sábado, octubre 15, 2005

el sol del invierno hierve

He tenido sueños inquietos. Es media mañana, estoy aún en la cama y la Viki ya se ha ido al curro. El piso está vacío y las persianas están todavía echadas. No sé porqué anoche finalmente decidí venir de nuevo aquí, a pasar la noche con ella. Aunque quizá sí que lo sé. Creo que cada vez que me siento un poco asustado o perdido o simplemente aburrido, prefiero tener a la Viki cerca. Es una tía tan cobarde, tan débil y tan necesitada de cariño que a su lado no dejo nunca de sentirme un tipo fuerte, por más que, como ahora, los nervios y las dudas me estén despellejando el estómago. Viki y yo somos conscientes de que nos usamos impunemente desde que nos conocimos hace años. Hemos pasado épocas en que hemos dormido juntos casi a diario, casi siempre aquí en su piso. Luego, sin motivo, hemos pasado meses sin vernos ni saber el uno del otro. Nos atraemos y nos repelemos sin motivos. Nunca se me ocurriría tener como pareja a alguien como Viki. Está loca. Es una jodida paranoica, pero saber que ella y su piso están ahí como una madriguera caliente y sosegada me hace sentirme bien. Nunca hemos hablado de ello, pero creo que a ella le ocurre algo parecido conmigo. A veces las personas somos animales extraños.
Mientras me visto los recuerdos de la tarde anterior vuelven a mi cabeza. Aún siento el nerviosismo de la escena en la playa: la cara de aquel tipo farfullando con el cañón en la boca, y la mandíbula cuadrada y feroz del Negro agarrando la pipa con los ojos encendidos de furia, siguen pegadas en el revés de mi frente como una calcomanía. Nunca antes había visto una pistola y jamás imaginé que el Negro llevara una encima. Ni que fuera capaz de hacer con ella lo que le vi hacer. Siento de pronto ganas de echarme atrás, como si el miedo estuviera atándome los pies. No sé si todo esto me viene grande. No sé exactamente dónde me estoy metiendo. No sé exactamente para qué hago todo esto. No sé si intento demostrarme algo a mí mismo. O quizás demostrárselo a alguien. Luego trato de justificarme diciéndome que lo hago por las pelas, que en este mundo cada uno debe valerse por sí mismo y que, tal y como están las cosas, no voy a encontrar una manera mejor de ganarme los billetes. Ni mejor ni más rápida. Salgo a la calle y el sol del invierno hierve en mitad de un cielo sarnoso y azul.
Lunes. Media mañana.
Creo que es el momento de dejarme ver por el piso.

4 Comentarios:

Blogger el que deambula dice...

Más, más, más... Me está gustando mucho todo lo que vas colgando, la acción por supuesto, pero sobre todo esas metáforas tan geniales como la del cielo sarnoso.

Espero que vengas pronto por sevilla. A Juan Antonio tuve el gusto de conocerlo personalmente el otro día en el Parque del Alamillo. A ver si llega el momento también en que te conozca a ti. ¿Aparecerás por la Fundación Caballero Bonald? Si es así y es pronto, no me lo pierdo.

Besos, hermano.

1:27 p. m.  
Anonymous Nobody's boy dice...

¿Cómo fue lo del Alamillo? ¿Salió bien la presentación de "Más poemas para dejarse llevar"?

4:26 p. m.  
Blogger ana dice...

Hay pocas veces en las que las personas no somos animales extraños.
Me sigue encantando!
Besazos.

7:38 p. m.  
Anonymous mmori dice...

Esto sigue marchando, alternando diálogos y acciones con reflexiones de los personajes... me gusta esta variedad de estilos y punto de vista!!!

12:00 p. m.  

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