sábado, septiembre 03, 2005

con él sería capaz de irme a pasear por un campo de minas

En la penumbra de la alcoba, la media mañana ha instalado ya sus estandartes. No he dormido del todo bien. El cuerpo desnudo de David es como un motor en marcha que desprende calor. Pero no he dormido bien. Ha estado lloviendo y luego ha dejado de llover y luego ha vuelto a llover de nuevo. Una extraña asimetría de crujidos en el cristal de la ventana. Me siento triste porque sé que esto no lleva a ningún sitio. Ha sido una noche mágica. David es un gran tipo. Lo quiero mucho. Pero esto no va a ningún sitio. Sé que este callejón no tiene salida. Ha quedado demostrado muchas veces antes. ¿Lo sigo queriendo? Creo que sí, pero esto no va a ningún sitio. Es más, creo que David es el hombre de mi vida. No he conocido jamás a alguien como él, ni lo conoceré. Pero yo no podría vivir con él. Ni yo ni nadie. No debo engañarme. Nos conocemos bien. Esto no puede ser. Esta dicha no dura nunca. Ya lo sabemos. Los dos. Tengo que decírselo antes de que sea tarde. En el fondo se que él es un romántico empedernido y ya está haciéndose ilusiones. Pobre David. Lo abrazo y siento su cuerpo como el de un gato que ronronea. Me encanta estar con él, pero esta mañana la imagen de Juan Carlos vuelve a mi cabeza con la insistencia de la lluvia. Se despierta y nos acariciamos hasta hacer resbalar un cuerpo sobre el otro. Acaricio su espalda, lo lamo como una gatita en celo. Dios, David, cuánto te quiero, cabrón. Digo en silencio mientras gimo. Pero él no me oye. Luego me levanto, de nuevo confusa y con prisas me visto y le digo que tengo hambre y que vamos a desayunar. En la cocina ya está Maria José preparando la mesa. Su marido está en la ducha.

— ¿Qué tal habéis dormido?
— Genial

Luego desayunamos los cuatro alrededor de la mesa. Nos reímos mucho mientras comemos. Estamos de buen humor. David es el que lleva peor la resaca. El muy cabrón se emborrachó mucho más que nosotros. Creo que él solito debió de beber más que nosotros tres juntos. Bromeamos y hacemos chistes sobre su mala cara. Reímos. Algo oscuro y neblinoso, sin embargo, no deja de crecer dentro de mí. María José nos pregunta si tenemos algún plan para hoy:

— No sé. No sabemos. ¿Alguna propuesta?

Al parecer, tienen pensado ir de excursión a las ruinas de un monasterio medieval que hay en mitad de una finca enorme. Un grupo de ecologistas ha organizado para esa misma mañana un paseo hasta allí para protestar por no sé qué de un coto privado o algo así. Ya deben estar allí, pero si nos damos un poco de prisa, aún podemos alcanzarles para almorzar juntos en el campo. Aquel lugar debe estar precioso con este tiempo lluvioso. Miro a David. ¿Vamos? Me dice que sí.
David sería hoy capaz de venirse de la mano conmigo a pasear por un campo de minas.

4 Comentarios:

Blogger malatesta dice...

¿Ya está publicada, o la estás dejando caer en orden en el blog?

1:46 p. m.  
Anonymous nat dice...

cada vez me gusta más. dos pares de ojos, dos estados de ánimo, dos géneros, dos historias... y una misma emoción en un momento de esos cualquiera que sólo se comprenden si uno está dentro.

y nos haces estar dentro.

7:07 p. m.  
Anonymous Poeta en resistencia dice...

Me quito el sombrero que no tengo, maestro (acaso la cabellera): una obra de arte. A ver cuándo la publicas.

Borja.

7:11 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

MALATESTA: No está publicada. Ando terminándola y estoy colgando en esta tu bitácora (sin mucho orden, la verdad, así que por eso estoy linkeando unos fragmentos con otros) los trozos que me parecen ya más presentables. Espero acabarla en breve. En ello estamos...
NAT: qué bien verte por aqui. Y más si me dices esas cosas tan bonitas. No son dos historias, realmente son tres que se entrelazan. Gracias y besos.
BORJA: El tema de publicar de momento ni mencionarlo. Primero uno termina de escribir, luego corrige, pule, lija y pinta, y luego ya veremos. Así que ya sabes (:-P) Besos.

8:09 p. m.  

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