miércoles, mayo 04, 2005

piano

Querida Le: siempre quise comprarte un piano, pero siempre he colgado demasiadas cosas del sentido del humor, así que ni para comprarte un disco a veces tengo. Y robarlo no sé. ¡Joer!, y tú sin piano. Ni sé cuánto tiempo llevo dándole vueltas. Cuando tú me preguntabas que qué me pasa y que no me preocupe, que tú darás más clases; y yo con lo mío. Pero hoy, cuando veas esta nota, verás, si te fijas, que está encima de un piano. ¿A que te has quedado alu­cinada? Me gustaría haberte visto la cara cuando decías el ¡hostia! Seguro además que te has alegrado más por mí que por el piano. Le habrás visto la cola, por cierto. Un nivel. Y suena de puta madre. Seguro que has pensado: «¡¡Biennnn, a mi Aqui le han dado el Planeta!!» Pero no, se lo han dado a una pringada de Madrid. Perdí, Le, y el piano, desgraciadamente, yo no he podido pagarlo: es el de los nuevos inqui­linos. Llegan mañana a las 8.
Que llames a tu madre.
Estoy en el Sangrías.
Nos han echado.

de T.S. Norio

2 Comentarios:

Anonymous Poeta_en_resistencia dice...

Es magnífico...el final, tan simple y tan tajante: nos han echado. Un abrazo.

5:13 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

ajajajajajà...

Què bueno!

Patàn

5:17 p. m.  

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