martes, junio 21, 2005

párrafos ejemplares (XII)

En las historias que mi madre me contaba por las noches, Sansón perdió la fuerza cuando Dalila le cortó el cabello. Creo que yo perdí mi infancia cuando, en el primer día de mi estancia en el orfanato, los guardianes me raparon al cero. Mis rizos negros iban cayendo al suelo, acompañando al chasquido inmisericorde de la tijera, y aunque yo hacía todos los esfuerzos del mundo por no llorar y demostrar aquellos desconocidos mi desamparo, ya no recuerdo si lo conseguí. Ese día perdí la infancia familiar, por desastrada desordenada que fuera a cambia de entrar de lleno en el frío mundo de los adultos, para quienes los niños son un estorbo, algo que soportar mientras pasa el tiempo que los convertirá en adultos que estorben una forma menos molesta, una forma que puede evitarse miran­do hacia otro lado, cubriéndoles la cara de hollín o de suciedad, enviándolos a presidio, a otro país o a la guerra.
Me despedí de mis rizos y hoy sé que también me despedí de mi infancia más lejana e inocente: quizá siempre estuve condenado a ser niño precoz, quizá por ello se me ha acusado toda la vida de rela­cionarme con gente mucho más joven, quizá por ese detalle de perder el cabello después me he enorgullecido tanto de la hermosa mata pelo que he tenido la suerte de disfrutar, primero negra como el azabache, ahora blanca como el color de las nubes en pri­mavera sobre las montañas que veo desde aquí.

De Rafael Marín en "Elemental, querido Chaplin"