domingo, septiembre 04, 2005

el bidón volcado que es su morada

Nos montamos en el enorme coche de ellos y salimos a rodar por carreteras comarcales picadas de viruela y del color de las nubes de la lluvia. Cuando llegamos y bajamos del coche, la supuesta manifestación, evidentemente, ya hace mucho rato que ha partido. Una sierra verde y marrón se extiende ante nosotros. El aire está limpio y helado. El esqueleto de un perro, encerrado en un saco de pellejos sucios, nos ladra saliendo del bidón volcado que es su morada. De una casa desconchada, con parras secas y macetas cabizbajas, sale un viejo más triste quizá que su perro. Le preguntamos por la gente de la manifestación y con sus fonemas mellados nos dice que no hay pérdida y que si seguimos el camino que sube llegaremos en un rato al monasterio. Nubes negras, oxidadas, pintadas al óleo, se recortan sobre los peñascos más altos. El camino no es difícil, pero no tardamos en notar las piernas cansadas de la subida. Todo huele a séptimo día de creación, cuando dios se sentó y miró lo que había creado y vio que era bueno.
David va demasiado callado. El buen rollito del desayuno parece haberse diluido entre estas nubes de borrasca. Le están dando ya uno de esos terribles bajonazos suyos. Estoy segura de que ya está arrepentido de haberse apuntado a esta excursión. Sé que odia el campo. Sé que odia caminar. Sé que sólo está aquí por estar conmigo. Quizás no debí haber dicho que viniéramos. María José y su marido no dejan de hablar entusiasmados, de contarnos cosas sobre las ruinas del monasterio al que vamos o sobre los arbustos extraños que nos vamos encontrando por el camino. Yo trato de seguirles la corriente como buenamente puedo, pero David va callado y con cara de pocos amigos. Siempre igual. Del subidón a la bajada, de la sonrisa al mohín, de la fiesta al funeral. De la euforia a la depre. Todo de golpe. Los volantazos bruscos de su carácter me matan. Es lo que no puedo soportar. Así comienzan siempre nuestros problemas. David, el ángel de la luz y David, la culebra de las sombras. David Jekyll y David Hide. Su puta madre.
Y allá abajo, en el pequeño valle verde está el monasterio. La gente ya está almorzando. Nos unimos al grupo. Hay muy buen ambiente. Todo el mundo comparte sus viandas. David parece que va de mal en peor. Apenas come nada y no deja de fumar. Trato de hablar con él mientras miramos estas ruinas vetustas y desgastadas. Pero está claro que no tiene muchas ganas de hablar. Comienzo a estar realmente arrepentida de estar allí. Quizás de estar con él. Vuelvo a pensar en Juan Carlos. ¿Por qué las cosas han de ser siempre tan complicadas y confusas? El cielo es gris y burlón. Cuando, a media tarde, volvemos caminando en busca de los coches, me quedo rezagada con David, buscando las palabras para decirle que lo nuestro es imposible, que ya lo sabemos los dos y que no se haga ninguna ilusión, que nada ha cambiado, que aunque haya necesitado verle y estar con él para revivir los viejos tiempos, no pienso volver con él. Pero no encuentro palabras. Las palabras son como las nubes: nunca tienen la forma que deseas ver. Sólo cuando no piensas en nada y las miras sin motivo, de pronto, toman la forma exacta de las cosas que deseas.
Luego comienza tímidamente a llover y luego aprieta el chaparrón y tenemos que aligerar el paso. Finalmente empieza a diluviar con verdadera furia así que todos echamos a correr, y el campo, a nuestras espaldas, se va convirtiendo en una velada fotografía de bosque susurrante, piedras resbaladizas y desbaratados monasterios del color de la ceniza.

6 Comentarios:

Blogger totito dice...

¿Tiene nombre? Creo que todos esperamos que termines de parir la novela muy pronto para poder dirfrutar con ella entre nuetras manos igual que ahora la vivimos en nuestras pantallas.
Todo un honor que me sigas, quizás algún día aprenda a escribir.
Un abrazo.

9:50 p. m.  
Anonymous mmori dice...

Y es que eso de hacer cosas por los demás está poco recompensado, que en ocasiones es un sacrificio de los de verdad, de esos de los tiempos antiguos...

3:19 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

TOTITO: Sí. Se llama "Los Gatos". Estoy a puntito de acabarla. Besos.
MORI: No comprendo tu frase del todo, hermano. ¿Poco recompensado hacer cosas por los demás¿ ¡pero si en el cole me enseñaron qoe se gana uno el Reino de los Cielos, jejeje! besos.

8:16 p. m.  
Blogger malatesta dice...

Quizás me equivoque, pero si te has basado en un monasterio real creo haberlo reconocido en uno que nos llevaron a visitar en la sierra en 1º de BUP. Había que caminar un buen rato por la cresta de unas lomas, divididas por un alambrado, y luego bajabas hacia la derecha a un edificio en ruinas cerca de un riachuelo. No recuerdo el nombre.
"Fonemas mellados". Ahí le has dao.

9:47 p. m.  
Anonymous Yto dice...

El monasterio de El Cuervo.

2:44 a. m.  
Blogger garcía argüez dice...

bingo!

5:15 p. m.  

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