domingo, julio 17, 2005

párrafos ejemplares (XIII)

Siguió caminando, pasó junto a los enormes graneros donde los trabajadores descargaban incesantemente carros de trigo y otros trituraban el grano en enormes plataformas circulares de ladrillo. Se metió en un restaurante público atestado de gente lúgubre y silenciosa de pie codo contra codo ante estrechos mostradores de ladrillo, y recibió un trozo de pan redondo y plano, una especie de tortilla o chapatti, relleno con algún tipo de carne picada muy especiada que picó en sus labios como fuego. Luego siguió adelante, bajando por una amplia y poco pronunciada escalera de troncos hasta la parte inferior de la ciudad, donde vivía el campesinado en habitaciones como celdas, apiñadas como colmenas unas contra otras.
Era una ciudad opresiva, pero no escuálida. La intensidad de la preocupación por la sanidad le asombró: había pozos y fuentes y retretes por todas partes, y los desagües de ladrillo brotaban de cada edificio, conduciendo hasta sumideros cubiertos. En ninguna parte se veían los conductos de desagüe al aire libre y las pestilentes zanjas que aún podían encontrarse en la India de su época. Se preguntó si la antigua Mohenjo-daro habría sido realmente tan higiénica. Quizá los ciudadanos habían rediseñado la ciudad para que encajara con sus propios ideales de limpieza. No: lo más probable era que lo que estaba viendo fuese auténtico, decidió, una función de la misma disciplina obsesiva que había dado a la ciudad su rigidez de formas. Si Mohenjo-daro hubiera sido un agujero putrefacto, lo más probable era que los ciudadanos la hubieran recreado exactamente así, y la hubieran amado por su fascinante y maloliente suciedad.


de Robert Silverberg