domingo, abril 17, 2005

la casa del ciempiés

Por los túneles endrinos
y las largas galerías de mis venas
va arrastrándose muy lento un ciempiés
que tiene cien bocas y tiene cien ojos
cerrados y negros
y tiene cien espadas
y tiene cien agujas
y espera a que algún día
murciélagos y arañas y medusas
comiencen a sembrar los huevos foscos
de estas sombras cerradas
y aniden poco a poco en las hondas
blancuras de mis ojos.
Y se arrastra el ciempiés pacientemente,
sin prisa, pues se sabe
sumiso a la química y al tiempo,
pues sabe que es, al fin, el invierno ineludible,
pues sabe que más tarde o más temprano
podrá abrir paso franco
por entre estas carnes cansadas
y salir al exterior y volver otra vez hasta la tierra
de la que un día estos dioses extraños
condenáronlo al destierro.

Y de noche cuando cierro los ojos,
el ciempiés se hace viejo en un lento ritual
y duerme acurrucado en mis adentros
esperando a que al fin llegue la hora
sin retorno de las hienas y los osos hormigueros.

Tranquilo, amigo mío,
Ciempiés, huésped callado:
Las horas y las sombras detenerse no pueden.

Quizás un año más, o tal vez unos días,
o puede que esta noche,
ciempiés, extraño pasajero,
comensal de mis sangres,
inquilino de mis huesos,

que puede que esta noche...

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dice...

Pero ¿de dónde has sacado este poema?

10:57 p. m.  
Blogger garcía argüez dice...

de donde salen todos.

11:36 p. m.  

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