.
Esta ciudad es un lugar animoso y vivo. Estoy en una pequeña pensión de este casco antiguo donde aún resuenan con claridad los ecos de un pasado nobiliario por entre fachadas y edificios. El pequeño centro urbano, con sus calles peatonales y sus anchas aceras, es un agradable sitio por el que deambular sin rumbo.


Para colmo, el gran David Eloy, que estuvo por aquí hace cosa de un año impartiendo un curso de poesía, ha dejado un rastro de cariñitos y complicidades que ahora yo me encuentro a cada paso. Así que será una buena semana.
Eso sí (y para eso este post): ya os adelanto que hasta que no regrese a casa la semana que viene no podré adelantar nada de "Los gatos". De todas formas, esta vez tengo el acceso a la red más fácil que cuando estuvimos en La Puebla de Guzmán (¿recordáis?) así que estaré atento a la familia bloguera e iré dejando alguna constancia de este periplo linarense.
Besos para to el mundo.

7 Comentarios:

Blogger Juan Antonio Bermúdez dice...

Pues estoy seguro de que usted lo pasará en grande y también dejará (y le dejarán) huella en esta nueva semana itinerante. Y si le queda tiempo para una excursión a Baeza (que queda a tiro de piedra), tómese algo a la salud eterna de don Antonio Machado en el café que hay en la parte alta de la plaza principal, al principio de los soportales, a la sombra de un alminar. Para mi gusto uno de los más bonitos del mundo mundial. Abrazos

2:20 p. m.  
Blogger David Franco Monthiel dice...

Espero que lo pases de lujo. Qué buenos talleres itinerantes, dios mío!
Parece que no estará usted en lo de los borrikillos, no? Bueno, le echaremos de menos mucho.Bezos para usted, chapa

4:38 p. m.  
Anonymous Nobody's boy dice...

Maravilloso, espero que lo disfrutes :). ¡Por fin me compré el Bombero de Pompeya! Besos.

4:53 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

JUAN ANTONIO: tomo nota de la visita machadiana. También quisera visitar Úbeda, donde pasé un año en mi infancia más temprana.Pero dependo de los horarios de autobuses y a ver cómo logro compaginarlos con las clases. Ya veremos. Aunque me pinta usted Baeza de tal modo que cualquiera se resistiría...
DAVID: No podré ir a lo de los borrikillos, me da mal rollo pues me encantaría estar allí (y además verte a ti, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero). Pero no podrá ser. Qué vamos a hacerle. Reparte besos con lengua por todos los asnales hociquillos, incluido el Guti y, por supuesto, aunque yo no esté, espero que mi alma revolotee sobre las aguas.
BORJA: Lo disfrutaré, al igual que espero que disfrutes tú ese Bombero, Besísimos.

11:40 a. m.  
Blogger Antón dice...

Tras leer el comentario de Juan Antonio Bermudez y otros sobre Baeza, se me ha ocurrido pegaros un precioso cuento que hace referencia a Baeza y Machado, y que aparece en el libro Este Sol de la Infancia, escrito por Saiz de Marco en editorial Acumán. Se titula precisamente BAEZA:

Apenas le interesaban la literatura y la filosofía. Sólo coincidía con él en su pasión por la naturaleza y en el desaliño indumentario. Sus conversaciones trataban sobre todo de árboles y plantas. Le asombraba que un profesor de francés supiera tanto de álamos, acacias, encinas, olmos... Le oía como a un entusiasta de la botánica. Eso decía, aunque yo no me lo creo. En medio, alguna alusión dolorida a Leonor, su desplome reciente. Entonces era sólo un compañero de claustro que componía versos, no el escritor afamado que fue después. Me contó que le había dejado ver algunos de sus poemas, escritos a mano, parte de los cuales apareció luego en la segunda edición de Campos de Castilla. También decía que una vez leyó una frase cenital, un verso suelto en una hoja suelta, entre sus papeles. Tuvo que ser antes de 1919, fue entonces cuando dejó aquel Instituto. Eso significaría que dispuso de veinte años para continuar el poema, pero no lo hizo. Puede que no quisiera seguir, que no encontrara palabras a la altura del inicio; o puede que, simplemente, sea un epílogo acabado, completo e inédito durante dos décadas. El verso al que se asía en el último derrumbe, “estos días azules y este sol de la infancia”.

9:43 a. m.  
Blogger Antón dice...

Precioso cuento, de veras

7:18 p. m.  
Anonymous Regina dice...

Mensaje para Rafi: ¿en qué librería se puede comprar el libro que mencionas?

3:28 p. m.  

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