viernes, septiembre 09, 2005

tengo que dormirme y soñar y luego despertar y que nada de esto haya pasado

Desde una cabina he llamado a Tere pero me dice que su teléfono no está operativo. Estoy confusa y asustada. Tere me metió en esto y ella conoce a Arturo. Tengo que hablar con ella. Sólo ella puede explicarme qué es todo esto. Qué está pasando. Así que decido ir a su casa a buscarla.
Camino entre gente de cartón. Al pasar por la puerta de un colegio, oigo las risas y los gritos de los niños. Tengo que dormir, dormirme y soñar y luego despertar y que nada de esto haya pasado. O quizá sin despertar. Dormir, encerrarme a oscuras en mi cuarto y dormirme. Alguna gente me mira a la cara. Debo llevar los ojos enrojecidos. La respiración agitada. El paso nervioso. Hubo un tiempo en que venía mucho a casa de Tere, incluso me quedé a dormir muchas noches. Pero ya hace algún tiempo que no aparezco por aquí. Es un patio viejo, con vigas de madera, portal oloroso a humedad y a vejez, y un puzzle de viejos contadores de la luz sobre tablas de madera. Macetas y husillos. Lozas desgastadas. Puntales aguantando la techumbre del fondo. Un gato se me cruza en la escalera. Llego a la puerta y llamo. Me abre su madre. La miro a la cara y ella me mira a mí. Esa mujer ha llorado mucho más que yo. Está despeinada y las tiene ojeras tenebrosas de quien lleva mucho sin dormir.

— Hola, Rosario ¿Está Tere?

Y entonces, de repente, ella se abraza a mí y se echa a llorar. Luego, bebiéndose sus lágrimas, me dice que ha desaparecido, que si yo sé algo de ella, que lleva desde el viernes sin aparecer, que le ha pasado algo, que si sé algo de ella… Le digo que no, que precisamente venía a buscarla. Ella me dice que salió a media mañana y que no ha vuelto. Mientras me habla y llora, la histeria la va dominando. Mi corazón se ha acelerado. Siento miedo, mucho miedo. Ahora sí que todo de repente me parece un sueño. Un mal sueño. Pero trato de aparentar serenidad ante aquella pobre mujer desesperada.

— Tranquila, Tere ya es mayorcita…
— ¿Dónde esta mi niña? ¡¡Dónde ESTÁ MI NIÑA??
— Bueno, tranquila, Rosario, no es la primera vez que Tere se va unos días
— No, no es igual Otras veces ha discutido con su padre. Pero ahora no. Ahora están los dos mejor que nunca. Algo le ha pasado a mi niña. Ay, virgencita ¡¡DÓNDE ESTÁ MI NIÑA??
— Por favor, Rosario, tranquilícese usted, que ya verá cómo aparece.
— Ni ropa ni nada, no se ha llevado nada. Alguien la llamó por teléfono, dijo que salía y no ha vuelto, hasta el ordenador ése de su cuarto lo ha dejado encendido, que ni lo he tocado en estos días. Algo le han hecho a mi niña, ¿¿qué le han hecho a mi niña?? Ay, virgen santa ¡¡DÓNDE ESTÁ MI TERESITA??

3 Comentarios:

Blogger Miada dice...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

12:11 p. m.  
Anonymous Lexatin dice...

Perdone Vd. por lo de "prosa cursi y florida". Mi opinión es que los mejores párrafos de su novela son los que huelen a canalleo portuario gaditano, madres artriticas, chicas perdidasy sin depilar, camellos sin virilidad, paro y sexo dulce sobre muelles oxidados.
Es interesante que alguien intente atrapar la poetica decadencia de esa ciudad.

3:32 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

Nada que perdonar, amigo. Precisamente el reto (y quizás el sentido de la novela) estaba en retratar la decadencia del cádiz "teófilo" (principalmente decadente para la peña joven) con una prosa estilizada o "florida" (el riesgo de lo cursi siempre está cuando se anda por estos territorios estilísticos).
Repito: nada que perdonar, Lex.
Aquí tiene usted su casa.
Besos.

4:16 p. m.  

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