miércoles, junio 01, 2005

ser radical hoy

No dejéis, por favor, de echar un vistazo (aquellos que aún no tengáis la sanísima costumbre de hacerlo) a la bitácora del gran David Franco ("Cuaderno de Resistencia") donde hay una interesantísima reseña-entrevista a la lúcida feminista negra Angela Davis (y recalco lo de negra, porque eso es un dato importantísimo) . Sin desperdicio.
Gracias, David, usted siempre tan generoso en lo que nos enseña...
Un fragmento de botón de muestra.

¿Cuál es la fórmula para ser radical hoy?
Reinventar el término, reconstruirlo, pensar en nuevas formas de radicalismo. Por ejemplo, ejercer la crítica, en el pensamiento, en la política, en la cultura... Necesitamos activistas, pero también intelectuales y estudiantes y, desde luego, la voz de los artistas y los músicos. También es muy importante contar con la visión de los jóvenes. Los de mi generación debemos aprender a vivir en el presente y a olvidarnos del pasado, que es a lo que te aferras cuando te vas haciendo viejo. Con eso no quiero decir que haya que descartar la Historia, en absoluto, porque en ella está la inspiración. Fíjate, en cualquier parte del mundo, la gente aún se enardece cuando oye hablar de aquellos que vinieron a España a luchar contra los fascistas en la Guerra Civil. Eso ayuda a mantener el sentimiento, el deseo de construir un mundo mejor. Pero, al mismo tiempo, es muy importante pensar en el momento, en el presente y el futuro.
Es que no debemos despreciar a la juventud porque en ella está el fuego, el espíritu que promueve el cambio. Lo peor es dormirse en los laureles de las victorias pasadas. Los mayores deberían darse cuenta de ello y empezar a aprender cómo aceptar su liderazgo. Por mi parte, tengo grandes esperanzas en los jóvenes antiglobalización, un movimiento que incorpora desde el antirracismo hasta la lucha contra lo que yo llamo la industrialización del sistema carcelario. La revolución contra los efectos de la globalización del capital ha afectado a nuestras vidas en muchas maneras, y no hablo sólo de combatir al FMI o la banca mundial o el sistema judicial, sino también de comprender cómo el capital ataca nuestra existencia cotidiana, provocando la violencia contra los inmigrantes, por ejemplo.