martes, septiembre 20, 2005

que sólo estén de paso

Todos los polígonos industriales del mundo son iguales. De día pero sobre todo de noche. Hay farolas blanquecinas. Naves enormes cerradas. Las máquinas descansan. El dinero dormita. Detenemos el coche frente a un taller desvencijado. Por debajo de la puerta de hierro amarillea una luz. El Negro se baja y nos dice que esperemos.

- Dame la mochila.

Se la doy y cierra la portezuela con un golpe seco. Un reguero de hormigas eléctricas me sube y me baja por la espina dorsal. Estas pastillas están muy buenas. Ya lo creo. Se aproxima el Negro a la entrada del taller y la golpea con la palma de la mano abierta. Las llamadas resuenan amplificadas por el enorme techo de chapa de la noche. Se abre una pequeña puerta lateral y el Negro entra. El Pitu y yo nos quedamos callados esperando.

- Pon la radio, Guaqui... y enciende la luz, que voy a hacerme un porro.
- La radio vale, tío, pero de encender la luz nanai...
- Joder, ¿no querrás que me haga el porro a oscuras? No veo un carajo...
- Es un cantazo encender la luz aquí en medio, tío ¿no te das cuenta?
- Joder, ¿quién va a estar a estas horas por...?

Nos callamos en seco. Un coche con unas luces azules acaba de aparecer allí al fondo, en la rotonda. Casi contenemos la respiración. Joder, los picoletos. El corazón se nos acelera en el pecho. Empezamos instantáneamente a sudar.

- Tío, nos han pillado, esto es una encerrona.
- No, tranquilo, no hagas movimientos bruscos, disimula...
- Mierda. Nos estaban esperando, es una encerrona, nos van a pillar...
- Tranquilo, joder, no te pongas histérico, igual están de ronda y pasan de largo...
- ¿De ronda? Sí, justo por aquí y ahora ¡no te jode! Vienen a por nosotros.
- Calla, tío, ni te muevas.

El vehículo se queda un momento quieto en el cruce. Deben estar mirando nuestro coche, aparcado sospechosamente en la oscuridad. Joder. Por favor, que no vengan a por nosotros. Que sólo estén de paso. Que piensen que somos una pareja pelando la pava, por favor, ahora no, que no vengan... Unos segundos que parecen helarnos por dentro y, de repente, el coche se pone en marcha y desaparece hacia la izquierda.

- ¿Ves? Te lo dije, tío, están patrullando y han pasado de nosotros.
- Lo que sea, tío, pero el Negro debería terminar ya.
- Eso sí que es verdad. Venga, Negro, tío, acaba ya...

La cosa ha sido rápida, apenas cinco minutos pero aquí dentro del coche, con el fantasma de la benemérita aún rondando nuestros ojos, nos han parecido eternos. Se nos ha bajado hasta el colocón. Ni la radio ni el porro ni nada. Hay un silencio de nervios estirados. Calla cada uno para sus adentros, con sensaciones extrañas, químicas y contradictorias, transitando por nuestros pechos. Y es entonces cuando respiramos un alivio espeso al ver que el Negro sale de la puerta y monta en el coche.

- Vámonos de aquí, tío, rápido, hay un coche de los picolos rondando por ahí.

Y hasta que no salimos del polígono y entramos por las luminosas venas hinchadas de la avenida no respiramos del todo tranquilos.

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dice...

Deberiamos hacernos pagar por cada subidon bajado por su culpa, que no?.

Patàn

2:27 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

jajaja patán eres un hacha
besos

10:17 p. m.  

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