martes, septiembre 06, 2005

cuidado, cuidado, señorita!!!

Estoy en un trapecio y debajo hay una piscina llena de pirañas. Pero luego las pirañas ya no son pirañas sino estrellitas que tiemblan y la piscina ya no es piscina, sino que es un agujero enorme y negro. Suena música de circo y allá que estoy yo balanceándome. No sé hacer nada sobre el trapecio, pero debo disimularlo porque todo el mundo me mira. Así que me dejo caer, porque la gente comienza a impacientarse y entonces estoy en la cama, pero aún no he despertado. De pronto estoy de pie y voy caminando por la calle, pero no hay nadie. A ambos lados hay escaparates luminosos y dentro de ellos hay gente cuyos rostros no conozco, pero cuyas voces sí, aunque no sé de quién son. Siento ganas de entrar porque hace frío y tengo hambre y también un poquito de miedo. Veo a través del cristal a la gente comer y beber y reírse y por más que miro, no veo ninguna puerta. Un gato cruza la calle y trato de seguirle, porque me ha dicho algo que, aunque no he llegado a entender, sé que era importante. Pero al doblar la esquina ya no veo al gato sino que estoy a la orilla de un lago enorme y precioso. Juan Carlos está sentado sobre la hierba de la ribera. Me acerco sonriendo y él me sonríe a la vez. Y entonces vuelven las pirañas y ya no estoy en el lago, sino de nuevo en el trapecio. Un payaso me grita desde el suelo, allá abajo. “Cuidado, cuidado, señorita”, pero yo no digo nada y cierro los ojos mientras oigo un ruido extraño que tardo en reconocer. Las pirañas chasquean sus pequeños dientes de cristal.