domingo, agosto 14, 2005

la piel de un tambor más viejo que sus guerras

No fue difícil encontrar un vuelo de regreso a Madrid. Al llegar a Barajas me he planteado pasar unos días con algún colega en la capital, pero recuerdo que es casi Navidad. Madrid es una ciudad horrible pero en Navidad es sencillamente vomitiva. Además hace un frío del carajo. Juraría que hace mejor tiempo en Ámsterdam que aquí. Por eso he pillado el primer Secorbus que me devuelva al sur y aquí estoy, encajado en un sillón incómodo mientras fuera desfila un paisaje aburrido y anciano. El horizonte de Castilla es la piel de un tambor más viejo que sus guerras. Tras la irritada garganta de Despeñaperros, paramos en Guarromán para hacer el cambio de conductor y me he fumado un porro y me he tomado un dyc cola que no me ha sentado ni bien.

A mí lado va sentado un tipo que no ha hecho más que roncar desde que salimos de la Estación Sur. Dios ¿cómo puede alguien dormir así en un sitio como éste? La película que han puesto debe ser de un saldo de un videoclub que cerró hace años. De todas formas, trato de verla pero con el puto auricular éste no se oye nada. Y además al ratito me duele la oreja. A la mierda la película y a la mierda este puto autobús. Trato de dormir un poco reclinándome sobre el respaldar del asiento, pero no hay manera. Acabo pensando que realmente estoy perdido, que, como me ha dicho ya el Guaqui, llevo muy mal camino con la priva y que a lo mejor si cambiara Ana no andaría jugando así conmigo. Luego pienso que mi vida es un desastre y que tengo que salir del agujero. Y luego pienso otra vez en Ana y luego pienso en el cabrón éste que no deja de roncar. Y entonces me digo que paso de Ana, que le den por el culo, que se vaya con su puto novio y desaparezca de una vez de mi vida, y que paso del Guaqui, que mira quién va a darme consejos, y que paso de todo el mundo y que no debo hacerle caso a nadie. Que ya soy mayorcito para saber qué me conviene y si debo o no beber. Que se meta todo el mundo sus consejos por el culo. Que yo soy el capitán de mi nave y nadie mejor que yo sabe cuál es el rumbo. Y que dando bandazos se descubre mejor el camino. Y que en cuanto llegue voy a beberme un millón de cubatas a la salud de todos los hijos de puta que hay en este mundo.

Y entonces de nuevo me digo a mí mismo que mi vida es una mierda, que ojalá me muriera esta noche mismo y que tengo frío. Mucho frío.

Pero por dentro.

6 Comentarios:

Anonymous inwit dice...

Mostro!

2:54 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

... y entonces está usted en el Brasil, no?

3:10 p. m.  
Anonymous inwit dice...

En efecto, aquí ando ahora además gozando de la presencia del mochuelo, que dejó el olivo para desflorar conmigo las calles de Rio de Janeiro durante unos pocos días. Yo me quedo, tres meses de estudio y desconexión, a la vera de esta América que no es la otra y sin embargo es más real y huele a orines.

Besos australes trasatlánticos.

2:35 p. m.  
Blogger el que deambula dice...

Odio el autobús a León y Salamanca, como odié en su día el de Madrid. Porque quizás como en el relato "autopista del sur" de Cortázar me da la sensación de que conformen pasan las horas todos los pasajeros van pasando a ser un poco parte de tu vida con comentarios vacíos en las diferentes bajadas, que cansancio, cuánto queda, donde estamos. Cómo se van integrando en esta mente aburrida que, por no pensar en sí misma, prefiere simular cómo son las vidas de esos compañeros de viaje, qué historias contarían en un papel o en una bitácora.

Es un triste entretenimiento comprobar en cada parada, en campos igual de marchitos que la economía del viajero, que los que por un tiempo casi fueron mis amigos (o inventé su amistad de vidas imaginadas) se marchan para nunca, nunca más volver a verlos.

Qué frío, que malas las películas de saldo de videoclub arruinado.
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Que envidia estar en brasil ahora, no? Abrazos.

6:39 p. m.  
Anonymous mmori dice...

Es que hay autobuses en los que querrías morir cien veces. Tanto traqueteo debe de ser más insano que todas las juergas del mundo.

8:59 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

pues es que a mí el secorbus (barato, imprevisible, terrible...)camino de la capital siempre me pareció un escenario muy literario (incluso muy cinematográfico). Gente tan diversa y tan extraña. resignda ante la pequeña gran tortura de esas impagables siete horas y pico (hasta Cádiz). Un surreal cuadro de costumbres a caballo entre el antiguo tren de provincias y el autocar africano de diseño colorista. La verdad es que tenía muchas ganitas de meterlo en alguna historia, aunque fuera de pasada.

7:14 p. m.  

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