jueves, agosto 25, 2005

Tengo la regla y cientos de peces nadan a mi alrededor queriendo entrar dentro de mí

Todo está inundado. Estoy dentro de un palacio enorme, agarrada a una tabla. Todo está inundado. Las escaleras de mármol se hunden como si condujesen a una oculta galería submarina. Floto sobre el agua. No tengo miedo, pero no puedo hacer nada. Sólo floto a merced de las aguas agarrada a esto que por momentos es un tronco y por momentos el trozo de algún mueble. Extrañas corrientes me mueven por aquellos enormes salones. Atravieso las puertas abiertas y una sala conduce a otra sala. Desde la pared, seres extraños me saludan desde los cuadros. Debieron ser duques y marquesas, muertas pero vivas. Los techos están llenos de pinturas extrañas y de suaves colores. Se oye un ruido de gotas que caen, pero no las veo. Creo que estoy buscando de dónde sale todo esta agua. Por una claraboya que hay en el centro de una cúpula que corona en salón, se asoma un policía o un bombero o un militar, no llego a verlo claro, y me pregunta si he cerrado ya el grifo. Pero yo le respondo que no sé de qué grifo me habla y que aquí no se ve nada. Le digo que sí que se oye un sonido de gotas y entonces el cura, porque ahora es ya un cura, me dice que debo rezar porque si no nunca dejará de llover. Pero lo cierto es que no llueve. Entonces me pregunto si toda esta agua será dulce o salada y tomo un poco en la palma de mi mano y me la llevo a la boca. Es agua salada. Muy salada. Y es entonces cuando me entra el miedo. Comienzo a notar que hay peces allí y siemto cómo empiezan a rozar mis muslos. Porque estoy de nuevo desnuda y veo cómo empiezan a llegar peces y peces, todos a mi alrededor, como atraídos por mis piernas. Comienzo a dar manotazos en el agua para apartarlos pero cada vez hay más peces. Intento protegerme mi entrepierna con la palma de la mano y es entonces cuando noto que estoy sangrando. Dios. Tengo la regla y cientos de peces nadan a mi alrededor queriendo entrar dentro de mí. Siento que el miedo empieza a vencerme, empiezo a gritar mientras palmoteo con furia inútil las aguas que parecen hervir de peces. Entonces es cuando, entrando en el salón por la puerta principal, veo la enorme aleta negra del tiburón.

Me he despertado asustada y he tardado varios segundos en descubrir que estoy en mi cama y que es la hora de levantarse.

8 Comentarios:

Anonymous Trinity dice...

De verdad que estoy flipando con esta historia, enhorabuena y adelante.

12:09 a. m.  
Blogger el que deambula dice...

peces, agua, palacios, curas... ¡Qué miedo! Un abrazo.

12:54 a. m.  
Blogger ana dice...

Me está dando miedo... yo también me he sentido alguna vez así!!

2:14 a. m.  
Blogger ana dice...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

2:15 a. m.  
Blogger garcía argüez dice...

Ahora que caigo...si tú también te has sentido así, todo encaja: ¿Ana? ¿de Cádiz? oye... ¿no serás tú la prota de la historia, no? jajaja ;p
Besos

6:56 p. m.  
Blogger ana dice...

Ts, ts... ya quisiera yo que alguien glosara así mis dichas y desdichas... ;)
Besitos!

9:06 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

jejeje qué arte tienes, bebita

12:46 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Pero... ¿cómo has sido capaz de escribirlo?

... Es grande, la curiosidad.

7:41 p. m.  

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