martes, agosto 09, 2005

somos sólo carne

No sé cómo, dado mi lamentable aspecto y mis desconcertados movimientos, el gorila de la puerta me ha dejado entrar aquí. Hay mucha gente. La música aplasta el mundo. Todo el mundo baila poseído. Focos de un millón de colores nos barren con nerviosismo y fogosidad. Muchachitas extasiadas se retuercen en la pista. Piercings y ombligos adolescentes centellean bajo el edredón de luces de colores que todo lo cubre. Me acerco a la barra. Cuando pienso qué voy a pedir, un eructo de saturación se escapa de mi estómago. Creo que ya ni una cerveza más. Va siendo hora de pasar al alcohol duro. Me clavarán. Lo sé. No quiero imaginar cuánto costará aquí el cubata. Ni qué minúsculo será. Me pido un par de chupitos. Me apoyo en la barra y vuelvo a mirar. Cuerpos sudorosos hundidos en aquella vorágine arrebatadora de decibelios. Ropa de diseño. Camisetas breves. Pantalones ajustados. El ritual ancestral del trance, el chamán de las drogas y el ruido, el misticismo colectivo del abandono en el caos y el misterio. La comunión de la carne y las almas sonámbulas. Un D.J. desde el altar de su cabina, sudoroso y con una botella enorme de agua a la que no para de dar tragos largos, pone una música acojonante. Siento ganas de dar botes. Me interno en aquel remolino de gente endemoniada y me dejo llevar.

No tardo en comenzar a sudar como un cerdo. Cierro los ojos y ya sólo existe la música. Muevo los brazos en el vacío negro de mi ceguera, agito mi cabeza frenético y feliz. Mi puño choca con algo. O con alguien. Abro los ojos y veo a una chica a la que he debido dar un manotazo. Hace malabares pero no se le derrama su copa. La miro en medio de aquel estruendo y sonrío pidiendo disculpas.

- Sorry
- Don´t worry.

Me mira sonriendo y, al ver mi sudoroso aspecto me ofrece su vaso para darle un trago.

- You want?
- Thank you

Es delgada y muy guapa. Tiene el pelo trenzado y sucio, castaño con ráfagas azuladas. Sus labios me parecen, por un momento, la cosa más hermosa del mundo. Le devuelvo su copa y, sin dejar de sonreír, se acerca a un maromo rubiazco que me mira por un momento con los ojos de gato que marca territorio. Se van. Ella gira la cabeza y me mira mientras se aleja. Me sonríe. Él también me mira, pero no sonríe. Que te jodan, guiri, digo. Pero en aquel estruendo, apenas me oigo ni yo. Trato de hundirme de nuevo en la fiesta pero aquella sonrisa se ha quedado instalada en mis pensamientos borrachos. Bailando no puedo evitar de mirar de soslayo a la chica. Compruebo que, aunque bailotea con otra gente, cruza a veces sus ojos con los míos. Disimuladamente, nos vamos acercando el uno al otro. Cuando menos nos damos cuenta, estamos de nuevo juntos. Nos sonreíamos. Me ofrece otro trago de su gin-tonic. Seguimos bailando y, a gritos, tratamos de charlar un rato. Por lo que logro entender, ha venido de Londres con el novio en el Inter-rail y lleva en Ámsterdam dos semanas, en una casa ocupada. Yo le digo que soy español y, como era previsible, también confiesa amar España. Pobres europeos. Qué poco saben de nada. Del bolsillo trasero de su pantalón saca una pastilla blanca. Se la mete entre los dientes, la parte por la mitad y me mete en la boca un buen trozo. Mis labios rozan la punta de sus dedos y siento un manso escalofrío. Bailamos como posesos. La veo sudar. Miro sus piernas delgadas, en ese pantalón vaquero cernido a su culito y abierto sobre sus sandalias de tacón. Miro su ombligo donde reluce una argollita. Más arriba su ajustada camisetita marcando sus pezones. Su cuello estirado, sus caderas locas, sus brazos desnudos, su melena ondeante, sus ojos cerrados... me la comería ahora mismo. Así, enterita, con el envoltorio. Me la comería con ropa y todo.

Debo haberla mirado sin demasiado disimulo porque el rubio de nuevo se acerca con cara de pocos amigos y la agarra de un brazo. Ella abre los ojos como quien ha sido bruscamente despertado de la siesta y farfulla algo en inglés. Yo sigo bailando mientras discuten delante de mí. La música me posee. La pasti me está subiendo por derecho. Se gritan en medio del estruendo. Incluso forcejean. Yo lo miro todo como el que, desde la ventanilla del autobús, ve algo pasar en la calle. Nada me parece del todo real. No puedo dejar de bailar. Tengo el cuerpo lleno de música y la cabeza de química. Cuando él la agarra por el brazo y empieza a tirar de ella, un calambrazo de placer me recorre la espina dorsal. Los veo alejarse entre la multitud discutiendo violentamente. La muchedumbre que danza, frenética y olorosa, se los traga. La música va subiendo de intensidad. Los colores llenan el fondo de mis ojos. Bailo endemoniado. Me disuelvo entre estos cuerpos febriles en movimiento perpetuo. Somos carne que se mueve. Somos carne que suda. Somos carne que no piensa. Somos carne que sólo siente. Somos sólo carne viva. Somos sólo carne ciega. Somos sólo carne.

4 Comentarios:

Anonymous mmori dice...

Algunos recuerdos me trae su historia, caballero. Sí, yo juraría haberme visto en alguna de esas... aunque no sé si puedo recordarlo con claridad... Un abrazo, jefe.

7:50 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

I saw you at the disco...

4:20 a. m.  
Blogger garcía argüez dice...

JOSE ANTONIO: ciertamente, que no hace mucho anduvo usted por esas calles caracoleras. ¿por dónde andas ahora? ¿estarás este verano por aquí? ganitas de verte. Melopea pendiente.
ANONYMOUS: Are you her boyfriend? jejeje

9:22 p. m.  
Anonymous natalia dice...

se te sigue de cerca desde que empezaste a colgar los fragmentos de tu novela. si no comento es porque sólo pienso cuando te leo en que joder, que bien está escrito, que forma de juntar las palabras.

pero por primera vez creo que hay algo que falla: resultan forzadas algunas frases en inglés, poco creíbles.

cuando betty dice you want?, suena bastante mal, es erróneo (do you want? sería lo correcto), pero tratándose de ofrecer un cubata en una disco, you want some? sonaría más natural.

lo dice una que aprendió el inglés desde pequeña, con ánimo de cuidar los detalles de una novela que será estupenda. abrazos y ánimos.

12:10 p. m.  

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