lunes, febrero 28, 2005

conil, granada, sevilla

Acabó la semana. Una semana dura pero colmada de dicha.
Manolo llegó a la escuela de letras y dejó refulgiendo a todos los que lo oímos. Con qué eficacia, con qué frecuencia, la sencillez y la humildad son los más poderosos trampolines para la verdad y la hondura. Gracias, Manué. que te sean leves estos días de desasosiego y marrón.
Dos días después, Conil sacó a hombros a Luis Melgarejo y luego pasamos un par de días intensos en casa, con la simpar Nieves (el más bonito cofre de tesoros con que nos hemos topado en mucho tiempo). Luisa y Nieves, qué enorme par de criaturas imprescindibles para bien vivir. Los ecos de su presencia aún retumban por los muros de esta casa. Gracias, amigas, por tanto bien...
Y luego de oca a oca, y acabamos en una lluviosa Sevilla (ellas volvieron a Granada) primero con la reunión vicentina para celebrar el cumple de la Mai (otra criatura celestial) luego con la consabida sauna de intenso amor en Peris Mencheta con David, Jose y Patricia (quién da más?), las santísima trinidad, la sagrada familia, y eso por no nombrar los encuentros más fugaces pero igual de placenteros con Luis Fuga, Jose María y Adrián, el cuñao (que estaba mu estudioso tol finde), la dulcísima Cristina, el señor Mata, el inimitable Juan Antonio, fugaz como siempre, y así en fin...
Gracias a todos por tanto bien.
Gracias por ser guías tan alegres en esta travesía encendida.