jueves, septiembre 22, 2005

un tipo borracho tratando de pedirle una copa a la camarera

La noche ha sido larga y corta. Hemos estado cerrando bares de un sitio a otro. Hemos acabado en una nave donde celebraban una rave. Un sitio desangelado y oscuro pero donde los corazones hierven con la química y la música atronadora que sale de los bafles. He ido a la barra a tomar la penúltima y me encontrado a un tipo borracho tratando de pedirle una copa a la camarera. Apenas puede tenerse en pie, tiene el pelo largo y despeinado. Esos vaqueros ajustados. Ese abrigo horrible. Esas botas. Esa forma de farfullar. Inconfundible. Ese tío no tiene remedio. ­

- Hola, Davilito... – le digo.

Él vuelve la cabeza hacia mí. Le brillan los ojos justo en medio de esa cara de borracho perpetuo que tiene últimamente. Tarda unos cuatro segundos en reconocerme. Entonces se ríe y me abraza balbuceando:

- Tío... Guaqui... tus muertos... ¿qué coño haces aquí?

Entonces se vuelve hacia la niña de la barra y le habla con torpeza.

- Mira... tía... este colega... es mi amigo... ¿qué digo amigo?... mira, tía... yo es que vivo con... este tío... es mi compañero de piso... es como mi hermano… así que si no te crees que tengo dinero... el Guaqui responde... joder...


- ¿Qué es lo que pasa? – le pregunto a la chica.
- Que tu amigo lleva toda la noche bebiendo y no ha pagado nada.
- Tranquila, tía... ya te he dicho que... al final te lo pago todo... que te juro… que tengo pelas, tía... joder... – la voz de David es un muelle oxidado.
- Pues paga y te sigo sirviendo.
- Joder, tía… qué pasa… ¿no te fías de mí?... si te digo que tengo es que…

El David está a punto de derrumbarse de la trompa. Lo agarro de un brazo y le digo:

- Estás demasiado borracho, David. Deberías irte a casa.
- Vete al... carajo, Guaqui... venga... te invito... ¿qué... quieres?
- Pero primero que pague –dice ella– Aquí tiene ya un cuentón, hasta que no pague no le pongo ni una más.
- Tú déjamelo a mí –le digo a la chica­­– Oye, David ¿tienes dinero o no?
- Claro que sí... joder.... claro... –y saca del bolsillo del abrigo un manojo de billetes arrugados
- Venga... qué quieres... te invito...

Le echo cariñosamente el brazo sobre el hombro y le intento convencer para que deje de beber y se vaya al piso, que está demasiado borracho para andar por ahí. David me da un manotazo y me dice que no soy su padre, que si quiero beberme con él una copa que cojonudo pero que si no me deje de rollos y me vaya a la mierda. No entiendo como un tío como el David puede ponerse tan borde y agresivo cuando está borracho. Lo conozco bien, así que sé que es mejor no insistir. Le miro y le digo sonriendo.

- Vete a la mierda.

Y me voy.