viernes, julio 08, 2005

hace tiempo sólo con rozarnos la herida


Hace tiempo sólo con rozarnos la herida

Sangrábamos voz.
Pero mi camarada estaba en su sitio.

Íbamos pintando princesas
De cartón piedra, de mítines,
Mientras mi camarada seguía allí.

Dimos cuerda a algunos necios,
Vimos un mundo de víctimas
Y a veces nos creímos víctimas.
Hasta que descubrimos que en la sonrisa
De los hombres
Habita la luz.

Y mi camarada permanecía allí.

Volvimos entonces a las calles
Y arañamos como gatos las puertas
Cerradas,
Y arrancamos astillas con las uñas,
Mientras la bombilla de mi camarada
Continuaba encendida.

Ahora nos sentamos tranquilamente
Y nos miramos profundamente libres
Porque descubrimos que su cuarto
Guarda el secreto que se alza
Frente a la criminal pasión de poseer.

Y sabemos de la felicidad que otorga
Parar, de vez en cuando, -ser parte-
En el corazón de mi camarada.

de Manuel F. Macías