viernes, agosto 19, 2005

compañías

Les siento ahora, aquí, a mi lado.

Quienes saben de la condena del tiempo,
de la constante contienda entre amaneceres y estertores.
Quienes callan cuando un pájaro los mira.
Quienes apartan en silencio la nieve de la leña.
Quienes en la fábrica de maderas se detienen
ante el rincón donde se acumulan
las virutas y el serrín.
Quienes acarician el puente que salva
el cauce de un río seco.
Quienes lanzan los dados a oscuras contra una pared.
Quienes acuden a un entierro donde nadie les conoce.
Quienes cubren con tierra las brasas del odio.
Quienes conjugan ternuras en los días inciertos.
Quienes cuentan las horas en las ondas del agua.
Quienes rastrean las huellas de un animal que murió.
Quienes guardan debajo de la cama zapatos rotos.
Quienes lloran sin querer saber por qué.
Quienes emprenden el amor, quienes lo desaprenden.

Los que mueren. Los que resisten.
Los que besan. Los que huyen.
Los que nacen. Los que mienten.

Todos ellos me habitan. Por ellos me transito.
Junto a su herida está inscrita mi herida
en las blancas galerías de la soledad.

Ellos forman la trama
y son mis argumentos.

de Jose M. Gómez Valero.